El rincón de Santander que empezó siendo una marisma y hoy es el epicentro de la ciudad
Si hay un lugar que resume a la perfección el espíritu de Santander, ese es la Plaza de Cañadío. Situada en pleno centro de la ciudad, este emblemático enclave es mucho más que una plaza; es un espacio cargado de historia, tradición, cultura y una de las mejores zonas para tapear y disfrutar del ambiente único de la capital cántabra. Pero ¿sabes de dónde viene su nombre? ¿Qué secretos guarda? Aquí te contamos todo sobre la historia de la Plaza de Cañadío, su evolución a lo largo de los siglos y por qué hoy es uno de los puntos imprescindibles que visitar en Santander.
El origen de la Plaza de Cañadío: de marisma a epicentro social
Para entender la importancia de la Plaza de Cañadío, hay que remontarse al siglo XVIII. En aquel entonces, lo que hoy es uno de los lugares más animados de Santander era una marisma cubierta de cañas silvestres. De hecho, el nombre de "Cañadío" proviene precisamente de esas cañas que emergían en el humedal, un lugar frecuentado por los vecinos para la caza de aves, especialmente palmípedos que anidaban en la zona.
Con el paso del tiempo y gracias a los rellenos urbanísticos del siglo XIX, que permitieron ganar terreno al mar, esta zona se fue transformando hasta consolidarse como uno de los espacios clave dentro del Ensanche de Santander.
De astillero y cervecera a barrio comercial
A lo largo de su historia, la Plaza de Cañadío ha tenido múltiples usos y funciones. En el siglo XVIII, albergó un astillero de ribera donde se construían embarcaciones como las fragatas que daban servicio a la fábrica de cervezas del conde de Campogiro, establecida en 1796. Este industrial, propietario también de la finca de La Remonta, exportaba sus productos a bordo de barcos con nombres tan evocadores como El Cervecero de Cañadío.
Ya en épocas más recientes, antes de convertirse en el epicentro hostelero que conocemos hoy, la plaza y sus alrededores estaban ocupados por pequeños comercios y talleres. Había garajes como el de Sancho, tiendas como la Cristalería Soriano, ultramarinos, carnicerías y hasta el garaje donde descansaba el taxi número 1 de Santander, propiedad de Leoncio Mayo. Cada rincón de la plaza tenía su propio negocio, formando parte del día a día de los vecinos.
La transformación cultural y arquitectónica de Cañadío
Uno de los edificios más significativos de la plaza es la Casa de La Conveniente, levantada hacia 1800 por Francisco de Sayús. Originalmente, este inmueble servía como venta de vino a granel, donde los santanderinos acudían con garrafones para abastecerse. Hoy, acoge uno de los locales más conocidos para cenar en la ciudad.
En cuanto a su patrimonio religioso, destaca la Iglesia de Santa Lucía, cuyas obras comenzaron en 1853. También sobresale el edificio en la esquina con la calle Moctezuma, levantado en 1893 por el arquitecto Atilano Rodríguez, autor también del característico palacete de estilo morisco de la calle López Dóriga, conocida popularmente como "la cuesta de las cadenas".
La Plaza de Cañadío en la actualidad: el epicentro del ocio en Santander
Hoy, la Plaza de Cañadío es sinónimo de vida social, sobre todo cuando cae la tarde. Tanto en verano como en invierno, este rincón de Santander se llena de ambiente gracias a su oferta de bares, tabernas y restaurantes, convirtiéndose en uno de los destinos favoritos tanto para los santanderinos como para los turistas.
En sus terrazas y locales puedes disfrutar de una gastronomía variada que va desde los clásicos de la cocina cántabra hasta propuestas más innovadoras. El tapeo aquí es casi una obligación, y las opciones no faltan.
Qué comer en la Plaza de Cañadío: las tapas más típicas
Cuando visites la Plaza de Cañadío, hay algunas tapas que no debes dejar de probar:
- Rabas de Santander: crujientes, doradas y con la textura perfecta, son una de las tapas estrella de la ciudad.
- Anchoas de Santoña: auténtico manjar del Cantábrico, servidas con pan y mantequilla o con un toque de aceite de oliva.
- Tartar de atún: una tapa moderna que combina atún fresco con ingredientes como aguacate, soja y cítricos.
- Queso de Cantabria: tabla de quesos locales que suele acompañarse de frutos secos o membrillo.
- Pulpo a la brasa: aunque de tradición gallega, en Cantabria también se prepara con un nivel excepcional, a la brasa y acompañado de pimentón.
Taberna Cachalote y otros bares de referencia
Entre los bares más destacados de la plaza, merece una mención especial la Taberna Cachalote, uno de los locales más reconocidos por su ambiente acogedor y su carta repleta de delicias cántabras. Junto a este, también destacan otros nombres como el restaurante Cañadío, fundado en 1981, y el popular pub Blues, que ocupa el que fuera un antiguo taller de reparación de radiadores.
Arte, historia y esculturas
Además de su ambiente y su oferta gastronómica, Cañadío cuenta con detalles artísticos únicos, como las farolas que adornan la plaza, creadas por el escultor José Quintana en los años 40 del siglo XX, rescatadas del desaparecido Puente de Vargas. Este escultor dejó su huella en varias obras repartidas por Santander, como la Farola de las Cuatro Estaciones o la estatua de Augusto González de Linares.
La Plaza de Cañadío es mucho más que un simple lugar de reunión. Es historia viva de Santander, un punto donde la tradición y la modernidad se dan la mano. Desde sus orígenes como marisma hasta su conversión en epicentro del ocio, Cañadío ha sabido adaptarse al paso del tiempo, conservando su identidad y convirtiéndose en uno de los rincones más queridos de la ciudad.