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El Diario de Cantabria

Valdecilla incorpora la técnica de inyección de vapor de agua como tratamiento para la hiperplasia benigna de próstata

Este sistema mínimamente invasivo no requiere ingreso y ya se ha aplicado con éxito en varios pacientes

Equipo en Valdecilla de tratamiento de próstata. / ALERTA
Equipo en Valdecilla de tratamiento de próstata. / ALERTA
Valdecilla incorpora la técnica de inyección de vapor de agua como tratamiento para la hiperplasia benigna de próstata

El Servicio de Urología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, dirigido por el doctor José Luis Gutiérrez, ha incorporado la técnica de inyección de vapor de agua como tratamiento para aliviar los síntomas asociados a la hiperplasia benigna de próstata, empleando con éxito este sistema para solventar los problemas ocasionados por el crecimiento de esta glándula.

Esta técnica, que convierte a Valdecilla en el primer hospital del norte de España en aplicar este tratamiento, consiste en inyectar vapor de agua a la próstata, lo que provoca la necrosis del tejido (muerte celular), que es posteriormente eliminado por el propio cuerpo, ha informado el Gobierno de Cantabria en nota de prensa.

Según ha explicado el doctor Mario Domínguez, médico adjunto del servicio de Urología, la intervención se lleva a cabo a través de la uretra y no requiere ingreso. Ha precisado que, aunque existen otras alternativas para tratar la hiperplasia benigna de próstata, en general, todas tienen en mayor o menor medida efectos secundarios indeseables.

Esta terapia resulta una alternativa "muy atractiva" para un gran número de paciente tanto por su eficacia, como por su seguridad, permitiendo su realización en régimen ambulatorio, con una muy baja tasa de efectos secundarios y/o complicaciones. De hecho, en más del 90% de casos se mantiene la eyaculación, función frecuentemente alterada por los tratamientos médicos y/o quirúrgicos convencionales, ha apuntado.

Además de su realización sencilla y fácilmente reproducible, Domínguez ha puesto en valor el hecho de poder resolver de una vez un problema para el que habitualmente se prescriben tratamientos farmacológicos de forma crónica, no exentos de efectos secundarios y que no actúan sobre el problema de base, sino sobre los síntomas derivados del mismo.

Según este especialista, la seguridad del tratamiento es una oportunidad para aquellos pacientes que por su alto riesgo quirúrgico/anestésico no sean candidatos a una cirugía convencional.

En cuanto a la técnica, ha explicado que se trata de un dispositivo portátil que aplica energía de radiofrecuencia a unas pocas gotas de agua para generar vapor. Dicho dispositivo se inyecta en el tejido prostático que obstruye el flujo de orina desde la vejiga, donde se convierte de inmediato nuevamente en agua y libera la energía almacenada en el vapor sobre las membranas celulares. En este momento, las células se dañan de manera irreversible provocando la muerte celular.

10 MINUTOS DE INTERVENCIÓN

La intervención tiene una duración de no más de 10 minutos, independientemente del tamaño de la próstata. Tras aplicar anestesia local y medicación sedante al paciente, se introduce, a través de la uretra el instrumental que permite aplicar, bajo visión directa, las distintas inyecciones en la próstata (habitualmente cada inyección supone un tiempo de 11 segundos), mediante las cuales se inyecta el vapor de agua.

"Es realmente sencillo y es excepcional observar sangrado alguno durante o tras el mismo", ha señalado el doctor Domínguez.

Al terminar el proceso, el paciente puede regresar a su casa y lo único que necesita es llevar una sonda vesical durante unos días, que le será retirada también en el centro hospitalario donde se le practica la intervención.

HIPERPLASIA BERNIGNA DE PRÓSTATA

La hiperplasia benigna de próstata consiste en el agrandamiento de la glándula prostática y que afecta a aproximadamente al 50% de la población masculina entre los 51 y 60 años de edad, y hasta el 90% de los hombres mayores de 80 años.

Este agrandamiento puede comprimir la uretra y, por consiguiente, reducir o bloquear por completo el flujo de orina desde la vejiga, provocando síntomas incomodos durante la micción, que de forma variable alteran nuestra calidad de vida, asociando, en ocasiones, complicaciones potencialmente graves como las infecciones de orina, el sangrado o la retención aguda de orina siendo en este caso obligado a llevar sonda.

Según Gutiérrez, esta técnica supone un gran avance en los tratamientos para la hiperplasia benigna de próstata y una esperanza para los hombres con esta patología a los que les preocupa la preservación de su función eyaculatoria, los que presentan un elevado riesgo anestésico/quirúrgico, los que toman tratamiento antiagregante o anticoagulante y no puede suspenderlo, los que no toleren o no quieran tomar tratamiento oral de forma crónica y de forma general, aquellos que no respondan a tratamiento médico y prefieran una alternativa menos agresiva y con menos complicaciones que las opciones quirúrgicas habituales.

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