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Adiós a Merche Mar: la reina de El Molino se apaga a los 79 años

Merche Mar. / EP
La madrugada del domingo al lunes se llevó a una de las figuras más emblemáticas del entretenimiento barcelonés

Merche Mar, la reina de El Molino, falleció a los 79 años, dejando un vacío irremplazable en el mundo del espectáculo. Vivía sola en su piso del ensanche barcelonés, donde sufrió un ictus que puso fin a su vida en pocas horas.

El trágico suceso sorprendió a sus amigos, quienes tenían planeada una cita con ella este pasado lunes para asistir al circo de Tarragona. Cuando intentaron comunicarse con la vedette y no recibieron respuesta, decidieron alertar a la policía. Al llegar al piso, la encontraron tendida en el suelo. Fue trasladada de inmediato a la unidad de ictus del Hospital Clínico, donde a pesar de los esfuerzos médicos, no se pudo hacer nada por su vida. Merche Mar falleció el martes por la tarde, tras ser sedada, dejando una triste marca en la cultura de la ciudad. Curiosamente, su partida coincidió con el 80 cumpleaños de su querida compañera Lita Claver 'La Maña'.

De la infancia al escenario: un destino marcado por el arte

Merche Mar nació en una familia que, aunque no se dedicaba al espectáculo, tenía una profunda fascinación por él. Su padre, un amante del teatro y el circo, solía llevarla a ver funciones, y fue allí donde comenzó a gestarse la pasión de la joven Merche por el arte. Estudió en un colegio de monjas durante quince años, pero sus tardes estaban dedicadas a asistir a funciones de teatro, opereta y revista. En ese contexto, comenzó a aprender a tocar el acordeón, un instrumento que dominaría con maestría.

Con 16 años y con la bendición de su padre, quien nunca dudó de su deseo de convertirse en artista, Merche Mar dio sus primeros pasos profesionales en El Molino, un café concierto que, desde su apertura en 1898, se convirtió en un emblema de la vida nocturna de Barcelona. A pesar de las duras jornadas laborales, que incluían hasta tres funciones los sábados y sin descanso en Navidad o Semana Santa, Merche se mostró siempre agradecida por poder formar parte de un lugar tan especial, donde las grandes personalidades del arte, como Picasso, Dalí y Fellini, acudían a aplaudirla.

Una vida de sacrificios y diversión

Merche Mar fue, ante todo, una mujer de enorme vitalidad y alegría. Sus amigos la describen como una "disfrutona", siempre dispuesta a vivir el momento y disfrutar del presente. Durante su carrera artística, nunca dejó de compartir su amor por la vida y el arte. Aunque en su juventud su vida profesional fue difícil y estuvo marcada por sacrificios, en su jubilación pudo disfrutar plenamente de su tiempo, asistiendo a restaurantes y espectáculos con sus amigos, especialmente con la comunidad gay, que la adoraba.

Era conocida por su sentido del humor y su calidez. En casa, se convirtió en un punto de apoyo para muchos de sus amigos, quienes la llamaban "la tieta" para recibir su consejo y cariño. Merche estaba siempre dispuesta a escuchar, a ofrecer su apoyo y, sobre todo, a compartir risas. En una de las anécdotas más entrañables, su íntimo amigo Manel Dalgó recuerda cómo, en ocasiones, el teléfono de Merche se convertía en "la línea de la esperanza", con amigos que llamaban para desahogarse.

El legado de una vedette única

Merche Mar dejó una huella indeleble en la historia de El Molino, donde brilló en obras como La flauta del faraón, Las pícaras molineras y Bésame donde quiera. Era una artista tan apasionada por su trabajo que llegó a crear su propia marca personal, que fue acompañada de una fama que traspasó fronteras. En Mónaco, colaboró con la Princesa Estefanía en la Gala Fight Aids, mientras que en Barcelona se mantenía como un referente de la cultura popular.

A pesar de ser conocida por su hipocondría, Merche Mar vivió con una gran lucidez y sentido del humor. Estaba tan en contacto con su salud que se convirtió en una fuente de consejos para amigos y conocidos que la consultaban sobre cuestiones médicas. Siempre con su característico sentido del humor, a menudo les decía: "Dale recuerdos míos" cuando les recomendaba un especialista. Con un deseo muy claro de no envejecer con dolor, Merche solía comentar que le gustaría "morir sin enterarse", una plegaria que, según los médicos, se cumplió, ya que su fallecimiento fue tranquilo y sin sufrimiento.

El final de una era

La vida de Merche Mar estuvo marcada por tres cierres de El Molino, el último de los cuales ocurrió en 1997, cuando representó su última obra, Pluma y peineta. Curiosamente, ese mismo año falleció doña Vicenta, la dueña histórica del cabaret. En 2010, El Molino reabrió sus puertas con un nuevo concepto de espectáculo, pero la magia que Merche ayudó a crear nunca volvió a ser la misma. El año pasado, la vedette editó el libro El Molino, la marca del Paral.lel, un homenaje a su amado escenario.

Merche Mar se va, pero su legado permanecerá en la memoria de todos aquellos que la conocieron y disfrutaron de su arte. Años de risas, sacrificios y glamour, de amor por el espectáculo y el cariño por la gente, que perdurarán mucho más allá de su partida. Su figura, como vedette y como persona, será siempre recordada como un faro brillante en la historia del teatro y la cultura de Barcelona.

En palabras de su amigo Manel Dalgó: "Si hubiera visto a esos chulazos policías, sin estar peinada y en pijama, le hubiera vuelto a dar algo". Así era Merche Mar: siempre irrepetible, siempre auténtica.