Las siete maravillas naturales de Cantabria que no puedes dejar de visitar
Cantabria es tierra de contrastes y de una belleza natural que asombra en cada rincón. La comunidad cántabra ofrece una paleta de paisajes que va del verde esmeralda de sus hayedos al azul intenso de su mar Cantábrico, pasando por cumbres escarpadas, acantilados, humedales, bosques mágicos y dunas vivientes. Viajes National Geographic ha seleccionado siete maravillas naturales que representan lo más singular y valioso del territorio cántabro. Cada una de ellas es una invitación a desconectar, a respirar hondo y a descubrir cómo la naturaleza se ha expresado en Cantabria con libertad y esplendor.
1. Ría de Oyambre: donde las mareas recuperaron su reino
Conocida también como Ría de la Rabia, este humedal situado entre San Vicente de la Barquera, Comillas y Valdáliga, forma parte del Parque Natural de Oyambre. Es uno de los pocos lugares de la costa cantábrica donde se puede observar un ecosistema estuarino en excelente estado de conservación. La acción humana casi lo desdibujó durante décadas, pero su protección como parque natural ha permitido la recuperación de las mareas, de la flora de marismas y de la fauna migratoria. La playa de Oyambre, sus dunas, miradores y senderos forman un paraíso accesible donde cada paso revela un matiz del Cantábrico más auténtico.
2. Fuente Dé y Horcados Rojos: el balcón de los Picos de Europa
Ubicado en el valle de Liébana, Fuente Dé es el punto de partida de una de las experiencias más impactantes de la montaña cántabra: el ascenso en teleférico a más de 1.800 metros de altitud. Desde la estación superior, rutas de senderismo como la del collado de Horcados Rojos llevan al visitante a través de lagunas glaciares y crestas pedregosas, con vistas al Canal del Duje, los Puertos de Áliva y el impresionante Naranjo de Bulnes. Para los más experimentados, es posible ascender hasta la Torre de Horcados Rojos, pero para todos, la panorámica basta para emocionarse.
3. Costa Quebrada: un museo geológico al aire libre
Entre Santander y Cuchía, esta franja litoral de 20 kilómetros es un ejemplo vivo de la geología costera. Dunas fósiles, acantilados verticales, islotes solitarios y formaciones kársticas moldean un paisaje cambiante, donde playas como Arnía y cabos como Mayor compiten en espectacularidad. Diez rutas diferentes, señalizadas y mantenidas por la Asociación Costa Quebrada, permiten descubrir el entorno en bici o a pie, con visitas guiadas en verano que explican la historia natural y humana de esta zona única que aspira a ser Parque Geológico Mundial de la UNESCO.
4. Desfiladero de La Hermida: la garganta más profunda de España
Con 21 kilómetros de longitud, el desfiladero de La Hermida es la garganta más extensa del país. A lo largo del río Deva, entre las rocas calizas del macizo de Ándara, se suceden cañones, paredes verticales de hasta 600 metros y una vegetación que se agarra a cada grieta. Es un paraíso para escaladores, senderistas y observadores de fauna, pero también para quien simplemente quiera recorrerlo en coche y admirar sus formas. Rutas como la de Urdón a Tresviso o el mirador de Santa Catalina son imprescindibles, así como sus aguas termales y el eco de leyendas como la del temido Ojáncanu.
5. Collados del Asón: el secreto de la Cantabria subterránea
En el municipio de Soba, el Parque Natural Collados del Asón guarda el legado de la glaciación y el karst. Aquí, en la montaña oriental de Cantabria, se entrelazan lapiaces, dolinas, simas, cuevas y una cascada espectacular que marca el nacimiento del río Asón. Es un territorio que fascina a espeleólogos y geólogos de toda Europa, pero que también abre sus senderos al público general con rutas bien señalizadas. El entorno del río Asón, con su vegetación exuberante, molinos y pequeños puentes, es uno de los más bucólicos y fotogénicos del norte peninsular.
6. Parque Natural Saja-Besaya: el gran bosque cántabro
Con más de 24.000 hectáreas, este parque natural, declarado en 1988, es el corazón forestal de Cantabria. Ocupa parte de municipios como Cabuérniga y Cieza, e incluye bosques caducifolios, pastizales, áreas recreativas y el conjunto histórico-artístico de Bárcena Mayor, único pueblo dentro del parque. Aquí habitan corzos, jabalíes, lobos y aves rapaces, y rutas como la de los puentes del Saja o la Fuente Clara permiten adentrarse en una naturaleza de cuento. Los Molinucos del Diablo y las orillas del río Saja son algunos de sus rincones más visitados.
7. Bosque de secuoyas de Cabezón: un pedazo de California en Cantabria
A escasos kilómetros de Cabezón de la Sal, el Bosque de Secuoyas sorprende por lo inesperado. Con 850 ejemplares de Sequoia sempervirens, plantados durante el franquismo para producir madera, este bosque nunca fue talado y hoy es un Monumento Natural protegido. Sus árboles alcanzan los 40 metros y sus troncos superan los 2 metros de diámetro, generando una catedral vegetal silenciosa y sobrecogedora. Sus senderos adaptados, miradores y áreas de descanso lo convierten en uno de los paseos más accesibles y sorprendentes de Cantabria, especialmente para familias.
Cantabria guarda en su interior una riqueza natural diversa, poderosa y sorprendente. Estas siete maravillas son solo una muestra de su belleza salvaje y de la armonía con la que naturaleza y cultura conviven en esta tierra norteña. Quien visita Cantabria, siempre regresa. Y quien la descubre por dentro, nunca la olvida.