Pueblos, montañas y monasterios: así es el paraíso escondido de Liébana
Liébana, en el sudoeste de Cantabria, es una comarca que combina paisajes montañosos, historia medieval y un rico patrimonio etnográfico y religioso. Escondida entre los valles del río Deva y las imponentes cimas de los Picos de Europa, esta región cautiva al viajero con su clima benigno, pueblos tradicionales y tesoros culturales de gran valor.
La puerta de entrada: Desfiladero de La Hermida
La ruta hacia Liébana comienza atravesando el Desfiladero de La Hermida, un cañón de piedra de 21 kilómetros considerado uno de los más espectaculares de la Península Ibérica. Las paredes calizas parecen engullir al visitante mientras el río Deva corre encajonado entre los farallones.
El pueblo de La Hermida ofrece un respiro gracias a sus aguas mineromedicinales, que brotan a 60ºC y ya eran apreciadas por los romanos, proporcionando un inicio perfecto para explorar la comarca.
Lebeña y Luriezo: historia y naturaleza
Al salir del desfiladero surge Lebeña, hogar de la iglesia de Santa María de Lebeña, abierta al culto en el 924. Este templo mozárabe, con torre exenta y cementerio con estelas cántabras, conserva la talla de la Virgen de la Buena Leche y una estela del siglo VI a.C. adornada con símbolos solares.
Desde Lebeña, el valle de Bedoya muestra la huella romana en la calzada que conducía al mar Cantábrico. Castro Cillórigo, rodeado de castaños centenarios, se asienta sobre un antiguo campamento romano. En Tama, el Centro de Interpretación de los Picos de Europa permite descubrir la riqueza natural de la zona, incluyendo osos pardos, rebecos, lobos y águilas reales.
En dirección a Cabezón de Liébana, merece la pena desviarse hacia Luriezo, famoso por sus hórreos y estela cántabra del siglo IV. Desde la aldea de Cahecho se contemplan vistas panorámicas del valle, y en Piasca se conservan los vestigios del monasterio románico de Santa María la Real.
Potes: corazón de la comarca
Potes, capital de Liébana, destaca por su casco antiguo con edificios notables y puentes históricos donde confluyen los ríos Quiviesa y Bullón con el Deva. La Torre del Infantado (siglo XIV) y la Torre de Orejón de Lama son símbolos del pasado defensivo de la villa, mientras que las casonas muestran los escudos de linajes locales.
Los lunes, el mercado de Potes permite degustar productos típicos como quesucos, legumbres, fresas de Frama, el vino tostadillo y el orujo lebaniego, un aguardiente artesanal característico de la región.
Iglesias y monasterios: patrimonio espiritual
Siguiendo el río Quiviesa hacia el puerto de San Glorio (1.602 m), se encuentran pueblos con interés histórico como Villaverde, que conserva un pajar circular y una lápida romana. Ledantes alberga frescos renacentistas recuperados y antiguos instrumentos etnográficos como prensas para tejidos.
El monasterio de Santo Toribio de Liébana es uno de los grandes atractivos religiosos, conocido por custodiar uno de los mayores fragmentos de la Lignum Crucis. Fundado en el siglo VI, este cenobio combina arquitectura románica y un entorno montañoso, y fue lugar donde San Beato escribió su Comentario al Apocalipsis, un referente de la Edad Media.
Pueblos medievales y paisajes del valle de Camaleño
El valle de Camaleño, regado por el Deva, incluye joyas como la ermita de San Pelayo y pueblos medievales como Mogrovejo, con su torre defensiva, y Treviño, donde se puede alojar en una antigua casona de nobles.
Al pie del pico Coriscao (2.235 m), Las Ilces conserva antiguos hórreos entre hayedos, mientras que Espinama, junto al río Nevandi, mantiene la huella de linajes históricos. Desde aquí, rutas ganaderas llevan a los puertos de Aliva y a la ermita de la Virgen de la Salud, celebrada con romería el 2 de julio.
En la cabecera del río Deva se encuentra Pido, la aldea más alta del valle de Camaleño, reconocida por la elaboración de quesos locales de gran calidad.
Liébana es, en definitiva, una comarca que combina naturaleza, historia y cultura, ofreciendo rutas de montaña, pueblos medievales, patrimonio religioso y gastronomía tradicional. Un destino ideal para quienes buscan paisajes impactantes y un viaje en el tiempo en el corazón de Cantabria.