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Trenti, Anjana, Guajona... así es la ruta más mágica (y educativa) por los bosques cántabros

Apta para todos los públicos y situada junto al espectacular Mirador de Santa Catalina, esta ruta une turismo familiar, naturaleza y mitología cántabra en un solo recorrido

Senda Mitológica Las criaturas del Monte Hozarco. / A.E.
Senda Mitológica Las criaturas del Monte Hozarco. / A.E.

En lo más profundo del municipio de Peñarrubia, donde el bosque parece hablar y las cumbres de los Picos de Europa recortan el cielo, la Senda Mitológica del Monte Hozarco ofrece algo más que una simple ruta de senderismo: un viaje al corazón del imaginario ancestral de Cantabria, donde duendes, brujas, hadas y monstruos susurran historias al caminante desde los troncos y claros del bosque.

Este recorrido de algo más de un kilómetro, inaugurado en 2019, nace del deseo de recuperar, proteger y hacer visible la mitología cántabra, ese patrimonio inmaterial transmitido de generación en generación que explica con poesía el mundo natural, el comportamiento humano y los fenómenos inexplicables. Lo que antes se contaba junto al fuego, hoy se representa en forma de esculturas de madera que emergen entre robles, hayas y helechos, transformando el paseo en una experiencia narrativa al aire libre.

El sendero arranca en el espectacular Mirador de Santa Catalina, uno de los balcones más vertiginosos del Desfiladero de La Hermida, y se adentra en un trayecto accesible y familiar, apto para todas las edades. La dificultad baja, el trazado claro y el entorno natural majestuoso lo convierten en una de las rutas más recomendadas para hacer con niños en Cantabria. Las familias, centros educativos y curiosos de toda edad encuentran aquí una experiencia completa donde naturaleza, cultura y juego simbólico se dan la mano.

Durante el paseo, esculturas a escala real realizadas por artistas locales dan cuerpo a los personajes míticos de la mitología popular cántabra. El temible Ojáncano, representación del mal, la brutalidad y el caos, abre el camino. A su paso aparecen seres como el Trenti, duende de los bosques, la Anjana, hada protectora de viajeros y criaturas inocentes, o la Guajona, híbrido espectral entre bruja y vampiro que devora la vitalidad de los desprevenidos. También hay sitio para el Musgoso, el Ramidreju, el Tentirujo o la Sirenuca, entre otros personajes que forman parte de la rica cosmogonía cántabra.

Cada escultura está acompañada de paneles explicativos que detallan su origen, sus atributos simbólicos y su función dentro del relato tradicional. El uso de materiales nobles, como la madera, y la ubicación estratégica de cada figura refuerzan el carácter inmersivo de la senda. Así, el visitante no solo contempla, sino que interactúa emocionalmente con los mitos y comprende su papel en la visión del mundo rural tradicional.

La ruta —de aproximadamente 1,2 kilómetros— se completa en unos 45 minutos, aunque el ritmo puede ralentizarse al detenerse ante cada figura o al contemplar las impresionantes vistas del Desfiladero de La Hermida. El final del trayecto, o su comienzo para quienes lo hagan a la inversa, permite disfrutar del Mirador de Santa Catalina, un punto panorámico donde la mirada se pierde entre valles, riscos y barrancos.

La Senda Mitológica de Peñarrubia es más que un recurso turístico: es una herramienta pedagógica, una acción de rescate cultural y una apuesta por el turismo sostenible y el desarrollo rural creativo. Impulsada por el Ayuntamiento de Peñarrubia, en colaboración con asociaciones culturales y vecinos, la ruta demuestra cómo el patrimonio intangible, cuando se convierte en experiencia viva, puede dar vida nueva a una comunidad, fortalecer su identidad y atraer a un turismo sensible, curioso y respetuoso.

Situado en un enclave estratégico entre la costa cántabra y el entorno lebaniego, Peñarrubia suma con esta senda una propuesta que se aleja del turismo masivo y abraza el encuentro con el territorio, con sus mitos, su silencio, su verdad. Porque aquí, en el Monte Hozarco, los relatos no se han perdido: duermen bajo las hojas, se cuelan entre la niebla y despiertan cuando un caminante se detiene a escuchar.

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