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39 años de Chernobyl: la explosión que cambió el mundo y desnudó las mentiras soviéticas

Uno de los edificios de Chernobyl. / Picture alliance
Hoy, Chernobyl sigue siendo un recordatorio de los límites de la ambición tecnológica y del costo de la mentira institucional

Era la 1:23 de la madrugada del 26 de abril de 1986 cuando un estallido sacudió el cielo de Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética. El Reactor 4 de la Central Nuclear de Chernobyl, tras una prueba de seguridad mal ejecutada, explotó liberando una cantidad de radiación 400 veces mayor que la bomba de Hiroshima. La tragedia no fue solo la explosión física, sino el encadenamiento de mentiras, silencios y negligencias que provocaron daños humanos y medioambientales de proporciones catastróficas.

Una planta símbolo del poder soviético

La central había sido construida en los años 70 como parte del ambicioso plan energético soviético, con cuatro reactores RBMK-1000 en funcionamiento y dos más en construcción. Su misión: abastecer de energía a millones de personas en Ucrania y Bielorrusia, siendo un orgullo del avance tecnológico soviético.

La moderna ciudad de Prípiat, situada a solo 3 km, albergaba a unos 50.000 residentes, la mayoría empleados de la planta y sus familias, con escuelas, hospitales y un parque de diversiones que nunca llegó a abrir.

El accidente: cadena de errores fatales

La prueba que causó la tragedia buscaba medir la capacidad del reactor para seguir funcionando tras un corte eléctrico. Errores humanos, combinados con defectos de diseño en el RBMK, precipitaron la catástrofe. Al intentar apagar el reactor con el botón de emergencia, en lugar de detenerse, el sistema se volvió inestable.

A las 1:23:58, la presión interna provocó una primera explosión que voló la tapa de 1200 toneladas del reactor. Una segunda explosión dispersó material radiactivo a la atmósfera.

Los bomberos llegaron en cuestión de minutos. Ignorantes de la naturaleza radiactiva del incendio, combatieron las llamas sin trajes de protección. Muchos, como Vasili Ignatenko, murieron en semanas debido al síndrome de irradiación aguda. Sus historias, como la de su esposa Lyudmila, representan uno de los rostros más humanos de la tragedia: pérdidas personales devastadoras y consecuencias irreversibles para la salud.

La lenta evacuación y el engaño a la población

Mientras la radiación invisible impregnaba el aire, la vida en Prípiat siguió con normalidad hasta que, 36 horas después, se ordenó una evacuación masiva. Se les dijo a los ciudadanos que sería solo por tres días. La mayoría dejó sus casas con lo puesto, sin saber que jamás regresarían.

Las calles de Prípiat, sus juguetes abandonados, sus hospitales vacíos y sus edificios invadidos por la naturaleza se convirtieron en símbolos de un mundo detenido en el tiempo.

El ocultamiento soviético

El gobierno soviético ocultó la gravedad del accidente. No fue sino hasta que sensores suecos detectaron altos niveles de radiación que el Kremlin se vio obligado a reconocer públicamente lo ocurrido. A nivel interno, minimizaron el hecho: el 1 de mayo, apenas cinco días después, se realizaron los desfiles del Día del Trabajador en Kiev, exponiendo a miles de personas a niveles peligrosos de radiación.

Más de 600.000 personas, llamados "liquidadores", participaron en la limpieza del lugar: retiraron escombros radiactivos, enterraron materiales contaminados y construyeron el primer sarcófago. Muchos operaron sin saber a qué se enfrentaban, recibiendo dosis letales de radiación en tareas que duraban menos de 90 segundos.

Años después, apenas una fracción de estos trabajadores ha sido reconocida. Muchos sufrieron graves enfermedades o murieron en el olvido.

Impacto en la salud: un desastre duradero

Según la Organización Mundial de la Salud, hasta 2005 se documentaron más de 6.000 casos de cáncer de tiroides en niños y adolescentes expuestos en 1986. Además, la radiación provocó abortos espontáneos, malformaciones, enfermedades cardiovasculares y problemas neurológicos.

El desplazamiento masivo afectó a más de 300.000 personas, creando traumas psicológicos y estigmatización social que todavía perduran.

Casi 40 años después, el "Bosque Rojo" y vastas áreas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia siguen contaminadas con cesio-137 y estroncio-90. Aunque parte de la fauna salvaje ha recolonizado la zona, los efectos biológicos de la exposición prolongada a la radiación aún son objeto de estudios.

En 2016 se instaló un nuevo sarcófago para encapsular el reactor 4, garantizando la contención por unos 100 años. Sin embargo, el combustible nuclear activo sigue representando un riesgo.

El accidente de Chernobyl fue una combinación de fallos tecnológicos, errores humanos y secretismo estatal. Provocó cambios profundos en la política nuclear mundial, impulsando mejoras en la seguridad de reactores y promoviendo mayor transparencia internacional.