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Tiene un puente “romano”, aguas que curan y una leyenda imposible: este rincón de Cantabria sorprende

Vista del Hombre Pez junto al puente de Liérganes. / A.P.

Entre aguas que curan y leyendas que perduran, Liérganes se revela como una joya del turismo cultural y natural en Cantabria

Liérganes no necesita artificios. Su nombre, esculpido en siglos de historia, resuena entre los ecos del río Miera y los muros centenarios de piedra que dibujan sus calles. Declarado Conjunto Histórico-Artístico Nacional en 1978, este enclave cántabro es hoy un referente del turismo cultural y rural en el norte de España.

Ubicado en el extremo norte de los Valles Pasiegos, y a pocos minutos de la costa, Liérganes ofrece una simbiosis perfecta entre naturaleza exuberante, arquitectura nobiliaria de los siglos XVII y XVIII, y una tradición termal que lo convierte en un destino imprescindible para quienes buscan desconexión con contenido.

El Puente Mayor: piedra, historia y símbolo eterno

Pocas construcciones en Cantabria condensan tanta carga simbólica como el Puente Mayor de Liérganes. Aunque conocido popularmente como “Puente Romano”, su origen data de finales del siglo XVI y su ejecución se completó en 1606. Este puente de sillería, de dos arcos de medio punto, cruza el río Miera con la serenidad de quien ha visto siglos pasar sin quebrarse.

Junto a él, el antiguo molino harinero de 1667, hoy convertido en Centro de Interpretación del Hombre Pez, añade el componente mítico que completa el imaginario del pueblo. Allí se revive la leyenda de Francisco de la Vega, el joven que desapareció en el río y fue hallado años después, con escamas, en la bahía de Cádiz, repitiendo una sola palabra: “Liérganes”.

Patrimonio histórico: casonas, palacios y tradición armamentística

El legado de Liérganes se extiende más allá de la mitología. En el siglo XVII, Jean Curtius, industrial belga, eligió el pueblo para instalar la primera fundición de artillería de hierro de España, aprovechando el caudal del Miera, la cercanía de minas de hierro y bosques, y la destreza de los artesanos locales. De aquel periodo aún se conservan edificaciones como la imponente Casa de los Cañones en la Plaza del Marqués de Valdecilla.

Entre las joyas arquitectónicas también destacan la Casa Setién (siglo XVI), la Casa del Intendente Riaño, y el Palacio de la Rañada, ejemplo del poderío nobiliario en el interior de Cantabria.

Balneario de Liérganes: aguas que curan desde el siglo XIX

Si algo define la identidad moderna del pueblo es su balneario termal, fundado en 1862. Ubicado en el entorno de la Fuente Santa, sus aguas sulfurosas y bicarbonatadas han sido utilizadas durante generaciones para tratar afecciones respiratorias, dermatológicas y reumatológicas. Fue tal su prestigio, que incluso Alfonso XIII eligió estas instalaciones para sus temporadas de descanso.

Hoy, el Balneario de Liérganes sigue en funcionamiento, ofreciendo circuitos termales, duchas Vichy, masajes y programas de bienestar, todo ello rodeado de un parque centenario que invita a la contemplación y al silencio.

Un paseo por la historia: qué ver en Liérganes

Recorrer Liérganes es como hojear un libro abierto al barroco montañés:

  • Plaza del Marqués de Valdecilla, con su casona señorial y balconadas floridas.

  • Iglesia de San Pedro Advíncula (siglo XVII), de arquitectura robusta y espíritu sobrio.

  • Iglesia de San Pantaleón (siglo XIV), patrón de la villa y símbolo de devoción popular.

  • Mercado dominical, donde productos artesanos, sobaos pasiegos, quesadas, embutidos y artesanía local llenan de vida el paseo del Hombre Pez.

Turismo activo: entre bosques, rutas y sabor cántabro

Liérganes no se contempla solo desde su patrimonio arquitectónico. Sus alrededores ofrecen rutas de senderismo hacia los Montes de Busampiro o los Picos de Rucandio, y la posibilidad de recorrer la Vía Verde del Pas. Al turismo de calma se suma el de movimiento, en plena naturaleza.

La gastronomía local también brilla. En sus mesones y restaurantes —como El Ojo del Ábrego o el conocido Cervezas Dougall’s— se puede disfrutar de platos montañeses con identidad, maridados con cervezas artesanales de renombre.

Liérganes está perfectamente comunicado: a solo media hora de Santander por la línea C-1 de cercanías de Renfe, o por carretera a través de la A-8 y la N-634.

Cualquier estación del año es propicia para visitarlo, pero primavera y otoño permiten apreciar su luz más suave y evitar las aglomeraciones estivales. En verano, la villa se llena de actividades culturales y ferias que revitalizan su centro histórico.