que ver en gijón

¿Vives en Cantabria? Así puedes disfrutar de un fin de semana inolvidable en Gijón

Vivir en Cantabria tiene muchas ventajas, y una de ellas es tener Gijón tan cerca. / A.E
¿Buscas una escapada desde Cantabria que lo tenga todo? Gijón te espera con el mar a los pies, sidra que fluye sin prisa y una mezcla de historia, cultura y sabor que conquista desde el primer paseo

Gijón no necesita grandes discursos para conquistar. Basta con caminar por su paseo marítimo, perderse entre las cuestas de Cimadevilla o compartir una botella de sidra para empezar a entender su encanto. Ubicada entre el mar Cantábrico y las verdes colinas del norte asturiano, esta ciudad combina historia, sabor, cultura y un ritmo que invita a la pausa. Un fin de semana es suficiente para dejarse atrapar... y para querer volver.

Viernes: primer contacto con el Cantábrico

La llegada a Gijón debería empezar junto al mar. La playa de San Lorenzo, con su paseo conocido como El Muro, es el lugar perfecto para el primer paseo. Desde El Rinconín hasta la iglesia de San Pedro, el camino bordea la costa y ofrece una de las postales más conocidas de la ciudad.

Desde allí, se accede al barrio de Cimadevilla, el alma antigua de Gijón. Antiguo barrio de pescadores, mantiene su carácter entre cuestas empedradas, casas coloridas y sidrerías animadas. La subida al Cerro de Santa Catalina, coronado por el monumental Elogio del Horizonte de Chillida, regala una de las mejores vistas de la ciudad y del mar. Si puedes llegar al atardecer, mejor.

Cena y sidra para abrir el apetito local

Para la cena, no hace falta alejarse demasiado. Cimadevilla y el cercano puerto deportivo están llenos de locales donde empezar a descubrir la cocina asturiana: pastel de cabracho, bocartinos fritos, pulpín con patatines, o una buena chopa a la sidra. La sidra, claro está, se convierte en protagonista: se escancia, se comparte y marca el ritmo de la velada.

Un paseo por el muelle después de cenar, con las luces reflejadas en el agua, redondea el comienzo perfecto del viaje.

Sábado: historia, cultura y sabor

La mañana puede empezar en el corazón histórico de la ciudad, en la Plaza Mayor, presidida por el Ayuntamiento. A un paso está el Palacio de Revillagigedo, que acoge exposiciones de arte, y la Casa Natal de Jovellanos, figura clave de la Ilustración y uno de los gijoneses más ilustres.

A pocos metros, las Termas Romanas de Campo Valdés conservan los restos de unas termas del siglo I, testimonio de la antigua Gigia romana. Desde allí, de nuevo, el mar: un paseo por el Muro devuelve la vista al Cantábrico, que nunca queda lejos.

Mediodía entre sidrerías y platos marineros

A la hora de comer, la elección es fácil (y difícil a la vez): todo suena bien. Pixín, oricios, calamares de potera, merluza a la sidra… La gastronomía gijonesa está profundamente ligada al mar, aunque tampoco faltan clásicos de cuchara como la fabada o las fabes con almejas. Las sidrerías siguen siendo una opción imprescindible, pero también hay restaurantes modernos que reinterpretan lo local sin perder la esencia.

Sábado tarde: verde y monumental

La tarde invita a alejarse un poco del centro para visitar dos joyas: la imponente Universidad Laboral, y el cercano Jardín Botánico Atlántico.

La Laboral, construida a mediados del siglo XX, sorprende por sus dimensiones: es el mayor edificio de España y hoy funciona como espacio cultural. Su torre de 130 metros ofrece una vista espectacular de la ciudad y el entorno natural. A solo unos pasos, el Jardín Botánico ofrece más de 25 hectáreas de vegetación atlántica, senderos, estanques y paz.

De regreso a la ciudad, calles como Corrida, Begoña o Los Moros están llenas de vida, tiendas y terrazas donde ver pasar la tarde.

Sábado noche: autenticidad a pie de calle

La noche gijonesa es sencilla pero auténtica. Sin grandes artificios, su encanto está en lo natural: calles con historia, bares con alma y sidra que no deja de fluir. La Cuesta del Cholo, la Plaza del Lavaderu o la zona de Fomento concentran el ambiente más local, con tabernas, sidrerías y restaurantes donde cenar a base de tapas o platos clásicos como el cachopo, el chorizo a la sidra o unos huevos rotos con picadillo.

Domingo: tradición asturiana y despedida dulce

Antes de irse, el domingo puede empezar en el Muséu del Pueblu d’Asturies, un museo al aire libre que muestra cómo era la vida rural asturiana, con hórreos, casas tradicionales y hasta un museo de la gaita.

Muy cerca está el Parque de Isabel la Católica, uno de los más agradables de Gijón, ideal para pasear entre estanques, aves y caminos arbolados. Si queda pendiente la visita al Elogio del Horizonte, este es el momento perfecto para despedirse con vistas.

Últimos sabores para no olvidar

La despedida, claro, se hace en la mesa. Desde platos tradicionales como congrio con arbeyinos, pixín con bugre o un buen cachopo, hasta los postres más clásicos: arroz con leche, casadielles o tarta gijonesa.

Antes de marcharse, una última parada en el Café Dindurra o en alguna de las confiterías de la ruta Gijón Goloso puede ser el cierre perfecto para una escapada que, sin necesidad de grandes planes, lo dice todo con naturalidad.

Gijón en 48 horas: mar, sidra y ganas de volver

Lo bueno de Gijón es que no necesita demostrar nada. Es una ciudad que te recibe sin artificios, con un carácter abierto y una forma de vivir que mezcla el ritmo del mar, la calidez de la sidra y la memoria de una historia rica. Un fin de semana basta para enamorarse… y para empezar a planear la próxima visita.