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Ester Expósito desafía a la industria: “No quiero ser cosificada por ser joven y mujer”

Ester Expósito durante la fiesta que organiza Netflix para celebrar el 10º aniversario de su llegada a España. / José Ruiz
Con discurso propio, feminista y consciente, reivindica la libertad de elegir sus papeles y rechaza la cosificación que persigue a las mujeres en el cine y la televisión

A sus 25 años, Ester Expósito se ha consolidado como una de las actrices españolas más reconocidas de su generación. Su irrupción mediática se produjo con fuerza en Élite, la serie de Netflix que la catapultó al estrellato internacional. Allí dio vida a Carla Rosón, un personaje que combinaba vulnerabilidad emocional con una marcada carga sensual. Sin embargo, ese punto de partida le ha supuesto una lucha silenciosa: la batalla contra la cosificación de su imagen pública.

Lo que no quiero es que, por el peso de ‘Élite’, porque soy joven y porque soy mujer, se cosifique y se sexualice mi imagen”, afirma la intérprete en una entrevista concedida a El País. La declaración, rotunda pero medida, es reflejo de una actriz que ha aprendido a proteger su identidad en una industria que, durante décadas, ha dictado las normas de visibilidad femenina desde la óptica masculina. “Otra cosa es que yo decida mostrar algo por elección personal o porque está justificado por el personaje, pero no quiero hacer escenas de sexo gratuitamente”.

Expósito no rehúye las decisiones difíciles. En la misma entrevista revela que ha rechazado propuestas profesionales —tanto actorales como publicitarias— que no estaban alineadas con sus principios. “He perdido muchísimo dinero, pero no me importa si eso significa poder estar orgullosa de lo que hago”. La frase, tajante, traza el retrato de una joven artista que no se rinde a las presiones del mercado y que pone la ética por delante del beneficio económico.

Orgullo feminista y autoconciencia

El discurso de Ester no se queda en la superficie. Reivindica con naturalidad el feminismo que habita su trayectoria. “En casi todos mis proyectos he cobrado más que los hombres. Lo digo desde un lugar de orgullo feminista. Significa que las cosas están cambiando y eso hay que celebrarlo”. Frente a la opacidad que suele rodear los salarios en la industria audiovisual, su transparencia se siente como un acto político en sí mismo.

Ese empoderamiento no es sinónimo de complacencia personal. Expósito también reconoce ser muy exigente consigo misma, algo que, aunque le ha servido para crecer profesionalmente, también ha tenido un coste emocional. “No me paso ni una”, admite, refiriéndose a su tendencia al autoanálisis constante. Esta autoexigencia ha derivado en episodios de ansiedad, una condición que la actriz no oculta y que comparte con franqueza. “Me cuesta disfrutar. Las personas que tenemos ansiedad sabemos que eso es muy difícil. Estoy aprendiendo a estar aquí y a disfrutar ahora”.

Más allá del estereotipo

El relato que construye Ester Expósito no se limita a romper el estigma de “actriz joven y bella”. Al contrario: lo complejiza y lo llena de matices. En un ecosistema mediático que tiende a reducir a las mujeres a etiquetas —sex symbol, influencer, it girl— ella construye su perfil desde la conciencia, la coherencia y la voluntad de representar algo más profundo. No rehúye su pasado, pero no permite que defina su futuro.

Su voz se alza no solo como actriz, sino como figura pública con responsabilidad. En una época de sobreexposición digital, Expósito marca sus propias fronteras. “No soy el personaje de la pantalla. No soy el cuerpo de un fotograma. Soy alguien que decide lo que quiere mostrar”.

En un momento en que el feminismo y la cultura de la imagen se entrecruzan en cada pantalla, Ester Expósito se convierte en referente no solo por lo que interpreta, sino por cómo interpreta su papel en el mundo.