Un castillo en miniatura escondido en Cantabria ¿Lo conocías?
Ubicada en un punto estratégico sobre el valle del río Nansa, a las afueras de la aldea de Obeso (Rionansa, Cantabria), la Torre de Rubín de Celis es un vestigio imponente de la arquitectura militar medieval. Su solitaria silueta, en lo alto de una loma rodeada de verdes colinas, parece sacada de un relato de antiguos puestos de avanzadilla, evocando fortificaciones como las que los romanos construían en las tierras de los pictos en Escocia. Sin embargo, esta torre no pertenece a esa época, sino que fue levantada entre finales del siglo XIV y principios del XV.
Un bastión defensivo en el valle del Nansa
Construida por la familia Rubín de Celis, uno de los linajes dominantes de la zona, la torre tenía como propósito controlar el paso por el valle y servir de defensa en tiempos convulsos. Originalmente, su estructura era más baja, pero en el siglo XVI se añadió una cuarta altura, alcanzando los 20 metros que hoy la caracterizan.
Diseñada con fines defensivos, su arquitectura responde a los cánones del gótico militar. Su planta es cuadrada, de 9 metros de lado, y está construida en sillarejo, reservando la sillería para los esquinales, vanos y elementos ornamentales. Su fachada principal, orientada al sur, presenta una puerta con arco ojival y, en el segundo piso, una ventana ajimezada con arcos apuntados. En su estructura también destacan los restos de una ménsula, que probablemente sostuvo un matacán o voladizo, desde donde los defensores podían arrojar proyectiles o líquidos sobre los atacantes.
Elementos arquitectónicos y restauración
A lo largo de sus muros se reparten varias saeteras, especialmente en el primer piso, lo que permitía a los arqueros defender la torre sin exponerse. Además, conserva ventanas ojivales, que le otorgan una elegancia propia del gótico tardío.
Actualmente, la torre se encuentra en proceso de restauración y rehabilitación con fines turísticos, lo que permitirá a los visitantes acercarse a este monumento y conocer de primera mano la historia de la Cantabria medieval.
Un símbolo de la arquitectura montañesa
La Torre de Rubín no es solo un testimonio de la arquitectura defensiva, sino también parte de un conjunto de construcciones históricas que definen la identidad de la región. En las localidades cercanas, como Cabuérniga, se conservan numerosas casonas montañesas de los siglos XVI al XVIII, caracterizadas por su piedra labrada, maderas talladas y solanas. En los pueblos de la zona, las calles empedradas, fuentes, boleras y plazas añaden un encanto especial, reflejando la riqueza del patrimonio rural de Cantabria.
Visitar la Torre de Rubín es sumergirse en la historia de los hidalgos montañeses y en un pasado de luchas, dominio territorial y arquitectura fortificada que aún hoy sigue en pie, desafiando el tiempo.