virus nipah

Así es el virus Nipah, la amenaza silenciosa que vigila la OMS

Un devoto se da un baño sagrado en Sangam durante la Mela Magh en una fría mañana de invierno. / Prabhat Kumar Verma / EP

Las autoridades indias aseguran que el brote de Nipah detectado en Bengala Occidental está bajo control, aunque la OMS mantiene una vigilancia activa por el riesgo potencial de contagio

El virus Nipah ha vuelto a poner en alerta a las autoridades sanitarias de la India y a organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), tras la detección de nuevos casos en el estado de Bengala Occidental y en Calcuta. Aunque el Gobierno indio ha insistido en que la situación está controlada, la aparición de este patógeno, considerado de alta peligrosidad, ha despertado preocupación por su potencial epidémico.

Según la nota oficial difundida por el Ministerio de Sanidad indio, las casi 200 personas que habían sido puestas bajo vigilancia tras haber mantenido contacto estrecho con casos confirmados han dado negativo en las pruebas diagnósticas, y todas se encuentran asintomáticas. Esta información busca rebajar la tensión, después de que otros países asiáticos reforzaran sus controles a viajeros procedentes de las zonas afectadas.

El virus Nipah es un patógeno zoonótico, es decir, que se transmite de animales a humanos. Su principal reservorio son los murciélagos frugívoros del género Pteropus, comunes en el sur y sudeste de Asia. La enfermedad puede transmitirse también por contacto con cerdos infectados o por el consumo de frutas contaminadas con saliva o excrementos de estos murciélagos. Asimismo, se ha documentado su transmisión entre personas a través del contacto con fluidos corporales, lo que representa un riesgo añadido para los profesionales sanitarios.

Identificado por primera vez en Malasia y Singapur en 1998, el virus ha reaparecido periódicamente en distintos países del sur de Asia, especialmente en India y Bangladesh. Pertenece a la familia Paramyxoviridae y se clasifica dentro del nivel de bioseguridad 4 (BSL-4), el más alto existente, en el que se incluyen otros virus altamente letales como el ébola. La tasa de mortalidad del Nipah puede oscilar entre el 40 y el 75 %, según la OMS, lo que lo convierte en una amenaza potencial en caso de que se produzca un brote descontrolado.

El cuadro clínico de la enfermedad es muy variable. Puede ir desde una infección asintomática hasta una grave encefalitis, pasando por síntomas respiratorios agudos. El periodo de incubación se sitúa entre 4 y 14 días, tras el cual pueden aparecer fiebre, dolor de cabeza, garganta inflamada, dolores musculares y, en los casos más graves, confusión, somnolencia, coma e incluso la muerte. La ausencia de un tratamiento específico o vacuna autorizada agrava aún más el riesgo, aunque actualmente hay investigaciones en curso y ensayos clínicos avanzados.

Las pruebas de diagnóstico más habituales son la RT-PCR y otras técnicas de virología molecular, que permiten identificar y clasificar el virus. La OMS considera al Nipah como uno de los patógenos prioritarios para el desarrollo de nuevas vacunas por su alta letalidad, su potencial epidémico y su capacidad de transmisión bajo determinadas condiciones.

A nivel global, el riesgo de expansión es considerado bajo, especialmente en Europa, donde no existen los reservorios naturales del virus. Aun así, los expertos insisten en la importancia de establecer medidas de vigilancia activa en viajeros procedentes de zonas afectadas para prevenir posibles contagios. Desde su descubrimiento, se han documentado alrededor de 750 casos humanos, todos en Asia, lo que muestra una distribución geográfica limitada, pero persistente.

India ha vivido varios brotes en las últimas dos décadas, sobre todo en el estado de Kerala, donde se registraron al menos diez muertes en 2018. Más recientemente, en 2023, se reportaron dos fallecidos y tres contagios en el distrito de Kozhikode. A pesar de estos antecedentes, las autoridades confían en que el brote actual no vaya más allá, aunque la OMS mantiene una estrecha vigilancia para evitar que la situación se descontrole.