Mercedes Milá lo cuenta todo: amores rotos, nobleza familiar y una vida marcada por la depresión
Mercedes Milá, uno de los rostros más emblemáticos de la televisión española, ha ofrecido una visión íntima de su vida privada, marcada por sus orígenes familiares, sus relaciones sentimentales más significativas y una batalla constante contra la depresión. Con 74 años, la periodista y presentadora sigue siendo una figura reconocida por su estilo directo e incisivo, y por su trayectoria al frente de formatos como Gran Hermano o Diario de.
Nacida en 1951 en Esplugues de Llobregat, Milá es la primogénita de una familia perteneciente a la alta burguesía catalana. Hija de José Luis Milá Sagnier —abogado, empresario, campeón de motociclismo y conde de Montseny— y de Mercedes Mencos Bosch, descendiente del marqués del Amparo y de figuras políticas y empresariales destacadas, la periodista creció en un entorno vinculado al mundo cultural y político de Barcelona. Aunque heredó el título nobiliario tras el fallecimiento de su padre, decidió cederlo a su hermano José María con el acuerdo del resto de sus cinco hermanos.
Milá inició estudios de Filosofía y Letras, pero acabó decantándose por el periodismo, donde comenzó trabajando en medios escritos y deportivos como El Correo de Andalucía y Don Balón. Posteriormente, pasó por la radio de la mano de Luis del Olmo antes de dar el salto a la televisión. Su debut en Televisión Española en los años setenta marcó el comienzo de una larga trayectoria frente a las cámaras, con programas como Dos por dos, Buenas noches, Queremos saber o Sin límites.
A partir del año 2000, y hasta 2016, fue la presentadora principal del reality Gran Hermano en Telecinco, donde condujo numerosas ediciones y versiones especiales. En paralelo, dirigió el programa de reportajes Diario de durante una década. En 2013, publicó el libro Lo que me sale del bolo, en el que recopiló sus reflexiones y vivencias.
En el ámbito personal, Milá ha reconocido haber vivido dos grandes historias de amor. La primera, con el productor de cine José Sámano, con quien mantuvo una relación de 20 años hasta su ruptura en 1997. La pérdida de Sámano en 2019 fue un duro golpe para la periodista, que coincidió con el fallecimiento de su madre. Posteriormente, mantuvo una relación con Carlos Castillo, un empresario vasco 16 años menor que ella, la cual finalizó cuando él decidió terminarla al considerar que no tenía futuro.
La separación con Castillo marcó un punto de inflexión en la vida de Milá. “Cuando se marchó yo había cumplido 50 años y entré en barrena. Las pastillas y la ayuda psicológica me ayudaron”, relató en una entrevista. Fue entonces cuando comenzó a lidiar con la depresión, una enfermedad que define como crónica. “Aparentemente, estaba normal, pero estaba en el infierno. Allí empezó una recuperación larga y horrorosa”, añadió.
Milá ha hablado en varias ocasiones de manera abierta sobre su salud mental, visibilizando un trastorno que define como intermitente. “Lloras por una tristeza, por una melancolía, por una sensación de vacío, de infelicidad. Piensas que toda tu vida no ha servido de nada… Pero es mentira, porque al día siguiente te despiertas y vuelves a ser la Mercedes de siempre”. Asegura que, aunque se medica, no siempre encuentra alivio: “Me da miedo que aparezca de nuevo el monstruo”.
Actualmente, reconoce sentirse bien a ratos. “Estoy bien a ratos. No me puedo quejar de nada, solo del cerebro. Tengo trabajo si quiero, mi familia está bien, tengo casa...”, reflexiona.
Con esta confesión pública, Mercedes Milá continúa siendo un referente no solo en el ámbito mediático, sino también como una voz visible en la lucha contra el estigma de las enfermedades mentales.