Gastronomía

En medio del valle y con vistas: así es el restaurante de Cantabria que está enamorando a todos

Carnes de vaca tudanca, croquetas de gamba roja, vermut casero y una terraza con vistas. Así es la propuesta de la Taberna de Valle, uno de los secretos gastronómicos mejor guardados de Cantabria. Pura cocina con alma

Una de las opciones de la carta del restaurante. / A.E
Una de las opciones de la carta del restaurante. / A.E

En el paisaje tranquilo del valle de Cabuérniga, rodeado de montes, prados y esa Cantabria profunda que no necesita presentación, se esconde uno de los secretos mejor guardados para los amantes del buen comer: la Taberna de Valle. Un restaurante que ha sabido transformar un pequeño pub en un referente gastronómico gracias a la visión de Alfonso Sarabia, cocinero formado en la Escuela de Hostelería del IES Peñacastillo y con experiencia en casas como el Hotel Santemar o Los Infantes.

Estuvimos allí acompañados de un anfitrión de excepción, @caiman_foodie, y la experiencia lo confirmó: esta taberna es visita obligada si estás de ruta por la comarca. Tranquilidad, buen producto, cocina sincera y una carta que se aleja del tópico para explorar nuevos sabores sin olvidar la tradición.

Una carta que empieza con brasas y termina en arroces

El menú de nuestra visita comenzó con unas croquetas de gamba roja, sabrosas y de textura impecable. Le siguió un tomate con pimientos confitados y ventresca, que fue, sin exagerar, uno de los platos del día: equilibrio, frescura y producto en estado puro. Después llegó el pulpo a la brasa, con ese sabor profundo a leña que no se consigue sin técnica ni paciencia.

Para compartir, pedimos el chuletón de vaca cántabra, una pieza de excelente calidad, jugosa y perfectamente madurada. En carnes, Alfonso trabaja con confianza con vaca frisona y tudanca, dependiendo del corte, y su proveedor habitual es Miguel Cueto (Bádames), lo que le permite ofrecer maduraciones de hasta 45 días según la pieza.

En los postres, dos clásicos. Por un lado, una tarta de queso, correcta, ideal para amantes del equilibrio lácteo. Y por otro, una torrija de pan brioche con helado, absolutamente espectacular: cremosa, aromática y bien caramelizada.

Vermut casero y brasas que enamoran

Uno de los detalles que más nos gustó fue el vermut casero, preparado con mimo, ideal para comenzar la experiencia. Y es que aquí, la comida tiene su liturgia. Desde la selección de entrantes (croquetas, carpaccios, rabas de bogavante, espárragos de Navarra o jamón ibérico de bellota), hasta los platos principales, donde destacan los arroces, elaborados al momento, por encargo y con combinaciones originales.

Además del clásico arroz con bogavante o la paella de marisco, en la Taberna de Valle puedes probar un arroz con carne de Tudanca y verduras, uno con chuletón o un interesante arroz caldoso con cigalas. La variedad y la técnica hacen que cualquier opción sea acertada, siempre con fondo potente, punto perfecto y sabor concentrado.

Una propuesta diferente en el corazón de Cantabria

Alfonso Sarabia apostó por salirse de lo habitual. No ofrece cocido montañés, sino pescados frescos a la brasa, arroces de autor, carnes seleccionadas y una carta cambiante según temporada. El bonito del norte, el machote o incluso el rey y los percebes entran en carta según el día y el mercado. En pescados, también destaca la suprema de bacalao confitado con boletus, un clásico fuera de carta.

El local, ubicado en Población de Valle, 55 (Valle, Cantabria), funciona como punto de encuentro para los vecinos, pero su propuesta gastronómica se desarrolla principalmente en el exterior, bajo una estructura tipo carpa y una terraza acogedora con vistas al entorno natural. Un espacio pensado para disfrutar sin prisas, con el murmullo de la montaña como telón de fondo.

Taberna de Valle: cocina con identidad, producto con alma

Con una valoración sólida en las principales plataformas de reseñas, Taberna de Valle es mucho más que un restaurante de aldea. Es una apuesta por la cocina con alma, el producto de proximidad y la atención cercana. Su carta es cambiante, su técnica afinada y su ambiente, relajado. Un lugar donde cada bocado cuenta una historia.

Ya sea por el arroz, por el chuletón o por esa torrija de pan brioche que aún recordamos, esta taberna merece estar en el radar de todo el que visite el occidente de Cantabria. Y, por supuesto, ya tenemos claro que volveremos. El arroz queda pendiente.

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