El pueblo de Cantabria donde aún se hacen albarcas a mano
Lejos de museos y recreaciones, aquí los oficios rurales siguen formando parte de la vida cotidiana
Entre sus valles verdes y sus costas escarpadas, Cantabria sorprende no solo por su naturaleza, sino también por una constelación de pueblos singulares que conservan historia, identidad y carácter propio. Entre ellos destacan enclaves poco conocidos pero cargados de simbolismo, como un pueblo vinculado al arte prehistórico, otro marcado por la huella del indiano, un micropueblo de leyenda o esta pequeña localidad del valle del Nansa que permanece ajena al turismo masivo.
Siguiendo la carretera CA-182, aparece Carmona —la cántabra, no la sevillana—, envuelta en un microcosmos verde que parece abrazar el trazado de sus calles. A ambos lados se alinean casas de piedra tradicionales, formando una estampa que resume la esencia rural de la región.
Un tesoro urbano rodeado de un entorno privilegiado
En pleno valle de Cabuérniga, dentro de la Reserva del Saja, Carmona representa como pocas el modelo de aldea tradicional de Cantabria. Con apenas 200 habitantes, conserva un casco urbano de trazado original, salpicado de casas populares y casonas históricas, lo que le ha valido la declaración de Conjunto Histórico-Artístico y su inclusión en la lista de Los Pueblos más Bonitos de España desde 2019.
Uno de los grandes referentes arquitectónicos es el Palacio de los Díaz Cossío y Mier, una construcción del siglo XVII que hoy funciona como Parador de Turismo. Junto a él destaca la Iglesia de San Roque, principal símbolo del patrimonio religioso local, impulsada por el indiano Pablo Fernández Calderón, al igual que la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe.
Más allá del casco urbano, el mirador de la Asomada del Rivero permite contemplar el entorno natural que rodea la localidad, con vistas hacia los Picos de Ozalba y la sierra del Escudo de Cabuérniga, un paisaje de bosques densos y praderas que refuerza la sensación de aislamiento y autenticidad.
Tradición ganadera y oficios artesanos
El pasado de Carmona está profundamente ligado a la ganadería y a los oficios artesanos, una herencia que aún hoy sigue presente. Paseando por el pueblo no es extraño encontrar a un albarquero, trabajando la madera con destreza para dar forma a las albarcas, el calzado tradicional de la zona, mientras resuena la expresión popular de “voy a por tajos”, utilizada en el inicio del proceso artesanal.
En los prados que rodean la localidad pace con tranquilidad la vaca tudanca, raza autóctona y uno de los símbolos de Cantabria, tan ligada a la identidad del pueblo que cuenta incluso con una escultura dedicada en una de sus calles.
Carmona es, en definitiva, un ejemplo de cómo patrimonio, paisaje y tradición pueden convivir sin artificios, ofreciendo una experiencia auténtica en el corazón rural de Cantabria.