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El Diario de Cantabria

Comienza la berrea de los ciervos, braman los montes de Cantabria

Dos machos en plena lucha. / A. del Saja
Dos machos en plena lucha. / A. del Saja
Comienza la berrea de los ciervos, braman los montes de Cantabria

El habitual silencio de los montes de Cantabria se ve estos días turbado por el canto amoroso de los ciervos. Es la época de celo, la llamada anual de la naturaleza que invita a la población cervuna a aparearse para procrear. Los machos braman lanzando al aire sus desafiantes y desgarradores sonidos para alertar a quien trate de invadirle su territorio de que es él el señor del harén y, a la vez, para atraer a las hembras a sus dominios. Con el celo, los venados abandonan las espesuras del bosque para buscar zonas más llanas y limpias donde poder realizar su ‘parada nupcial’ y las luchas con otros machos que osen compartir sus hembras.

Mientras los venados braman al caer la tarde y al amanecer, los cazadores aprovechan la berrea para llevar a cabo la muerte de aquellos dotados de mejor cornamenta. Y, también, los curiosos, excursionistas y amantes de la naturaleza se adentran en los bosques para escuchar ese espectáculo amoroso de bramidos, luchas y cubriciones.

La berrea ha comenzado estos días, especialmente en las zonas bajas, pero llegará a su máximo esplendor en la última semana de septiembre y en la primera de octubre. Concretamente, el arranque de la temporada de caza del jabalí en montería en la Reserva Regional de Saja sirvió para que los participantes en las primeras monterías pudieran escuchar al amanecer los bramidos. Sin embargo, en las zonas altas, como, por ejemplo Sejos, aún no se ha dejado sentir con fuerza. Fuentes consultados por este periódico han indicado que la berrea en los últimos años se viene adelantando, como consecuencia del cambio climático y que los venados se dejan ver con una mayor facilidad, porque, en su opinión, se están «medio domesticando» como consecuencia de la invasión humando en su hábitat natural. Según los últimos censos realizados hace años, se estima que el ciervo ibérico tenía un censo en Cantabria en torno a los 2.000 ejemplares.

caza. Coincidiendo con la berrea la Administración Regional autoriza la caza de los venados. Concretamente, del 1 de septiembre al 18 de febrero se llevan a cabo los recechos, autorizando la muerte de 92 ejemplares, de los que 6 permisos son para recechar machos de trofeo, 66 no ‘medallables’ y 20 selectivos. Además, del 1 de febrero al 31 de marzo se permiten la realización de 10 batidas a los ayuntamientos y juntas vecinales propietarias de terrenos dentro de la reserva cántabra.

Los montes de la comunidad norteña, y, especialmente, los incluidos en las 168.000 hectáreas que conforman la Reserva Nacional de Saja, han sido y siguen siendo un hábitat ideal para el desarrollo de esta especie, cuyos primeros ejemplares procedentes de los montes de Toledo, se soltaron en terrenos de Ucieda, en la década de los años 50. Su magnífica aclimatación ha hecho que su censo aumentase con facilidad, criándose destacados ejemplares y llegando a crear, en algunos momentos y zonas, problemas de superpoblación, lo que obligó a aplicar planes de caza selectiva para reconducir su número y reducir los daños que acostumbraban a crear en las praderías y sembrados de fincas particulares. En la actualidad, su censo ha disminuido notablemente.

Durante el celo los machos del venado utilizan una estrategia sencilla: hacerse respetar ante sus rivales y llegar a reunir el mayor número posibles de hembras con las que aparearse, para lo que, tendrá que medir sus fuerzas con el semejante que ose desafiarle y arrebatarle la hegemonía de su territorio.

Muchas veces no será necesario el llegar a luchar con el ‘intruso’; bastará una breve persecución para que el desafiante se aleje al comprobar su inferioridad de condiciones. El combate haciéndose chocar violentamente sus cornamentas sólo tiene lugar cuando ambos contendientes están seguros de su fortaleza y de sus posibilidades de victoria. La lucha amorosa consiste en empujarse mutuamente para dirimir quién es el más fuerte y, por tanto, con derecho a dejar su semilla reproductora en las venadas enceladas.

BRAMA. Los días húmedos son cuando, especialmente, los venados lanzan al aire sus espectaculares y broncos bramidos que atraen a las hembras, y, también, a los cazadores y curiosos observadores que no quieren perderse el soberbio espectáculo de ver o, cuando menos, sentir la presencia de un venado berreando imponente y soberbio, en actitud desafiante, con el cuello hinchado y la cuerna echada hacia atrás, llamando a las ciervas próximas y dispuesto a medir sus fuerzas con aquellos otros machos que intenten disputarle la hegemonía del territorio.

La berrea constituye un periodo de especial importancia para la población cervuna, ya que gracias a la selección que imponen los machos más fuertes, serán éstos, los más vigorosos, los que fecundarán a un mayor número de hembras, transmitiendo de esta manera la mejor herencia genética posible.

LA CUERNA. La cuerna de los venados, al igual que la de otros cérvidos, como el gamo o el corzo, aunque diferentes, tienen la principal función de intimidar al adversario y, si es necesario, vencerle si hay lucha. Las ciervas no tienen cornamenta y se las diferencia, también, por el color canela de su escudo anal. A los profanos les cuesta creer que tan aparatosas defensa sean renovadas cada año. Así es. La primera cornamenta de los jóvenes venados consiste en dos finas puntas que adornan su testa, con lo que se denominan ‘varetos’ en los ambientes venatorios. En los próximos años el animal irá desarrollando ramificaciones cada primavera partiendo de una cuerna nueva, ya que al final del invierno ésta se desprende otorgando al macho un aspecto similar al de la cierva, pero por poco tiempo, puesto que de marzo a julio, le crecerá unos nuevos cuernos, que suelen alcanzar su mayor tamaño a partir de los 6 u 8 años de edad.

En un macho adulto, una cuerna bien desarrollada, de las que buscan los cazadores para obtener un sobresaliente trofeo que pueda ser homologado como medalla de oro, plata o bronce, suele pesar unos 7 kilos, una cuarta parte de los huesos de su esqueleto.

Mucha gente aviva la creencia equivocada de que el número de púas de la cornamenta delata el número de años del venado. Nada más lejos de la realidad. El tamaño y las ramificaciones de la cuerna de los ciervos dependen de su alimentación. Cuando mejor sea ésta, mejor serán sus cuernos. Los más sobresalientes se suelen conseguir cuando el animal tiene una edad que oscila entre los 6 y los 15 años.  A partir de los 15 años, por lo general, la cuerna degenera, siendo cada año más pequeña y con menos púas. La edad media de un ciervo se sitúa en torno a los 20 años, si bien, algunos ejemplares que viven en cautividad han llegado a cumplir las ‘bodas de plata’.

Las puntas, la disposición, la simetría y el grosor, que son los parámetros que se utilizan para la puntuación del trofeo, dependen de la alimentación y de otras circunstancias, independientemente de la edad del macho.

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