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El Diario de Cantabria

Continúa el abandono municipal del lavadero de Sajón en Cabezón

Fachada del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal.
Fachada del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal.
Continúa el abandono municipal del lavadero de Sajón en Cabezón

Continúa el abandono del lavadero de Sajón, en el barrio cabezonense de La Pesa. Su deterior es evidente, con la vegetación inundando el tejado y la suciedad de todo el entorno, en el que habitan una serie de patos y otras anátidas. La estructura de madera está seriamente dañada por el paso del tiempo y la ausencia de labores de conservación. Aunque el lugar tiene cerrado el acceso al público, es muy frecuentado por niños y adultos debido a las aves acuáticas que allí viven.

Los vecinos de la zona vienen demandando su reparación ante los odios sordos del Ayuntamiento, que mantienen el lugar en un lamentable estado.

El alcalde de Cabezón de la Sal, anunció hace más de 2 años que los trabajos se llevarían a cabo con  trabajadores del programa de Corporaciones Locales del Gobierno de Cantabria, pero, lo cierto es que se han cumplido varios contratos,  el tiempo va pasando, y el lavadero, no se arregla.

El de Sajón, que   es el único lavadero que queda en la villa de sal, aprovecha las aguas del río Sajón, un ramal del Saja. Se  demanda su reparación por ser un enclave que habla de la historia de Cabezón de la Sal y, especialmente, de las mujeres del barrio de La Pesa.

Se conserva otro en Santibáñez de Carrejo, que se alimenta de una fuente pública, y que tiene un buen estado de conservación. En Casar de Periedo existe otro, en las proximidades de las vías de Feve, que ha sido objeto de atención, gracias a las ayudas de la entonces Consejería de Innovación, Industria y Turismo. Un espacio etnográfico singular, que habla de la historia del pueblo. Aquí se acondicionó la fábrica de ladrillo, la pila de mampostería, los enfoscados y los pintados. Además, se hizo una nueva estructura de madera aserrada, con teja cerámica mixta roja sobre placa rígida de impermeabilización.

Una parte de los muchos lavaderos que existieron en los pueblos de Cantabria han desaparecido por la dejadez de las administraciones, aunque otros han sido rehabilitados, pese a que  ya no cumplan sus fines originales. La función de estos lavaderos, aparte de la lavar ropa y otros utensilios, llevando las mujeres la losa de madera o raspador, el jabón y el barreño,  era la de lugar de reunión, donde  se hablaba y comentaba cualquier noticia o acontecimiento.

En estos espacios  nacieron expresiones como ‘lavar los trapos sucios’ en relación a criticar a otros y ‘hay ropa tendida’ como aviso de que no se podía hablar delante de una persona determinada o de algún niño.

Continúa el abandono municipal del lavadero de Sajón en Cabezón
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