Rincones con encanto del norte

Este diminuto pueblo de Cantabria guarda una de las rutas de cascadas más bonitas del norte

Ese lugar es Lamiña, uno de los rincones más naturales del Valle de Cabuérniga. / A.E
Pocos imaginan que tan cerca de Santander existe un pueblo medieval rodeado de praderas y bosques donde comienza un recorrido entre arroyos y cascadas

A menos de una hora de Santander, en pleno Valle de Cabuérniga, se encuentra Lamiña, un pequeño pueblo de Cantabria con menos de cien habitantes que conserva su esencia rural y medieval. Rodeado de montañas, bosques y arroyos, este enclave destaca por su entorno natural y por una de las rutas de senderismo más conocidas de la zona: la Ruta de las Cascadas de Lamiña.

Situado a 360 metros sobre el nivel del mar y a apenas tres kilómetros de Ruente, el pueblo se integra en el paisaje verde del valle medio del río Saja, muy cerca del Parque Natural Saja-Besaya.

Un pueblo con origen medieval

La historia de Lamiña se remonta al año 978, cuando su origen estuvo vinculado al antiguo monasterio de San Fructuoso, levantado durante la repoblación visigoda en la Alta Edad Media.

Con el paso del tiempo el pueblo se mantuvo como un pequeño núcleo rural, relativamente aislado, lo que ha permitido conservar parte de su carácter tradicional. Sus calles estrechas, casas llanas y casonas rurales reflejan la arquitectura popular del valle.

Uno de los elementos históricos más destacados es la Ermita de San Fructuoso, cuya construcción actual data de los siglos XVI y XVII, aunque sus orígenes se remontan al siglo IX.

La Ruta de las Cascadas de Lamiña

Uno de los mayores atractivos del lugar es la Ruta de las Cascadas de Lamiña, un recorrido natural de aproximadamente 7 kilómetros que atraviesa praderas, bosques de ribera y pequeños arroyos.

El sendero conecta los arroyos Moscadoiro y Barcenillas, que forman las conocidas Cascadas de Úrsula. El recorrido tiene un desnivel aproximado de 100 metros y suele completarse en entre tres y cuatro horas.

Se trata de una ruta sencilla, apta para todo tipo de caminantes, incluidos grupos familiares, y está bien señalizada durante todo el trayecto.

Dos formas de iniciar la ruta

La ruta puede comenzar desde Lamiña o desde el cercano pueblo de Barcenillas.

Si se inicia desde Lamiña, el camino atraviesa praderas abiertas y zonas de bosque, pasando cerca de la ermita de San Fructuoso hasta llegar a un cruce donde se une con el sendero que parte de Barcenillas.

Desde este segundo punto, el recorrido sigue la orilla del arroyo y atraviesa bosques de ribera, prados y pequeños puentes naturales formados por troncos, hasta llegar al tramo final donde se concentran las cascadas.

Bosques, agua y naturaleza en el Valle de Cabuérniga

El último tramo del sendero se adentra en un bosque más cerrado, donde la vegetación es más densa y donde se encuentran las diferentes caídas de agua que dan nombre a la ruta.

Este paisaje forma parte del entorno del Parque Natural Saja-Besaya, un espacio protegido que abarca 245 kilómetros cuadrados y conserva bosques, ríos y numerosas especies de fauna y flora del norte de España.

Un destino perfecto para senderismo

La Ruta de las Cascadas de Lamiña puede realizarse durante todo el año, aunque es recomendable extremar la precaución en días de lluvia, ya que algunas zonas pueden resultar resbaladizas.

La combinación de paisaje natural, arroyos, cascadas y arquitectura rural convierte a Lamiña en uno de esos lugares donde es posible descubrir la esencia de la Cantabria más natural y tranquila, a pocos kilómetros de la costa.