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El Diario de Cantabria

Buscando ideas ante la apertura

Comerciantes de Santander se enfrentan a unas perspectivas de futuro «nada halagüeñas»

Una mujer pasa ante una tienda de ropa. / Cubero
Una mujer pasa ante una tienda de ropa. / Cubero
Buscando ideas ante la apertura

Aunque aún sin conocer una fecha, los comerciantes de Santander esperan la apertura de sus establecimientos, sin mucha esperanza y con unas perspectivas «nada halagüeñas», aunque trabajan en ideas para intentar que los problemas que creen que se les avecinan no sean muy graves. Varios comerciantes que tienen distintos establecimientos en Santander han explicado a Efe cómo han afrontado el cierre de sus negocios durante ya más de 40 días y qué piensan que les deparará el futuro, que ninguno ve muy claro. José Ramón Martínez, propietario de una de las cadenas de bares y restaurantes más conocida de la capital, teme que la confianza, en la que se basa la relación con los clientes en su sector, se vaya a perder por el coronavirus, y reconoce que hasta ahora la situación está siendo «dramática».

Aun así, este profesional hostelero trabaja en ideas novedosas como el proyecto «Ave Fénix», mediante el cual ha transformado «la mentalidad de la organización en una nueva para que tenga una finalidad social», por lo que agradece poder seguir teletrabajando. El hostelero ha comenzado por «la parte emocional de todo el equipo mediante reuniones con la plantilla» y también adelanta a Efe que está desarrollando unos sistemas de automatización y control de entrada de la personas a los establecimientos.

Sin embargo, cree que «con este control de accesos la facturación al acabar el día va a ser ridícula y no se va a poder soportar ya que los costes fijos en la hostelería son muy altos». Paula Gómez, gerente de un grupo de zapaterías de la capital, imagina «que vaya a haber poca circulación de clientes» por la situación económica tras la cuarentena y por el miedo a la enfermedad, por lo que considera que se deberán tomar medidas, como hacer horarios reducidos o incorporar el personal de manera progresiva, «para intentar llevarlo a cabo de la mejor manera posible».

Esta empresaria desea «que todo vuelva a la normalidad» y, por ello, ha puesta en marcha varias estrategias para atenuar la situación como «trabajar online desde casa, paralizar el envío de mercancía y esperar a que termine el confinamiento para ver de qué manera retomar esas paralizaciones». También ha solicitado un ERTE, pues recalca que «al no tener ingresos durante este tiempo se dificulta poder hacer frente a los pagos y resulta absurdo recibir mercancía».

«Muchos empleos no se van a poder recuperar y muchas empresas no van a poder hacer frente a lo que se va a venir encima», apostilla Paula Gomez. Vicente Trueba, propietario de una tienda de moda en el centro de Santander, también piensa que el consumo va a estar «bastante parado» y que esta pandemia mundial va a originar «una crisis que afectará a todos». Lamenta que debido a que su sector es «principalmente» el de la ceremonia, «aunque el comercio pueda abrir, la hostelería no va a funcionar, porque va todo de la mano». Por ello, este empresario textil ha terminado por solicitar un crédito ICO para atenuar los daños, aunque denuncia que la solicitud ha supuesto «tres semanas de larga lucha para al final no conseguir los intereses prometidos».

Al contrario, Amada Lois, dueña de una corsetería de la ciudad, dice ser «una persona bastante positiva» y considera que «la gente va a salir con ganas de comprar», por lo que se ha dispuesto a «empezar a limpiar la tienda y preparar el escaparate de primavera sin perder la ilusión y las ganas».

Esta comerciante señala que, si bien ha tenido que «anular la totalidad de los pedidos», su tipo de mercancía «no es perecedera» y en este momento tiene «suficiente material para defenderse», aunque lamenta no haber podido ajustarse al modelo de venta online ya que «es mercancía muy personalizada». Amada califica la situación de «desastre», puesto que «los meses de abril a agosto suponen el máximo de cajas del año, y porque esos ingresos son «los que permiten subsistir en invierno».

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