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El póker y sus locuras

Una persona jugando al poker. / A.S.
Una persona jugando al poker. / A.S.

El póker siempre se ha caracterizado por ir asociado a la lujuria, al derroche, al exceso. Si ahora mismo a quién está leyendo esta noticia le preguntamos cuál es la primera imagen que le viene a la mente cuando piensa en este popular juego, seguramente la mayoría contestaría: Las Vegas, grandes cantidades de dinero, alcohol, fiesta. ¿Estamos en lo cierto?

Hollywood se ha encargado de aumentar el cliché: el póker es sinónimo de poder, de mentalidad ganadora. Algunos recordarán a Daniel Craig interpretando a James Bond en Casino Royale enfrentándose a Le Chiffre, el antagonista. Otros quizás recuerden a Brad Pitt y George Clooney tejiendo alianzas en Ocean’s Eleven para ganar dinero estafando a sus compañeros de mesa.

Aunque todo eso forme parte de la ficción, lo cierto es que la historia del póker también nos ha dejado algunas historias surrealistas que bien merece la pena recordar. Quizás puedan costar de creer, pero todo ello está documentado.

La mano del muerto

Aunque parezca mentira, hay una mano en el mundo del póker que recibe este nombre. La explicación no tiene desperdicio. Corría el año 1876. Eran los tiempos del Far West en Dakota, por lo que jugar a póker era muy habitual.

Un hombre conocido por sus antecedentes delictivos, Jack McCall, asesinó con un tiro en la nuca al jugador estadounidense Wild Bill Hickok. En ese momento, la víctima sostenía una mano conformada por una doble pareja de ases y ochos.

Pese a que es una mano asociada con la pérdida y la mala suerte en general, la realidad es que el homicida decidió acabar con la vida de Will Bill Hickok para vengar la muerte de su hermano, no por nada relacionado con el juego en sí mismo.

Perder la esposa en una apuesta

Sin duda alguna, la historia que viene a continuación es complicada de superar. Año 2007. Temperaturas glaciales en la fría localidad de Murmansk, en Rusia. Una buena manera de combatir el mal tiempo podía ser jugando a póker, debía pensar el bueno de Andrey Karpov (nada que ver con el campeón de ajedrez, por cierto).

Es por eso que se pasó horas y horas apostando… y perdiendo. Fruto de la desesperación, Karpov tuvo la rocambolesca idea de apostarse nada más y nada menos que a Tatiana, su esposa, frente a su rival, Sergey Brodov. Evidentemente, perdió.

Lo más hilarante es que Brodov se presentó al día siguiente en la casa de Karpov para reclamar el “premio” que le correspondía. En otro giro de guion inesperado, Tatiana se enamoró de él y terminaron casándose.

De 86 dólares a 2,5 millones de dólares

Este es una de esas historias americanas que tanto le gustan a la sociedad capitalista. Chris Moneymaker (este es su apellido real, lo crean o no) decidió registrarse en un torneo de póker online por la razonable entrada de 86 dólares.

A este ex contable de Tennessee no le fue nada mal porque pudo llegar al Main Event de las World Series of Poker de 2003, el que era el evento más importante de este juego de cartas.

Para más inri, tal y como informa Deporte Mental, consiguió ganar el torneo con más jugadores profesionales del mundo. El premio fue de 2,5 millones de dólares, así que Chris Moneymaker pudo dejar su trabajo y convertir el póker en su modo de vida.

Además, su hazaña llegó a ser tan conocida que generó el “Efecto Moneymaker”, según el cual desde 2003 la popularidad del póker aumentó sustancialmente porque cualquier persona normal y corriente pensaba que podía convertirse en rico prácticamente de la noche a la mañana… pero de Chris Moneymaker solo hay uno y está bien que así sea.

Derrotar a la banca es posible

En este caso, el relato va relacionado con el blackjack y no con el póker, pero también es de esos que vale la pena conocer.

Era 1977 y Bill Kaplan descubrió gracias a un libro que era posible ganar dinero jugando al Blackjack. La táctica, explicada de manera muy simple, era contar las cartas que ya habían salido de tal modo que era más fácil saber las que aún quedaban por salir. Si la probabilidad de que una carta buena saliera era alta, se jugaba. Si no, se retiraba.

Gracias a este método, Kaplan consiguió que él y unos cuantos amigos que había conocido en el MIT muy hábiles con la memoria visual y el cálculo mental se hicieran ricos. Como es lógico, por el camino se ganaron la expulsión permanente de los casinos que habían descubierto cuál era su estrategia.

Por cierto, su historia la recreó a la perfección en el cine la película 21, así que si buscan inspiración y sueñan con derrotar a la banca, ya tienen el punto de partida.

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