25.07.2021 |
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Cabezón de la Sal llegó a contar con 16 molinos hidráulicos en el siglo XIX

Molino y central eléctrica La Cabroja. / SAJA
Molino y central eléctrica La Cabroja. / SAJA
Cabezón de la Sal llegó a contar con 16 molinos hidráulicos en el siglo XIX

El municipio de Cabezón de la Sal llegó a contar en el siglo XIX con 16 molinos hidráulicos, dedicados mayoritariamente a la molienda, si bien, los hubo destinados a otros usos. Algunas de estas edificaciones han estado en activo hasta hace pocos años, como es el caso del molino harinero de Carrejo, que se ha venido mostrando al público como un aliciente turístico más. El diccionario de Pascual Madoz refleja que en aquellos años había censados 3 molinos en Carrejo y Santibáñez, 8 en Cabezón de la Sal, 2 en Ontoria y Vernejo, y 3 en Casar de Periedo. La actividad molinera en Cabezón de la Sal viene de antiguos. Hay documentación de que en el año 1.403 existían 2 molinos; en 1.472 funcionaban 3 y en 1482, 4, según recoge Ricardo Aguirre en su libro «Cabezón de la Sal en los siglos XVII, XVII y XIX».

En 1.753 hay constancia de 8, todos de 2 ruedas y con un nivel de trabajo muy parecido y dedicado a la molienda de maíz, soporte principal de la agricultura en la zona. Se asentaban en el cauce del río Sajon. Eran, de arriba a abajo, el de Palacio de Arriba en Domañanes, el Palacio de Abajo, El Sajón, La Braña, Parrado de Arriba, Parrado de Abajo, San Martín y El Nuevo Esgobio. Unos eran de propiedad particular, otro de la Capellanía de Cos y otro del Concejo. El Catastro del Marques de Ensenada, en 1.757 contabilizaba 9 en el término de Cabezón. Si bien, en aquellos tiempos todos se dedicaban a la molienda, con el paso del tiempo algunos se adaptaron para otros fines. La energía hidráulica se pudo explotar gracias al «Caz de los Molinos» un canal que se abastece de las aguas del río Saja, a la altura de Santa Lucía. L

a producción de electricidad contribuyó, sin duda, al incipiente desarrollo industrial de la comarca. A finales del siglo XIX al uso tradicional de la molinería por medio de la energía hidráulica deriva hacia la electricidad o a la producción de fuerza motriz de diversos ingenios mecánicos. Emplearon esta energía empresas como la tonelería de piedra Juan Gutiérrez y Cía, la quesería «La Suiza Montañesa» la fábrica de chocolates «La Selva», la fábrica de sal y, también, una carpintería que hubo en los bajos de un edificio que ocupó la empresa Bedón, en la zona de La Estación. Según se recoge en «La Guía Integral de Recursos de Cabezón de la Sal», Clemente García fundó en 1856 una pequeña fábrica conocida como «Chocolates la Selva» para lo cual adoptó un molino harinero a las necesidades de la moldura del cacao.

Además, incluyó un mecanismo que simultáneamente mezclaba con azúcar el cacao, para la elaboración posterior del chocolate. Otros se adaptaron para la producción hidráulica, como el de la Electra Sánchez Ramos, conocida popularmente como Pozo de la Luz, que posibilitó que Cabezón de la Sal fuera uno de los primeros lugares de Cantabria que dispusieran de alumbrado eléctrico, gracias a la aportación de los hermanos indianos Sánchez Ramos, que se casaron con 2 hijas de Benito Juárez, presidente de México. Otra central hidroeléctrica, que ayuda a la anterior, fue la de La Cabroja.

En el año 1.909 ya funcionaba ésta, comunicada por teléfono con la de Sajón, que ayuda a remediar la insuficiencia de energía de ésta. La quesería construida en 1.927 en la zona de La Estación aprovechaba la fuerza del agua en la tracción de las rejillas y poleas que movían los quesos en las diversas etapas de la elaboración. También, allí se mantuvo un molino adaptado para el torneado de areniscas, obteniendo piedras de afilar.

Queda explicado que el uso e esta energía barata impulsó la industrialización en Cabezón. La tradición molinera de Cabezón de la Sal, en algunas ocasiones se vio ensombrecida por la desgracia. El peligro de los cauces, de las crecidas e inundaciones de los arroyos, en ocasiones por su falta de limpieza y cuidado, dejó huella en la memoria de los que lo padecieron de primera mano. Así, el 1 de Marzo de 1881 Miguel Otaño, vecino de Cabezón, tuvo que enfrentarse a la trágica partida de su hija Rita al hallarla ahogada, a las doce de la mañana, en una de las canales del molino de Sajón, a los 14 años de edad. El 11 de Septiembre de 1882 se repetía la tragedia, apareciendo ahogado en el cauce del molino de La Cabroja Francisco González. Casado con María Arquiaga, de 6 hijos huérfanos. Y el periódico el Atlántico de 25/VI/1.892, recogía la noticia del fallecimiento por ahogamiento en el canal del molino de Carrejo de la niña de 6 años, Bautista Faces Puente, hija de Quintín y Marcelina, vecinos del pueblo.

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