Los siete mejores campings de Cantabria recomendados por sus visitantes
Cantabria es uno de esos lugares donde la naturaleza lo envuelve todo. Sus paisajes verdes, sus montañas abruptas, su costa salvaje y sus pueblos con sabor antiguo conforman un territorio perfecto para ser recorrido a fuego lento. Y entre las muchas formas de disfrutarla, el camping se ha convertido en una de las más auténticas y enriquecedoras.
Desde la costa oriental hasta las estribaciones de los Picos de Europa, seleccionamos siete campings cántabros que destacan por su ubicación privilegiada, entorno natural y calidad de servicios. Un recorrido por alojamientos que no solo ofrecen cobijo, sino también vivencias.
La Viorna: un balcón sobre los Picos de Europa
El Camping La Viorna es una joya escondida a tan solo un kilómetro del histórico pueblo de Potes. Situado en pleno corazón de los Picos de Europa, este lugar es un remanso de paz para quienes buscan aire puro, paisajes imponentes y desconexión total.
Con parcelas amplias, piscina climatizada y una atención cálida que roza lo familiar, La Viorna se distingue por algo que va más allá de sus servicios: su entorno. Las montañas envuelven el camping como un abrazo y los senderos se abren paso hacia rutas espectaculares, perfectas para caminar, respirar y observar.
La cercanía a Potes añade un valor añadido: mercados tradicionales, cocina montañesa y arquitectura popular que completan una experiencia inmersiva en la Cantabria más auténtica.
Playa Joyel: el reino del mar en Noja
En la costa oriental, el Camping Playa Joyel ocupa un lugar privilegiado junto a la Playa de Ris, en la localidad de Noja. Aquí, el Cantábrico marca el ritmo del día. Las olas, el viento y la brisa marina envuelven un espacio donde se combina la vida de camping con el disfrute del mar.
Sus instalaciones incluyen piscina, zonas de juego, restaurantes y accesos directos a una de las playas más valoradas de la región. Perfecto para familias con niños, grupos de amigos o quienes quieren tener la playa como jardín trasero.
Además, su ubicación permite acceder fácilmente a enclaves como Santander, el Parque de Cabárceno o las Cuevas de Altamira, haciendo de este camping un campamento base ideal para conocer la región.
Virgen del Mar: la calma junto al acantilado
A las afueras de Santander, el Camping Virgen del Mar ofrece una experiencia más íntima y pausada. Situado junto a la playa que lleva su nombre, se presenta como un refugio para quienes huyen del ruido y las multitudes.
Este pequeño camping destaca por su ambiente sereno, sus vistas al mar y su cercanía a una de las playas más encantadoras del litoral cántabro. Las instalaciones son sencillas pero cómodas, con zonas de acampada, caravanas y espacios para picnics y barbacoas.
El sonido de las olas y los acantilados que lo rodean convierten este rincón en un lugar perfecto para relajarse, leer, caminar por la costa o simplemente mirar el horizonte.
El Helguero: entre el mar y las montañas
En el municipio de Ruiloba, muy cerca de Comillas, se encuentra el Camping El Helguero, un lugar donde el mar y la montaña se dan la mano. Rodeado de prados verdes y a pocos kilómetros de las playas de Oyambre y Luaña, ofrece un entorno privilegiado con múltiples posibilidades.
Sus instalaciones, modernas y bien cuidadas, incluyen bungalows de madera, zona infantil, restaurante y piscina, lo que lo convierte en un destino ideal tanto para familias como para viajeros en pareja.
La ubicación permite acceder a pie a parajes naturales y realizar excursiones tanto hacia el interior como hacia la costa. Un lugar que ofrece lo mejor de ambos mundos: naturaleza en estado puro y servicios a la altura.
Cabuérniga: naturaleza en su estado más puro
El Camping Cabuérniga, situado en pleno Parque Natural del Saja-Besaya, es una oda a la vida al aire libre. Perfecto para los amantes del senderismo y la observación de fauna, este camping es el punto de partida ideal para adentrarse en los bosques más frondosos de Cantabria.
Las instalaciones, aunque sencillas, están pensadas para el descanso: parcelas amplias, bungalows acogedores, zona infantil, piscina y un restaurante donde probar la cocina tradicional montañesa.
El entorno es el gran protagonista. Aquí no hay ruido salvo el del agua de los riachuelos y el canto de los pájaros. Un lugar perfecto para quienes buscan un contacto profundo con el medio natural.
Punta Marina: la joya marinera de Isla
En la localidad de Isla, el Camping Punta Marina combina lo mejor del paisaje costero con la calidez de un alojamiento familiar. Su acceso directo a calas tranquilas y su cercanía al centro urbano de Isla lo convierten en una opción versátil y muy cómoda.
Este camping es especialmente valorado por su ambiente tranquilo, ideal para descansar después de un día de playa o excursión. Sus parcelas sombreadas, sus vistas al mar y la buena atención lo sitúan como uno de los favoritos de la costa oriental cántabra.
Perfecto para quienes quieren disfrutar del mar sin alejarse demasiado de los servicios y de las rutas costeras.
Caravaning Oyambre: confort y vistas frente al Cantábrico
Cerramos esta selección con uno de los campings más completos y mejor valorados de Cantabria: Caravaning Oyambre, entre Comillas y San Vicente de la Barquera, a pocos minutos de las playas del Parque Natural de Oyambre.
Este camping destaca por sus modernas instalaciones, su excelente ubicación y sus vistas. Con zona de piscina cubierta, gimnasio, bar restaurante, parcelas ajardinadas y alojamientos tipo glamping, Caravaning Oyambre responde a un perfil de viajero exigente que no quiere renunciar a la comodidad.
La cercanía a rutas de senderismo, playas salvajes y pueblos con encanto lo convierten en una elección segura para quienes quieren disfrutar de todo lo que Cantabria ofrece, sin renunciar al confort.
Un verano para vivir Cantabria desde su raíz
Desde los bosques del interior hasta las playas batidas por el Cantábrico, los campings cántabros ofrecen mucho más que alojamiento. Son puertas de entrada a paisajes, culturas, gastronomía y tradiciones que permanecen vivas.
Dormir bajo las estrellas, compartir un desayuno con vistas a los montes o darse un chapuzón tras una ruta son solo algunos de los pequeños placeres que estos lugares ofrecen. Una forma de viajar más libre, más cercana y, sin duda, más memorable.

