La historia oculta de la UIMP: Cómo un error transformó su nombre en una leyenda
Un incidente ocurrido durante una conferencia en la que la improvisación y la agudeza de su autor brillaron con luz propia.
La Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), un referente cultural y académico en España gracias a sus emblemáticos cursos de verano, debe su nombre a uno de los pensadores más importantes del país, el escritor y filólogo Marcelino Menéndez Pelayo. Sin embargo, más allá de sus vastos logros intelectuales, el autor de Historia de los heterodoxos españoles y de los estudios más destacados sobre la literatura española también es recordado por una curiosa anécdota que dejó una profunda huella en quienes fueron testigos de su capacidad para improvisar y hacer frente a la adversidad con una gran dosis de humor.
La conferencia y el "fallo" de pronunciación
En un ciclo de conferencias al que fue invitado, Menéndez Pelayo, conocido por su vasto dominio de las lenguas clásicas y modernas, pronunció el apellido del célebre escritor inglés William Shakespeare de una forma un tanto peculiar. En lugar de usar la pronunciación anglosajona del nombre, que en inglés es algo parecido a "Shayk-spir", el filólogo lo articuló tal y como se pronunciaría en español: "Shakespeare" (con una 'e' final que no corresponde a la pronunciación original).
El error no pasó desapercibido para los asistentes. Algunos no pudieron evitar reírse ante la sorprendente pronunciación, lo que provocó que Menéndez Pelayo se sintiera ligeramente incómodo en ese momento. Sin embargo, en lugar de quedarse afectado o buscar disculpas, el erudito asturiano, con su acostumbrado ingenio, decidió hacer frente a la situación de una manera inusitada.
La genial reacción
En un arrebato de creatividad y genio, Menéndez Pelayo tomó una decisión audaz: no solo aceptó la risa del público, sino que también convirtió la situación en su favor. Decidió seguir con el resto de la conferencia en inglés, un idioma que, si bien no era el suyo, dominaba a la perfección debido a sus amplios estudios filológicos. Así, comenzó a disertar en inglés, desafiando cualquier expectativa de los asistentes que esperaban que la charla continuara en español.
Lo más curioso del asunto fue que, tras este cambio radical de idioma, los asistentes no comprendieron ni una palabra de lo que el ponente estaba diciendo. Menéndez Pelayo había logrado, con una elegante jugada, revertir una situación potencialmente embarazosa en un espectáculo intelectual en el que dejó claro su dominio de las lenguas, así como su capacidad para enfrentarse a cualquier desafío con humor y aplomo.
Un reflejo del carácter de Menéndez Pelayo
Este episodio no solo pone de manifiesto la agudeza de Menéndez Pelayo como orador, sino que también refleja una faceta menos conocida de su personalidad. Aunque el filósofo y filólogo estaba profundamente comprometido con la preservación y el estudio de la cultura española, no dejaba de lado la riqueza de los conocimientos internacionales. Su vasto dominio de varias lenguas y su dominio de la cultura europea eran la base sobre la que se cimentaba su prestigio académico.
Esta anécdota es recordada, entre otras cosas, por su capacidad para transformar un posible error en una oportunidad para mostrar su brillantez intelectual, lo que le valió la admiración no solo por su conocimiento, sino también por su habilidad para reírse de sí mismo y mantener la calma frente a situaciones inesperadas.
El legado
Hoy en día, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sigue siendo un referente para estudiantes y académicos de todo el mundo. Su vínculo con Menéndez Pelayo no solo tiene que ver con su nombre, sino con la tradición de la investigación y la educación que él mismo promovió. La anécdota sobre su conferencia y su improvisación en inglés sigue siendo una historia popular que, con el paso de los años, sigue demostrando el carácter excepcional de uno de los pensadores más importantes del siglo XIX.
En resumen, la historia de Menéndez Pelayo y su anécdota de la conferencia demuestra cómo, incluso en los momentos más imprevistos, el genio puede surgir de la mano de la improvisación, la humildad y la capacidad de afrontar cualquier situación con sentido del humor. Sin duda, este tipo de episodios contribuyen a cimentar la imagen de un intelectual no solo brillante, sino también humanamente cercano y sabio.