¿Pasas muchas horas sentado? Estos alimentos podrían salvar tu salud
Pasar gran parte del día sentado se ha convertido en una práctica habitual en la vida moderna y, según distintos organismos sanitarios, está directamente asociada a un mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares e incluso ciertos tipos de cáncer. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indican que uno de cada cuatro adultos en Estados Unidos permanece sentado más de ocho horas diarias, una conducta que supone un importante reto de salud pública.
Diversos expertos citados por The Independent señalan que, aunque la actividad física sigue siendo clave, una alimentación equilibrada puede ayudar a mitigar algunos de los efectos negativos del sedentarismo, especialmente cuando incluye alimentos ricos en flavonoles, antioxidantes y nitratos naturales.
El papel de los flavonoles en la salud vascular
Los flavonoles son compuestos vegetales con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias presentes en alimentos como el té, los frutos rojos y el cacao. Estudios recientes los han vinculado con una mejor función vascular y con la reducción de la presión arterial, incluso en personas que pasan largos periodos sentadas.
La doctora Catarina Rendeiro, de la Universidad de Birmingham, explicó que «dado lo común que resulta el estilo de vida sedentario y el mayor riesgo que representa para la salud vascular, el consumo de alimentos y bebidas ricos en flavonoles, combinado con breves interrupciones de la inactividad mediante caminatas cortas, puede ser una estrategia eficaz para mejorar la salud a largo plazo, independientemente del nivel de condición física».
Cacao y circulación sanguínea
Entre los alimentos destacados, el cacao sin azúcar ocupa un lugar relevante. Investigaciones recientes sugieren que su incorporación regular en la dieta favorece la salud arterial y ayuda a regular el flujo sanguíneo, gracias a su elevado contenido en flavonoles. Por el contrario, productos con niveles más bajos de estos compuestos se han asociado con un aumento de la presión arterial diastólica.
Los especialistas recuerdan que estos beneficios no se trasladan automáticamente al chocolate industrial, ya que durante su elaboración suelen añadirse grandes cantidades de azúcar y grasas, lo que incrementa el aporte calórico y de grasas saturadas.
Verduras de hoja verde y nitratos naturales
Las verduras de hoja verde, como la espinaca, la lechuga o el kale, aportan antioxidantes como la vitamina C, que ayudan a reducir la inflamación y mejorar el flujo sanguíneo. Además, son una fuente natural de nitratos, compuestos presentes de forma natural en el suelo y en muchos alimentos vegetales.
Desde Cleveland Clinic explican que los nitratos presentes de manera natural en alimentos integrales forman parte del metabolismo humano y no representan un riesgo para la salud, a diferencia de los nitratos añadidos a ciertos productos procesados, que sí se han relacionado con efectos adversos. Algunos estudios apuntan, además, a que una dieta rica en verduras con nitratos naturales podría contribuir a reducir la presión arterial, aunque se necesitan más investigaciones a largo plazo.
Frutos rojos, té y otros aliados cardiovasculares
Los frutos rojos destacan por su contenido en antocianinas, antioxidantes asociados con una disminución de la presión arterial en personas con hipertensión. Según Aedin Cassidy, de la Universidad de East Anglia, «las antocianinas parecen ser las más protectoras entre los flavonoides en la reducción del riesgo de hipertensión».
El té verde y el té negro también aportan flavonoles, catequinas y epicatequinas que ayudan a mantener sanos los vasos sanguíneos, siendo el té verde el que suele presentar concentraciones ligeramente superiores. A esto se suman alimentos como las ciruelas, ricas en quercetina, y los frutos secos, cuyo consumo regular se ha asociado con una mejor circulación y una reducción de la inflamación.
Incluso estudios recientes han relacionado el consumo diario de maní tostado sin sal y con piel con mejoras en el flujo sanguíneo cerebral y una disminución de la presión arterial, especialmente en adultos mayores.