La cueva de Cantabria que esconde un río oculto y arte de hace 30.000 años
En lo profundo del monte La Garma, en la comarca cántabra de Ribamontán al Monte, se esconde una de las cuevas prehistóricas más fascinantes de Europa. La Cueva de La Garma no solo contiene algunas de las manifestaciones de arte rupestre más antiguas y mejor conservadas del Paleolítico, sino que también es un archivo natural de la evolución humana, con niveles intactos de ocupación que se remontan hasta 29.000 años atrás.
Una cueva de tres pisos y un río oculto
La Garma es una surgencia kárstica de tres niveles superpuestos, formados a lo largo de milenios por la acción del agua sobre la roca caliza. En el piso superior, la única entrada actual permite acceder a una galería sinuosa que desemboca en una sima natural. Desde allí, se accede al piso intermedio, más amplio y con vestigios del Paleolítico Inferior y restos paleontológicos. A través de otra sima, se desciende al piso inferior, donde el hallazgo arqueológico alcanza su máximo esplendor.
En este último nivel, también puede bajarse a un cuarto nivel: el activo, por el que transcurre un río subterráneo. Un elemento que añade aún más misticismo a esta catedral natural de la prehistoria.
Un hallazgo fortuito que cambió la historia
El descubrimiento de la cueva fue casual. A principios de los años 90, espeleólogos del grupo GEIS Carballo y Raba buscaban una cueva conocida como La Garma B cuando tropezaron con la entrada al nivel superior de esta surgencia. En 1996, durante una intervención dirigida por los arqueólogos Pablo Arias y Roberto Ontañón (actual director del MUPAC), se descubrió la galería de arte rupestre del piso inferior. Dos miembros del equipo, J.M. Ayllón y A. Serna, localizaron las pinturas mientras realizaban labores topográficas.
Desde entonces, el yacimiento ha sido objeto de estudio por parte del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria, y se considera una fuente inagotable de información sobre la vida de los antiguos cántabros.
Tres yacimientos intactos en un mismo espacio
Lo que hace a La Garma tan excepcional no es solo su belleza o su antigüedad, sino su estado de conservación. En el piso inferior, los investigadores han identificado tres niveles de ocupación distintos, todos ellos intactos:
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Un yacimiento magdaleniense de habitación, con estructuras complejas aún visibles.
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Un segundo yacimiento paleolítico, situado justo debajo de los paneles principales de arte rupestre.
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Y, como si se tratase de un mensaje entre capas del tiempo, enterramientos altomedievales justo al pie de la sima.
Este increíble conjunto ofrece una lectura vertical de la historia humana en un solo lugar, algo que no ocurre en ningún otro yacimiento del mundo.
El arte que atraviesa milenios
Las manifestaciones artísticas halladas en La Garma son igualmente impresionantes. Dentro del antiguo vestíbulo destaca un caballo pintado en negro, de gran tamaño y naturalismo, acompañado por signos rojos. Más adentro, en el piso inferior, se conserva un gran panel con pinturas en rojo y contornos grabados: figuras de bóvidos, cérvidos y cabras que evocan las primeras narraciones gráficas de la humanidad.
Entre las paredes, también se han encontrado manos en negativo y numerosos símbolos de difícil interpretación. Según los estudios, las pinturas pertenecen a los estilos II, III y IV de Leroi-Gourhan, abarcando un espectro temporal que va desde hace 29.000 hasta 13.500 años.
Un patrimonio vulnerable y protegido
Por su extraordinario valor, la cueva de La Garma no está abierta al público, y sus accesos están restringidos para evitar cualquier alteración del delicado equilibrio de conservación. Esta decisión, aunque limita la visita turística, ha permitido preservar el yacimiento tal y como fue hallado, convirtiéndolo en una cápsula del tiempo única en el mundo.
Aun así, diversos centros de interpretación y exposiciones permiten conocer La Garma a través de réplicas, audiovisuales y trabajos de investigación divulgativa.