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Tres lugares mágicos en Cantabria que (aún) escapan del turismo masivo

Vista panorámica desde el mirador de la Picota. / A.S.
Te descubrimos tres lugares que solo los viajeros más curiosos conocen: uno de ellos, tan exclusivo que requiere reserva previa

Cantabria, tierra de mar y montaña, sigue revelando tesoros escondidos para quienes se atreven a salir de las rutas turísticas más transitadas. Esta región del norte de España, marcada por paisajes dramáticos, valles verdes y una cultura profundamente ligada a la tierra y al mar, ofrece algunas de las escapadas más sorprendentes del verano. En esta ocasión, reunimos tres lugares mágicos que ofrecen experiencias diferentes pero igual de inolvidables: uno de ellos, tan especial, que sólo puede visitarse con reserva previa.

1. El Faro del Caballo: una joya esculpida entre acantilados

Ubicado en el corazón del monte Buciero, en Santoña, el Faro del Caballo no es un destino cualquiera. Es una experiencia en sí misma. Para alcanzarlo, el viajero debe descender 763 escalones tallados en la roca, un esfuerzo físico que se ve ampliamente recompensado con la visión de este faro solitario, recortado contra el azul intenso del mar Cantábrico, a los pies de impresionantes acantilados.

Desde el verano de 2024, el acceso se ha regulado para proteger este espacio natural único: solo se puede visitar con reserva previa gratuita, disponible a través de la web del Ayuntamiento de Santoña. La medida está activa durante julio y agosto, y forma parte de un programa piloto impulsado por el Gobierno de Cantabria y CANTUR para evitar la masificación de este enclave natural.

Allí abajo, junto al agua, se respira un silencio poderoso. Quienes lo visitan hablan de una sensación de aislamiento casi mística. Una escalera que parece descolgarse del monte, un faro que apunta al infinito y la posibilidad de un baño inolvidable en aguas transparentes: el Faro del Caballo es uno de esos lugares que te cambia la mirada sobre la costa cántabra.

2. La Picota de Piélagos: el mirador más accesible (y espectacular)

En contraste con el esfuerzo físico que implica llegar al faro, la cima de La Picota, en el municipio de Piélagos, se alcanza con facilidad y ofrece una de las vistas más espectaculares del litoral norte. Con apenas 240 metros de altitud, esta elevación se alza majestuosa entre el mar y los pinares. El sendero más directo parte del pueblo de Mortera y se recorre en unos 20 minutos, lo que lo convierte en un plan perfecto para toda la familia, incluidos niños o caminantes menos experimentados.

Desde lo alto, el visitante puede contemplar la Ría de Mogro, el Parque Natural de las Dunas de Liencres y el rugido tranquilo del Cantábrico al fondo. Además del valor paisajístico, el lugar guarda huellas históricas: se conservan restos de búnkeres y torres de vigilancia de la Guerra Civil, que añaden una capa de memoria a este escenario natural.

Subir a La Picota es una invitación al atardecer, a la fotografía y al recogimiento. Una pausa contemplativa en mitad del verano, que conecta el pasado con el presente desde uno de los mejores balcones de Cantabria.

3. Valles Pasiegos: el alma rural de Cantabria en estado puro

Si el mar impresiona y la montaña asombra, el valle acoge. Los Valles Pasiegos son, quizá, el rostro más auténtico de la Cantabria profunda. Un mundo de praderas eternamente verdes, casas de piedra salpicadas entre las laderas, aldeas que parecen detenidas en el tiempo y un modo de vida que resiste, tozudamente, al vértigo de la modernidad.

Los pueblos de Vega de Pas, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera son los núcleos de esta comarca que fue cuna de delicias como el sobao pasiego o la quesada, emblemas de una cultura ligada al pastoreo, al esfuerzo y a la tradición. Museos etnográficos, ermitas rurales, ríos que cruzan los valles y senderos escondidos entre bosques húmedos ofrecen al visitante una inmersión auténtica, lejana a los artificios.

La ruta por la CA-633, una serpenteante carretera de montaña, es en sí misma un regalo visual. Aquí no hay grandes monumentos ni multitudes. Solo paisaje, silencio, raíces y memoria.

Dormir como un rey: el Parador de Limpias, joya final de la escapada

Para redondear esta aventura entre el mar más bravío, los miradores más dulces y los valles más serenos, nada mejor que una noche en el Parador de Limpias. Antigua residencia estival del rey Alfonso XIII, este palacio histórico —el Palacio de Eguilior— se sitúa junto a la ría del Asón, en un entorno donde la naturaleza y la historia se abrazan.

Sus jardines, su cocina basada en producto local —desde el cocido montañés hasta las anchoas de Santoña o el arroz con bogavante—, sus habitaciones elegantes y su ambiente señorial convierten cualquier viaje en una experiencia para recordar.

El Faro del Caballo, La Picota y los Valles Pasiegos no son solo lugares. Son formas de sentir el verano en Cantabria: entre acantilados que cortan la respiración, miradores que abrazan el horizonte y aldeas donde cada piedra cuenta una historia. Para quienes buscan naturaleza sin artificios, emoción sin estridencias y belleza sin filtros, estos tres destinos son una puerta abierta al corazón del norte.