La lectura de ficción refuerza la inteligencia emocional infantil
La inteligencia emocional infantil no se define por la ausencia de enfados ni por una conducta siempre correcta, sino por la capacidad de identificar lo que ocurre a nivel emocional y gestionar esas sensaciones. Este aprendizaje no es inmediato y se adquiere con el tiempo, a través de la experiencia y la repetición.
Diversos estudios señalan que existe una actividad sencilla que puede reforzar esta habilidad desde casa y que solo requiere unos minutos al día. Se trata de la lectura de ficción, una práctica accesible que puede integrarse en la rutina diaria del niño.
El estudio Emotional Intelligence: A Case Study on the Impact of Fiction Reading, elaborado por Layne Acree y Hieu Phan, concluye que la lectura de relatos de ficción es una de las actividades que más contribuyen al desarrollo de la inteligencia emocional en la infancia.
Durante la lectura, el niño se involucra en la historia y experimenta emociones a través de los personajes. Este proceso permite ensayar reacciones emocionales en un entorno seguro, sin consecuencias reales. La investigación subraya que la implicación con el relato es más relevante que la cantidad de libros leídos.
Los autores hacen referencia a la «transportación narrativa», un fenómeno que se produce cuando el lector se sumerge por completo en la historia. En ese contexto, el niño aprende a identificar emociones complejas y a comprender decisiones ajenas, incluso cuando no coinciden con las propias.
Este ejercicio contribuye al desarrollo de la empatía, la autorregulación y la conciencia social. Para que estos beneficios se trasladen al entorno cotidiano, como el colegio o el hogar, es necesaria una conexión real con el relato.
Para fomentar este hábito, los expertos recomiendan que la lectura no sea impuesta ni utilizada como castigo. Presentarla como un momento compartido y agradable favorece la predisposición del niño. El ejemplo de los adultos y un entorno adecuado también influyen en la consolidación de la rutina.
En las primeras etapas, se aconseja priorizar el juego con sonidos y palabras antes que el aprendizaje formal de la lectura. A medida que el niño adquiere soltura, la lectura compartida y el diálogo sobre la historia ayudan a activar los procesos emocionales asociados.