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No hay WiFi, pero sí magia: el pueblo de Cantabria que parece sacado de una serie medieval

Declarado Conjunto Histórico-Artístico y parte de la lista de 'Los Pueblos Más Bonitos de España', un rincón cántabro donde la tradición y la arquitectura montañesa siguen vivas
Vista de Carmona en el Valle de Cabuérniga. / A.S.
Vista de Carmona en el Valle de Cabuérniga. / A.S.

Cuando se cruza el puente sobre el Nansa y se asciende entre curvas hasta Carmona, uno siente que entra en otro tiempo. Aquí no corren los relojes. Las casonas montañesas se alinean como si estuvieran detenidas en un siglo que no se fue, con sus balconadas de madera y sus fachadas al mediodía, como si esperasen aún el regreso de los antiguos hidalgos. Bienvenidos a Carmona, joya rural de Cantabria.

Carmona es un pequeño núcleo de población perteneciente al Ayuntamiento de Cabuérniga, en pleno valle medio del río Nansa, a tan solo 11 km de la capital municipal. Sin embargo, su valor patrimonial y cultural lo han hecho grande: desde 2019, figura en la exclusiva lista de Los Pueblos Más Bonitos de España.

Declarado Conjunto Histórico-Artístico, Carmona es el espejo donde aún se refleja el alma de las casonas montañesas: construcciones de dos plantas, arcadas en el primer nivel, balconadas de madera entre contravientos, tejados a dos aguas y escudos de armas tallados en piedra. La mayoría datan de los siglos XVII y XVIII, aunque también hay ejemplos del XVI. Pasear por sus calles es como caminar por un libro de historia abierto.

Ganado tudanco, albarcas y leyendas de madera

En Carmona no solo sobrevive la piedra, también el trabajo heredado. La aldea es famosa por su ganado vacuno tudanco, raza autóctona de Cantabria, que aún pasta por los verdes prados que rodean el pueblo. Pero también por la artesanía de madera: Carmona es tierra de albarqueros, artesanos que dan forma a las tradicionales albarcas, el calzado de madera que ha calzado durante siglos a los habitantes de estas montañas.

Visitar Carmona es también respirar esa mezcla de resina, humo y musgo que envuelve el aire al caer la tarde. Aquí vivió el escritor regionalista Manuel Llano, que supo capturar como nadie la esencia pasiega y cabuérniga, y cuya memoria aún flota en las esquinas de piedra.

Un palacio entre montañas: Díaz Cossío y Mier

El edificio más emblemático de Carmona es, sin duda, el Palacio de los Díaz Cossío y Mier, hoy convertido en alojamiento turístico y gestionado por la empresa Cantur. Se construyó entre 1700 y 1715 por orden de don Francisco Díaz de Cossío. La fachada es imponente: torres simétricas de tres pisos, grandes balcones de hierro forjado, arcos rebajados y un escudo de armas rodeado de figuras esculpidas. Todo respira nobleza y señorío.

En lo religioso, destaca la Iglesia parroquial de San Roque y las ermitas de Nuestra Señora de Guadalupe y Lindes, todas del siglo XVIII, que añaden espiritualidad a este rincón de piedra y niebla. 

En un mundo donde lo auténtico se desdibuja, Carmona resiste como postal viva de la Cantabria ancestral. Aquí las estaciones aún marcan el ritmo, los portones se abren con chirridos nobles, y los vecinos te saludan como si te conocieran desde siempre. El tiempo, en Carmona, no pasa: permanece.

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