Adam Sandler vuelve al green... pero se olvida del guion
Casi tres décadas después del estreno de la icónica película de 1996, Netflix lanza Happy Gilmore 2, una secuela que recupera parte del encanto original antes de hundirse en el exceso. Adam Sandler regresa como el inolvidable golfista que lo lanzó al estrellato, en una historia que mezcla la nostalgia con una avalancha de cameos y momentos absurdos.
Un personaje que definió una carrera
Antes de convertirse en una de las mayores estrellas de la comedia cinematográfica, Sandler era simplemente Happy Gilmore, un hombre común con un carácter explosivo y entrañable. Este personaje definió la fórmula que Sandler repetiría durante años: el tipo corriente, de buen corazón, que explota en rabia cómica en el momento justo.
¿Nostalgia o repetición?
Happy Gilmore 2, dirigida por Kyle Newacheck, es consciente de la nostalgia que genera la original. Tanto así que reutiliza fragmentos completos de la película de 1996 como una forma de recordarle al espectador por qué alguna vez fue tan divertida. Este recurso, aunque práctico, también sugiere que el nuevo material por sí solo no basta.
De héroe deportivo a antihéroe decadente
En esta nueva entrega, Happy es un campeón de golf retirado, convertido en alcohólico tras una tragedia familiar. Su regreso al green tiene un propósito más grande: asegurar el futuro de su familia y salvar al propio deporte del golf, que ahora enfrenta una amenaza ridícula en forma de un nuevo villano caricaturesco.
Cameos y caos: el nuevo sello de Sandler
El filme, que arranca con tono entrañable, pronto se ve saturado por una sucesión de cameos de celebridades, entre ellos Bad Bunny como caddie, que restan fuerza a la historia. El encanto original de escenas memorables como la pelea con Bob Barker en la primera entrega, aquí se transforma en un desfile de rostros famosos que poco aportan al guion.
Una secuela que cae en los vicios del exceso
Como muchas otras secuelas, Happy Gilmore 2 intenta subir las apuestas, pero termina perdiendo el rumbo. Lo que antes era una historia simple sobre recuperar una casa, ahora es una cruzada por salvar un deporte. En el camino, la película pierde el equilibrio entre comedia y trama, entregando más confusión que risas.