Frank Cuesta niega entre lágrimas las acusaciones de estafa y se borra de la redes sociales
Frank Cuesta, también conocido como Frank de la Jungla, vuelve a ocupar espacio en la atención mediática debido a los acontecimientos recientes que marcan una etapa especialmente compleja en su vida personal y profesional. El herpetólogo, que durante años ha mantenido una exposición pública asociada a la protección animal, ha vivido un 2025 repleto de contratiempos, tanto en su ámbito familiar como en su entorno laboral.
Entre los episodios que han jalonado su año destacan una nueva fase de su prolongado conflicto legal con su exmujer, Yuyee, así como los problemas estructurales y de gestión que atraviesa su Santuario de animales en Tailandia. A esto se suma un incidente reciente que ha puesto en riesgo su salud: una picadura de cobra escupidora. Todos estos factores configuran un contexto de presión constante que parece haber alcanzado un nuevo punto crítico.
El detonante de su última aparición pública ha sido la difusión de varios audios atribuidos a él, en los que supuestamente expresa la intención de envenenar a perros que se encuentran en los alrededores de su Santuario. Estos audios se han viralizado en redes sociales, provocando una oleada de críticas y cuestionamientos hacia el comportamiento del leonés, quien ha sido objeto de acusaciones graves como las de maltrato y estafa.
En respuesta a la controversia, Frank Cuesta publicó un vídeo este jueves 8 de mayo en su canal de YouTube, plataforma donde acumula más de cuatro millones de suscriptores. En el vídeo, titulado “No puedo más”, el activista se muestra visiblemente afectado y, en algunos tramos, completamente derrumbado emocionalmente. Desde el inicio de su intervención, Cuesta intenta desmentir las acusaciones de haber utilizado de forma indebida donaciones de sus seguidores. “Se está diciendo que yo escamé a la gente, que la gente donó y que yo me gasté el dinero. Esto es totalmente mentira”, declara con contundencia.
El herpetólogo insiste en que las transacciones económicas vinculadas a su proyecto de conservación animal han sido documentadas. “El dinero entró, ahí están las cuentas. No sé dónde estará, pero yo mostré las transacciones que se hicieron y mostré cuando se puso el Santuario a nombre de mis hijos”, afirma.
A lo largo del vídeo, Cuesta repite en diversas ocasiones la frase que da título a la grabación: “No puedo más”, en un tono que refleja agotamiento, desesperanza y una pérdida de fuerzas ante la presión mediática y social. Finalmente, rompe a llorar mientras insiste en que él no ha cometido los actos que se le imputan. Sobre los audios filtrados, explica que fueron mensajes privados enviados a un amigo, y no declaraciones realizadas con intención pública o maliciosa.
La publicación, sin embargo, tuvo una vida efímera. Aproximadamente dos horas después de haberse hecho público, el vídeo fue retirado de la plataforma. Actualmente, aparece como contenido privado en su canal, sin posibilidad de acceso por parte del público general.
Además del retiro del vídeo, Frank Cuesta ha optado por una medida drástica: la desactivación de sus perfiles en redes sociales. Tanto su cuenta de Instagram como su cuenta en X (anteriormente conocida como Twitter) han sido cerradas. Esta decisión ha sido interpretada como una retirada temporal o indefinida de la vida pública digital, un espacio en el que Cuesta ha sido muy activo durante años.
Este episodio se suma a otros momentos delicados del activista en los últimos tiempos, incluyendo declaraciones recientes en las que afirmaba: “Se han rebasado todos los límites” y “Son momentos difíciles”, haciendo referencia a su situación en Tailandia y los desafíos que enfrenta tanto a nivel institucional como personal.
La polémica actual abre nuevamente el debate sobre la presión mediática que enfrentan figuras públicas vinculadas a causas sociales, así como sobre la responsabilidad en el uso de plataformas digitales y el impacto de la viralización de contenidos fuera de contexto.