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El Diario de Cantabria

El Molino de Chocolate se derrumba y con él parte de la historia de la villa

Restos del molino de chocolate. / Saja
Restos del molino de chocolate. / Saja
El Molino de Chocolate se derrumba y con él parte de la historia de la villa

El edificio del Molino de Chocolate, ubicado en la mies de Domañanes, de Cabezón de la Sal, se derrumba y desaparecerá con él una parte de la historia de la villa. La maleza cubre el tejado, que parcialmente se ha venido abajo, de una curiosa instalación de propiedad particular, que lleva muchos años sin funcionar. El Ayuntamiento, que en su día habló de su reconstrucción para convertirle en un museo, que enriqueciera la historia de la localidad, no tiene la menor intención de recuperarle. Al menos, ningún grupo político ha planteado su rehabilitación. Siendo concejal de Turismo, Gustavo González (PP), anunció el proyecto de salvar la construcción, pero, el tiempo pasó y nada se hizo. Gustavo González fue uno de los artífices de la creación del Poblado Cántabro.

Según se recoge en ‘La Guía Integral de Recursos de Cabezón de la Sal’, Clemente García fundó en 1856 una pequeña fábrica conocida como ‘Chocolates la Selva’ para lo cual adaptó un molino harinero a las necesidades de la moldura del cacao. Además, incluyó un mecanismo que simultáneamente mezclaba con azúcar el cacao, para la elaboración posterior del chocolate.

El municipio de Cabezón de la Sal llegó a contar en el siglo XIX hasta con diez molinos hidráulicos, dedicados mayoritariamente a la molienda, si bien, los hubo destinados a otros usos. Algunas de estas edificaciones han estado en activo hasta no hace muchos años, como es el caso del molino harinero de Carrejo, que se mostraba al público al público como un aliciente turístico más, siendo consejero de Turismo, Cultura y Deporte el regionalista Francisco Javier López Marcano. Ahora está cerrado. La energía hidráulica se pudo explotar gracias al ‘Caz de los molinos’ un canal que se abastece de las aguas del río Saja. La producción de electricidad contribuyó, sin duda, al incipiente desarrollo industrial de la comarca.

A finales del siglo XIX al uso tradicional de la molinería por medio de la energía hidráulica deriva hacia la electricidad o a la producción de fuerza motriz de diversos ingenios mecánicos.  Emplearon esta energía empresas como la tonelería de piedra Juan Gutiérrez y Cía, y la quesería ‘La Suiza Montañesa’, además de la fábrica de chocolate.

La quesería construida en 1927 en la zona de La Estación aprovechaba la fuerza del agua en la tracción de las rejillas y poleas que movían los quesos en las diversas etapas de la elaboración. También, allí se mantuvo un molino adaptado para el torneado de areniscas, obteniendo piedras de afilar.

Queda explicado que el uso de esta energía barata impulsó la industrialización en Cabezón. Así, en las primeras décadas del siglo XX, surge la Textil Santanderina, la mayor empresa de la comarca, que se alimentaba de la central de la Hoz de Santa Lucía, un salto hidroeléctrico, que ahora la Confederación Hidrográfica del Cantábrico tiene cerrado.

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