Una ventana infinita a los valles del occidente cántabro

El balcón natural de Cantabria sobre el valle del Nansa y el alma geológica de El Soplao

Vistas desde el mirador. / A.E.
Este lugar es una parada obligatoria si visitas El Soplao

El silencio solo lo rompe el viento. Desde el mirador de Rábago, la mirada se pierde en un mar de montañas, valles, mieses y aldeas suspendidas entre el cielo y la historia. Estamos en Herrerías, subiendo hacia la cueva de El Soplao, y este balcón natural es mucho más que un alto en el camino: es una lección de geografía emocional, una invitación a comprender Cantabria desde su belleza más profunda.

Mirador de Rábago: Cantabria en estado puro

Situado en la carretera que asciende hacia la cueva de El Soplao, el mirador de Rábago es uno de esos rincones que merecen más de una parada. Desde aquí se abre una panorámica de 360º sobre el valle del Nansa, con vistas que alcanzan territorios de Rionansa, Lamasón y hasta la Sierra de Cuera en Asturias.

El contraste entre las tierras bajas cultivadas y los contornos escarpados de las montañas es sobrecogedor. La mirada se posa en las cumbres de Peña Sagra, los Picos de Ozalba, el macizo de Arria y las alturas de Peñarrubia, con sus verdes praderías colgadas entre dolinas y calizas. Hacia el norte, se distingue Bielva, compacto sobre la falda de Peña Linares; al fondo, se adivinan los núcleos de Otero, Casamaría, Cabanzón y Camijanes.

Geología viva y paisaje cultural

La zona es un libro abierto de historia geológica. El Cueto de Garavillines, el Picu Hubón o la Sierra de la Collada cuentan, con sus formas y colores, millones de años de evolución natural. Las tierras modeladas por los ríos Pas y Lamasón son un espectáculo de areniscas triásicas, flysch y calizas terciarias, cubiertas por bosques autóctonos y repoblaciones.

La mies de Cades, aún parcialmente labrada, muestra la herencia agraria con su sistema tradicional de acequias y parcelas abiertas. En su paisaje aún resiste el orden antiguo: herbazales, árboles dispersos, aldeas escalonadas y el trazo tranquilo del río. Todo compone una estampa que parece detenida en el tiempo.

En reconstrucción

La Consejería de Fomento ha anunciado la próxima licitación del proyecto para la reconstrucción y acondicionamiento del Mirador de Rábago, en el municipio de Herrerías, ubicado en la carretera de acceso a El Soplao desde la localidad de Rábago, con un presupuesto de 354.701 euros y un plazo de ejecución de 6 meses.

En nota de prensa, el titular del área, Roberto Media, ha explicado que actualmente esta infraestructura no puede ser utilizada debido al incendio que sufrió esta instalación y que afectó gravemente a su estructura.

El consejero, que ha recordado que el Ayuntamiento de Herrerías acometió de forma provisional el refuerzo de la pasarela tras el suceso, ha asegurado que estos trabajos permitirán "volver a disfrutar de esta instalación, mejorando la accesibilidad y la seguridad de los usuarios y empleando materiales que garanticen su durabilidad".

Las obras contemplan la reconstrucción de esta infraestructura que ofrece vistas a la Sierra de la Collada (Herrerías), el Valle de Lamasón y los Picos de Europa.

La estructura del mirador consta de una pasarela peatonal de unos 90 metros de longitud con una anchura de dos metros y medio, y conecta el aparcamiento ubicado en el interior de la plataforma con dicho mirador dispuesto en el extremo de la curva.

Qué ver y hacer en los alrededores

Además del mirador, hay mucho más por descubrir en esta comarca:

  • La cueva de El Soplao: joya geológica mundial, famosa por sus excéntricas, ámbar fósil y arqueología industrial.
  • La ferrería de Cades: del siglo XVIII, hoy es centro de interpretación y memoria viva de la siderurgia preindustrial.
  • Rábago y Bielva: dos pueblos con iglesias y casonas del siglo XVI, perfectos para un paseo tranquilo.
  • Carmona: referencia etnográfica por sus albarcas talladas y su estética tradicional lebaniega.
  • Tudanca: casco viejo declarado Bien de Interés Cultural y hogar de la Casona de José María de Cossío.

Gastronomía de altura

La cocina de esta comarca es el reflejo de su tierra: contundente, honesta y llena de sabor. Aquí el cocido montañés calienta el alma, los boronos y el sorropotún reviven recetas antiguas, y los quesos, leches, hojaldres y carnes hablan de una cultura ganadera orgullosa de sus raíces. Comer aquí es también una forma de mirar el paisaje con otros ojos.

Desde el mirador de Rábago, Cantabria se vuelve infinita. Cada cumbre, cada mies, cada arroyo murmura historias que esperan ser escuchadas. Es un lugar para detenerse, para contemplar, para comprender que el tiempo y la tierra tienen aquí un ritmo distinto. Y quien lo descubre, lo sabe: hay miradores que no se olvidan nunca.