Una ruta circular y sin dificultad para descubrir tres cascadas en Cantabria
Una ruta de senderismo que aúna la belleza del bosque atlántico, el sonido del agua y un entorno que parece sacado de un cuento.
Inicio en el pueblo de Lamiña
La excursión arranca en el encantador pueblo de Lamiña, donde, pese a la popularidad del lugar, suele encontrarse algún hueco para dejar el coche. Desde allí parte una pista perfectamente señalizada que guía al caminante entre bosques frondosos, fuentes escondidas y senderos de tierra.
Poco después del inicio, se encuentra una pequeña fuente con área de descanso, perfecta para una parada ligera. A partir de este punto, la mayoría de la ruta transcurre por una pista forestal ancha y cómoda, ideal para ir con niños, mascotas e incluso en cualquier época del año.
Un paseo sencillo y circular
La ruta está muy bien indicada. Al llegar a una bifurcación clave, el senderista sigue de frente en la ida y toma un desvío a la derecha en el regreso, lo que permite completar un itinerario circular. Sin complicaciones técnicas ni tramos peligrosos, el paseo está salpicado de puentes de madera y zonas sombreadas que invitan a parar y admirar el entorno.
Tras cruzar el primer puente y un paso canadiense, se toma un desvío hacia la derecha, introduciéndose en un bosque húmedo y frondoso que cambia por completo el paisaje. Este tramo, donde se abandona la pista para seguir por un sendero estrecho, marca el comienzo del tramo más mágico del recorrido.
Cruce del arroyo y acceso a las cascadas
Uno de los momentos más divertidos del recorrido llega con el cruce del arroyo, que obliga a buscar el paso más cómodo entre piedras, troncos y ramas. La cantidad de agua determina el grado de aventura, pero en cualquier caso, es un reto asequible y que gusta especialmente a los más pequeños.
Tras este paso, la ruta sigue entre árboles centenarios hasta llegar al último puente, preludio de las espectaculares cascadas de Lamiña.
Tres saltos de agua entre vegetación exuberante
La primera cascada es la más imponente: un doble salto de agua rodeado de helechos, musgos y paredes rocosas cubiertas de vegetación. Con un poco de esfuerzo, es posible trepar hasta la parte superior para admirarla desde otra perspectiva y sacar las mejores fotos.
Después de disfrutar (y fotografiar) este rincón, el sendero sigue subiendo hasta encontrar la segunda cascada, más pequeña pero igualmente encantadora. Poco después aparece la tercera y última cascada, envuelta en un ambiente casi místico, entre árboles y una calma sobrecogedora.
Regreso por el sendero de los Foramontanos
La vuelta se realiza por otro camino, lo que hace que la experiencia sea aún más completa. Siguiendo el sendero de los Foramontanos, el itinerario desciende suavemente hasta volver al punto de partida en Lamiña.
Una ruta ideal para todos los públicos
Con una duración total de entre 3 y 4 horas (dependiendo del ritmo y las paradas para fotos), esta ruta es ideal para familias con niños, senderistas ocasionales y amantes de la naturaleza. Las mascotas también son bienvenidas y disfrutarán del entorno tanto como sus dueños.
Las Cascadas de Lamiña son uno de esos rincones donde la naturaleza y la accesibilidad se dan la mano, ofreciendo una experiencia inolvidable sin necesidad de grandes esfuerzos físicos. Un plan perfecto para cualquier estación del año.