TURISMO

Parece un decorado de película… pero existe en Cantabria y puedes visitarlo gratis

Comarca de los Valles pasiegos. / T.C.
Entre montañas suaves y valles que parecen respirar, hay un rincón donde la piedra habla: una cascada que brota del corazón de la roca y un círculo misterioso que mira al cielo

En los Valles Pasiegos, donde el verde nunca termina y el río Pas dibuja el ritmo del paisaje, existe un pequeño pueblo de apenas cien habitantes que guarda uno de los secretos naturales más asombrosos de Cantabria: una cascada que brota directamente de la piedra. Desde esta diminuta localidad parten dos rutas tan accesibles como sorprendentes, una hacia el Churrón de Borleña y otra hacia una formación rocosa que muchos comparan con un Stonehenge cántabro.

Un pueblo pequeño con un pasado que persiste

Las casonas de piedra, los tejados a dos aguas y la calma absoluta definen este enclave pasiego. Entre su humilde pero valioso patrimonio destacan las ruinas de la ermita románica de Santa Leocadia y la iglesia parroquial del siglo XIX. Sin embargo, su verdadera joya se esconde al otro lado del pueblo, donde un bosque de robles, alisos y castaños conduce hacia uno de los saltos de agua más singulares del norte.

Camino hacia la cascada que brota de la roca

El recorrido empieza en el Parque de Borleña, donde hay un pequeño aparcamiento. Tras cruzar el pueblo y dejar atrás el único restaurante, un puente de piedra lleva hasta un lavadero restaurado que recuerda la vida rural del Valle del Pas.
Al entrar en el bosque, el sendero sigue el arroyo de La Llana en un entorno fresco y frondoso. Después de un pequeño puente y una curva hacia la derecha, el paisaje se estrecha y se vuelve más húmedo… hasta que aparece ante el caminante uno de los saltos de agua más sorprendentes de Cantabria.

El Churrón de Borleña cae desde unos 20 metros y se desliza por una pared rocosa formando tobas calcáreas, un fenómeno geológico que rara vez puede contemplarse tan cerca y con tan poco esfuerzo. La bruma que desprende, unida al musgo que lo rodea, convierte el lugar en uno de los rincones más mágicos de los Valles Pasiegos.

La otra ruta: el “Stonehenge cántabro”

Desde el mismo punto de partida, una segunda ruta asciende hacia una estructura natural igual de singular. Tras pasar de nuevo el lavadero, una bifurcación señala el desvío hacia la izquierda.
El camino avanza en zigzag entre un bosque mixto hasta que, poco a poco, el paisaje se abre para mostrar una panorámica del Valle de Toranzo, hogar de las famosas cuevas del Monte Castillo.

La senda continúa hasta Peña Jana, donde emerge una enorme roca conocida por los vecinos como La Piedrona. A su alrededor, varias piedras más pequeñas dispuestas en círculo alimentan la comparación con Stonehenge. Algunos aventuran que podría tratarse de un antiguo calendario solar celta, aunque no existen estudios concluyentes. La estampa, rodeada de valles verdes y cielo abierto, sí confirma algo: es uno de los miradores más fotogénicos del interior de Cantabria.

Naturaleza, misterio y dos rutas para un pueblo diminuto

En apenas unos pasos, este pequeño enclave pasiego ofrece dos paisajes totalmente distintos: el sonido hipnótico de una cascada que brota de la piedra y la imponente calma de un posible santuario pétreo prehistórico. Una combinación que convierte este pueblo de 100 habitantes en una sorpresa para cualquier viajero que busque naturaleza, silencio y una pizca de misterio.