turismo

El castillete más imponente de Cantabria que nadie te ha enseñado aún

El Pozo Peña Montero./ A.E

En una Cantabria que muchos asocian solo a verdes valles y mar, hay rincones donde el hierro aún habla. Donde la historia no se cuenta con piedras centenarias, sino con estructuras de acero que siguen en pie

Cantabria es una tierra de paisajes verdes, mar y montañas, pero también de profunda memoria industrial. En el municipio de Reocín, ubicado en la comarca del Saja, existe un lugar que resume a la perfección esa herencia: el Pozo Peña Montero. Esta estructura, símbolo de una época dorada del auge minero en Cantabria, no solo conserva su valor arquitectónico, sino también su fuerza evocadora.

Una historia excavada en el subsuelo

Durante más de un siglo, el municipio de Reocín fue un importante referente en la extracción de zinc. Entre todas las explotaciones, el Pozo Peña Montero ocupó un lugar central. Esta instalación minera fue una de las más relevantes del yacimiento, y aún se conserva su castillete metálico, una estructura que permitía el descenso y ascenso de los trabajadores y materiales en los niveles subterráneos de la mina.

Este pozo formaba parte de una red mucho mayor que situaba a Reocín entre las zonas mineras más activas del norte de España, gracias a la calidad y cantidad de su mineral. Cantabria y el zinc estuvieron durante décadas ligados por una economía y una cultura del trabajo que marcaron profundamente la identidad de localidades como esta.

El castillete, un símbolo de hierro y memoria

Hoy en día, el castillete del Pozo Peña Montero se mantiene en pie como un testigo del pasado industrial. Aunque el acceso al interior del pozo está restringido por motivos de seguridad, el entorno es perfectamente visitabile, ideal para quienes buscan rutas patrimoniales diferentes o disfrutan con la fotografía industrial.

La estructura se eleva sobre el paisaje como un monumento de acero, silencioso y solemne, recordando los miles de hombres que trabajaron en condiciones duras pero con una implicación que fue construyendo el progreso de la región. Este tipo de instalaciones, similares a las que aún se conservan en zonas mineras del País Vasco, Asturias o León, han empezado a valorarse como elementos de turismo industrial.

Una parada obligada en una ruta por Reocín

El Pozo Peña Montero puede ser incluido como parte de una ruta de turismo cultural e histórico por Reocín y sus alrededores. Muy cerca se encuentran el parque de La Robleda o las rutas junto al río Saja, lo que permite combinar naturaleza con historia en un mismo paseo.

Además, el pozo está siendo revalorizado poco a poco gracias a iniciativas patrimoniales y educativas. Visitar el entorno de Peña Montero es una forma de conectar con la historia reciente de Cantabria, de entender cómo el esfuerzo colectivo forjó un paisaje, unas costumbres y una identidad.

El legado minero: entre la tierra y la memoria

El impacto del zinc en Reocín fue mucho más que económico. Dio lugar a nuevos barrios, trajo ferrocarriles, impulsó escuelas y servicios públicos. Y también dejó cicatrices: sociales, medioambientales y emocionales. Pozo Peña Montero, con su estructura aún firme, es el mejor lugar para comprender esa dualidad. Es historia viva, metálica, visible, y al mismo tiempo es símbolo de lo que permanece cuando la actividad desaparece.