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Este rincón de Cantabria lo tallaron a mano los presos... y ahora es un fenómeno viral

Vista del Faro del Caballo. / T.C.
Es el Faro del Caballo, y aunque fue abandonado hace décadas, hoy es uno de los lugares más deseados por senderistas, fotógrafos y amantes del mar

A los pies del Monte Buciero, en el litoral escarpado del municipio cántabro de Santoña, se encuentra uno de los enclaves más singulares de la costa norte española: el Faro del Caballo. Inactivo desde hace más de tres décadas, este antiguo faro se ha transformado en uno de los destinos más visitados de Cantabria, tanto por el desafío físico que supone su acceso como por la espectacularidad de su entorno natural.

Un faro con más de 160 años de historia

Inaugurado el 31 de agosto de 1863, el Faro del Caballo formó parte del sistema de señalización marítima del Cantábrico durante más de un siglo. La linterna, que inicialmente funcionó con aceite vegetal, fue modernizada posteriormente con gas acetileno y, finalmente, con baterías de pilas, hasta su desactivación definitiva en torno a 1993. Desde entonces, el faro ya no cumple funciones náuticas, pero ha adquirido una nueva dimensión como icono paisajístico y turístico.

El faro contaba con dos edificaciones diferenciadas: la torre, aún en pie, y la antigua casa del farero, demolida por la Autoridad Portuaria tras su abandono. La torre, de forma cilíndrica y pintada de azul, se mantiene como testigo mudo del pasado marítimo de la zona. En su parte superior aún se aprecia el espacio que ocupaba la linterna, protegida por una estructura prismática acristalada y coronada por una cúpula metálica.

Escaleras al mar: acceso entre la tierra y el océano

Una de las características más distintivas del Faro del Caballo es su difícil acceso. El faro se encuentra incrustado en una pared vertical de roca caliza, a unos 24 metros sobre el nivel del mar. Para alcanzarlo, es necesario descender una escalinata de 763 peldaños tallados directamente en la ladera del monte. Esta empinada bajada, construida originalmente por presos del penal de El Dueso en el siglo XIX, supone un reto físico considerable tanto en la ida como, sobre todo, en el regreso.

Además del acceso terrestre, el faro dispone de una pequeña plataforma para embarcaciones, a la que se puede llegar en días de mar calmada, utilizando una segunda escalinata de 111 peldaños que parte desde la roca. Este punto de llegada por mar es muy utilizado hoy en día por empresas de excursiones en kayak o barco turístico, que permiten a los visitantes acceder a una de las calas más pintorescas del litoral cántabro.

Paisaje protegido y rutas de senderismo

El Faro del Caballo forma parte del Espacio Natural de Monte Buciero, un enclave de gran valor ecológico, donde conviven acantilados, pinares, cuevas y antiguos fuertes militares. La zona está cruzada por una red de senderos bien señalizados que permiten realizar rutas circulares o lineales con distintos niveles de dificultad. Uno de los itinerarios más populares parte del puerto de Santoña y asciende hasta el Fuerte de San Martín, desde donde se conecta con el mirador de la Peña del Fraile, para luego descender hasta el faro.

Estas rutas ofrecen impresionantes vistas del mar Cantábrico, de la bahía de Santoña y del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, un humedal de importancia internacional por su biodiversidad. La vegetación del entorno combina especies autóctonas y repoblaciones forestales, y el ambiente costero aporta un fuerte contraste visual entre el verde de la montaña y el azul turquesa del mar.

Conservación y control de accesos

La creciente popularidad del Faro del Caballo en los últimos años ha traído consigo problemas de masificación, erosión de senderos y episodios de vandalismo. Para mitigar su impacto, desde 2022 se ha implantado un sistema de acceso regulado durante los meses de verano. Entre el 5 de julio y el 31 de agosto, es obligatorio reservar entrada gratuita a través de la web oficial del faro, con el objetivo de limitar el aforo diario y garantizar la seguridad de los visitantes.

Este tipo de medidas busca preservar un enclave frágil que, aunque no cuenta con infraestructuras turísticas convencionales, es un valioso recurso cultural y paisajístico. En 2013, el entorno del faro fue rehabilitado por internos del centro penitenciario de El Dueso, dentro del proyecto Nácar, lo que permitió recuperar parte de las escaleras y zonas de descanso sin alterar su carácter original.

De rincón desconocido a fenómeno mediático

El Faro del Caballo fue prácticamente un secreto local hasta principios de la década de 2010. Su inclusión como candidato en el concurso "El Mejor Rincón" de la Guía Repsol en 2014 y su aparición en programas como España Directo, Comando Actualidad o 80 cm (La 2) lo convirtieron en uno de los lugares más buscados por los aficionados al senderismo y a la fotografía de paisajes.

A partir de entonces, el lugar ha sido ampliamente difundido en redes sociales y blogs de viajes, en parte por el atractivo visual de sus aguas cristalinas, el desafío físico que representa y el aislamiento natural que ofrece una vez se alcanza la base del faro.

El Caballo del horizonte

El nombre del Faro del Caballo proviene del Alto del Caballo, un promontorio del Monte Buciero visible desde el mar. Su silueta, dicen los marineros, recuerda la cabeza de un caballo, motivo por el cual se bautizó el lugar. En la actualidad, esa cabeza pétrea sigue asomando sobre el Cantábrico, vigilante desde su rincón más inaccesible.

Aunque ya no alumbra las noches de la costa cántabra, el Faro del Caballo sigue atrayendo a quienes buscan una experiencia única en contacto con la naturaleza. Ya sea desde tierra o por mar, alcanzar este faro es mucho más que una excursión: es una pequeña aventura que conecta el patrimonio histórico con la fuerza bruta del paisaje atlántico.