Santander no necesita más Franco:

Callejero ideológico: el PSOE continúa reabriendo heridas para no hablar de lo que importa

Las calles y el PSOE.
El PSOE reabre un debate que ya no interesa a nadie | ​El callejero como cortina de humo política mientras los problemas reales siguen sin respuesta

Mientras las preocupaciones diarias de los santanderinos giran en torno al empleo, la vivienda, la educación o el estado de los servicios públicos, el PSOE local ha decidido desempolvar viejos fantasmas y convertir el callejero en su nuevo campo de batalla ideológica.

En una propuesta presentada ante la Comisión de Cultura del Ayuntamiento, el grupo socialista ha solicitado reabrir el debate sobre los nombres de las calles con referencias al franquismo. Pero, más allá del supuesto cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática, lo que realmente asoma es una maniobra política para reactivar un tema que solo interesa al PSOE, mientras los ciudadanos demandan soluciones a sus problemas reales.

Un debate superado… pero rentable políticamente

El equipo de gobierno ya ha planteado cambios: el Paseo del General Dávila será renombrado como Paseo de Altamira, y otras calles seguirán la misma línea. A pesar de ello, el PSOE insiste en mantener viva la polémica, aportando su propia lista de nombres alternativos y reclamando una “resignificación democrática” del callejero.

Lo llamativo no es la propuesta, sino el momento político elegido. En plena crisis social, con un sistema educativo regional en el punto de mira por casos de acoso escolar sin respuesta contundente, los socialistas optan por desviar la atención hacia Franco y el pasado. Vieja táctica, mismo resultado: división, confrontación y titulares.

 ¿Cuánto cuesta cambiar una calle?

Cambiar el nombre de una vía no es gratis. Hay que modificar señalética, mapas oficiales, registros de direcciones postales, documentación administrativa y mucho más. Todo eso se paga con dinero público. ¿Cuánto se ha destinado a este proceso? ¿Qué otras prioridades están siendo desplazadas para financiar este revisionismo simbólico?

Además, muchos ciudadanos critican que no se mida con la misma vara a figuras de izquierda también responsables de episodios de violencia o represión. ¿Dónde queda el equilibrio histórico? ¿Por qué algunos nombres se borran y otros se glorifican?

 Franco no paga las facturas

Nadie discute el valor de recordar el pasado. Pero una ciudad no avanza mirando constantemente por el retrovisor. Santander necesita futuro, no revisionismo. Mientras los vecinos exigen reformas reales, el PSOE prefiere librar batallas culturales de otros siglos.

Lo más preocupante es que esta estrategia no busca consenso ni memoria verdadera, sino polarización política. Convertir el callejero en un arma partidista es un ejercicio de irresponsabilidad que solo desgasta la convivencia ciudadana.