De Selaya a Santander: la ruta para saborear Cantabria en un solo día
De los Valles Pasiegos a la bahía de Santander, esta ruta recorre en un día los sabores, paisajes y rincones más auténticos de Cantabria
Cantabria es una tierra que se saborea desde el primer café hasta el último brindis de la noche. Un lugar donde puedes empezar el día entre montañas, cruzar valles repletos de historia y terminar bailando junto al mar. Aquí te contamos cómo sería un día completo en Cantabria lleno de gastronomía local, pueblos con encanto y experiencias auténticas.
La jornada comienza con un desayuno en Selaya, en pleno corazón de los Valles Pasiegos. Allí, una parada imprescindible es Sobaos Joselín, donde se puede disfrutar de un sobao pasiego artesanal con café o chocolate caliente. El aroma de la mantequilla auténtica y el calor de una taza humeante son el primer bocado perfecto de la jornada.
Tras ese desayuno con sabor a tradición, toca poner rumbo a los Picos de Europa. El destino es Potes, uno de los pueblos más visitados de Cantabria y capital de la comarca de Liébana. Allí, para la comida, nada mejor que reservar mesa en el Restaurante Asador Llorente, donde se puede degustar un chuletón de vaca de Cantabria, tierno, jugoso y perfectamente asado. Es una de sus especialidades y un plato ideal para disfrutar sin prisa, acompañado de vino local.
Por la tarde, tras el banquete, el plan perfecto es volver hacia la costa oriental y detenerse en Liérganes, otro de los pueblos más hermosos de Cantabria. Para merendar, nada como un chocolate con churros en alguna de sus cafeterías tradicionales. Luego, un paseo por su casco antiguo se convierte en un viaje en el tiempo. El Mercadillo, su barrio histórico, fue declarado conjunto histórico-artístico y está repleto de casas montañesas, palacios indianos y edificios barrocos que dan testimonio del pasado señorial de la villa.
Cuando cae la noche, toca buscar un buen lugar para cenar. La propuesta nos lleva a Revilla de Camargo, al sur de Santander, donde se encuentra La Taberna del Buddha. Allí se puede probar una de sus hamburguesas estrella: la hamburguesa manchega, con pan artesano, carne de Cantabria, paleta ibérica, queso tres leches, lechuga y patatas fritas. Un plato sabroso y contundente que fusiona producto local con creatividad gastronómica.
Y para cerrar este día perfecto, el destino final no podía ser otro que Santander, la capital cántabra. El plan: sumarse al ambiente nocturno en la zona de Cañadío, una de las más animadas de la ciudad. Entre bares, terrazas y música en directo, se puede brindar por un día inolvidable en una región que lo tiene todo.