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Esta cueva cántabra esconde la obra artística más Importante de la Edad de Hielo

Pinturas de la cueva de El Pendo. / A.E
En el corazón del valle de Camargo, cerca de la localidad de Escobedo, se encuentra la cueva de El Pendo, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de la Cornisa Cantábrica

Su relevancia radica no solo en las huellas de las primeras ocupaciones humanas, sino también en sus asombrosas pinturas rupestres, que fueron descubiertas en 1997. Con una secuencia estratigráfica que abarca más de 80.000 años de historia, la cueva ha proporcionado valiosa información sobre la evolución humana, las costumbres y el comportamiento simbólico de las sociedades prehistóricas.

Historia de su Descubrimiento:

La cueva de El Pendo fue excavada inicialmente en 1878 por el célebre prehistoriador Marcelino Sanz de Sautuola, conocido también por su descubrimiento de las pinturas de Altamira. La exploración de la cueva ha continuado a lo largo de los años, con una serie de excavaciones que han desvelado valiosas piezas y evidencias de los grupos humanos que habitaron la zona. En 1997, se hizo el importante hallazgo de un conjunto de pinturas rupestres que constituyen una de las mayores riquezas artísticas de la prehistoria.

Las Pinturas Rupestres:

Las pinturas de El Pendo se destacan por su expresividad y sofisticación técnica. El panel conocido como el "Friso de las Pinturas" mide aproximadamente 25 metros de largo y se encuentra en la pared preferente de una gran sala, visible desde diversos puntos de la cavidad. Este friso contiene más de una veintena de figuras pintadas en color rojo que destacan por su realismo y composición escénica. Las figuras más representativas son las ciervas rojas, con un total de doce ejemplares, seguidas de una cabra, un caballo, y varios signos como puntos, discos y líneas. Esta disposición artística es similar a la que se observa en otras cuevas de la región, como Covalanas, y muestra una gran unidad compositiva, lo que sugiere que las pinturas fueron realizadas de forma sincronizada por los mismos grupos humanos.

El estilo de ejecución de las figuras es especialmente relevante, ya que, al igual que en las pinturas de Covalanas, se emplea una técnica única en el mundo: el punteado, realizado mediante el uso de los dedos o tampones. Además, algunos motivos presentan una complementariedad técnica, ya que se combinan trazos lineales con el punteado para crear un contraste visual. Este estilo es exclusivo de la Cornisa Cantábrica, una característica única de las pinturas rupestres en esta región que datan de hace unos 25.000 años.

Evidencias de Ocupaciones Humanas:

Las primeras ocupaciones humanas en la cueva de El Pendo se asignan al Hombre de Neandertal, hace aproximadamente 84.000 años, aunque también se han encontrado evidencias de la presencia del Homo sapiens en períodos posteriores, entre los 36.000 y los 9.000 a.C. Los investigadores han encontrado numerosos útiles en hueso y asta, así como arte mueble y piezas ornamentales que indican una actividad relacionada con las necesidades cotidianas de estos grupos humanos, pero también con fines simbólicos y sociales. La cueva parece haber sido un espacio con múltiples usos: rituales, ceremonias y cultos.

El Uso Ritual Durante la Edad del Bronce:

A lo largo de la Edad del Bronce, la cueva fue utilizada con fines rituales, como lo demuestra la presencia de enterramientos y ofrendas depositadas entre los bloques de piedra de la cueva. Esta evidencia sugiere que, además de servir como refugio o lugar de ocupación, la cueva de El Pendo adquirió un carácter sagrado o ritual para las sociedades que la utilizaron en esta época. El simbolismo de las pinturas, junto con los objetos encontrados, refuerza la idea de que las manifestaciones artísticas eran un vehículo de comunicación entre los humanos y las fuerzas sobrenaturales, un tema recurrente en los espacios de culto de la prehistoria.

El "Friso de las Pinturas": Una Obra Maestra Prehistórica:

El "Friso de las Pinturas" se erige como una de las joyas del arte prehistórico. Este panel de grandes dimensiones no solo destaca por la calidad de las figuras pintadas, sino también por la intencionalidad de su ubicación. Para su ejecución, los artistas prehistóricos debieron utilizar un andamio de aproximadamente 6 metros de altura para llegar a la parte más alta de la pared, lo que demuestra la planificación y la destreza técnica de los grupos humanos de la época. La disposición de los animales, como las ciervas y el caballo, crea una composición dinámica que refleja una profunda comprensión de la naturaleza y de las interacciones entre los humanos y los animales en su entorno.

La cueva de El Pendo es un lugar de gran importancia en el estudio de la prehistoria y el comportamiento humano. Las pinturas rupestres y los artefactos descubiertos en su interior no solo proporcionan información sobre los grupos humanos que habitaron la región, sino que también ofrecen una visión única del comportamiento simbólico, la evolución de las técnicas artísticas y el uso ritual de los espacios subterráneos. Los descubrimientos de El Pendo, junto con los de otras cavidades en la Cornisa Cantábrica, siguen siendo un referente mundial para entender las raíces del arte prehistórico y la relación del hombre con su entorno hace más de 20.000 años.