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La senda verde del occidente cántabro que aún no ha conquistado al turismo masivo

Senda Fluvial del Nansa. / RCDR

Cantabria ofrece una ruta única entre bosques, pasarelas de madera y cascadas: la Senda Fluvial del Nansa, ideal para familias, amantes de la naturaleza y senderistas que buscan tranquilidad y paisaje

Cantabria, tierra de mar y montaña, de valles profundos y verdes infinitos, guarda entre sus tesoros naturales una ruta que enamora a quienes buscan sumergirse en paisajes de cuento: la Senda Fluvial del Nansa. Esta ruta, considerada por muchos como la más espectacular de Cantabria, combina la belleza salvaje del río con el encanto de la historia, la presencia de una fauna fascinante y un recorrido accesible para todos los niveles.

Ubicada en el corazón del occidente cántabro, esta senda comienza en Muñorrodero y se dirige hacia Camijanes, aunque muchos la alargan hasta Cades, sumando un total de 14 kilómetros de recorrido (ida y vuelta). Durante el trayecto, el caminante se ve envuelto en un entorno natural exuberante: bosques frondosos, pasarelas de madera sobre el río Nansa, cascadas que parecen salidas de una película fantástica y hasta una cueva repleta de murciélagos.

La ruta forma parte del Camino Lebaniego, por lo que su importancia no solo es paisajística, sino también histórica y espiritual. No en vano, durante siglos fue utilizada por pescadores en busca de salmones y truchas, y por peregrinos que caminaban hacia el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Hoy, es una opción magnífica tanto para senderistas experimentados como para familias con niños, ya que su nivel de dificultad es bajo y está perfectamente señalizada.

Uno de los elementos más característicos del sendero son las pasarelas de madera que acompañan al río a lo largo del recorrido. Caminar por ellas ofrece una perspectiva mágica del agua, el bosque y las abruptas laderas que rodean el Nansa. A cada paso, el paisaje cambia: pequeños puentes rústicos, antiguos caminos de pescadores y rincones llenos de historia dan forma a una de las travesías más pintorescas del norte peninsular.

Entre los lugares más curiosos del camino destaca la Cueva El Rejo, hogar de más de 500 murciélagos de distintas especies, lo que le ha valido la catalogación como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). Aunque no se puede visitar por motivos de conservación, su presencia añade un aura de misterio y vida a esta ruta ya de por sí fascinante.

Pero la auténtica guinda del pastel se encuentra al final del trayecto: una cascada escondida, con un salto de agua que refresca el ambiente y embelesa con su sonido. En verano, el baño está permitido, y darse un chapuzón allí se convierte en una experiencia inolvidable, especialmente para los más pequeños.

Quienes se animan a prolongar la caminata hasta Cades, descubren una etapa adicional que aporta otros siete kilómetros de recorrido —perfectos para quienes buscan un reto mayor— y que permiten disfrutar de más tramos de naturaleza virgen, con la compañía constante del Nansa.

En total, la Senda Fluvial del Nansa puede recorrerse en unas cinco horas a paso tranquilo, disfrutando de cada parada, cada rincón escondido, cada detalle del camino. Es una excursión ideal para redescubrir la calma, alejarse del ruido y reconectar con lo esencial.

En definitiva, si buscas una ruta en Cantabria que lo tenga todo —paisaje, fauna, historia, accesibilidad y belleza—, esta es la tuya. La Senda Fluvial del Nansa no solo te lleva por el corazón de uno de los ríos más hermosos del norte, sino que te regala una experiencia completa, perfecta para vivir en familia, en pareja o en solitario. Una joya verde en pleno Cantábrico que nunca decepciona.