cuevas de cantabria

La cueva cántabra que podría cambiar (otra vez) la historia del arte rupestre en Europa

Unas supuestas pinturas rupestres descubiertas por sorpresa en una cueva cántabra han reavivado el debate sobre lo auténtico y lo aparente en el arte prehistórico
Dos espeleólogos en la cueva de Coventosa. / T.C
Dos espeleólogos en la cueva de Coventosa. / T.C

El reciente hallazgo de unas supuestas pinturas rupestres en la cueva de Coventosa, en el municipio cántabro de Arredondo, ha reabierto el debate sobre la autenticidad del arte paleolítico en Cantabria. Mientras la región es ampliamente reconocida por su patrimonio arqueológico, algunos enclaves presentan ejemplos recientes que han sido confundidos, intencionadamente o no, con grabados milenarios.

Cantabria alberga algunas de las expresiones más emblemáticas del arte rupestre paleolítico europeo, como Altamira o El Castillo. Sin embargo, también hay antecedentes de representaciones más modernas cuya autoría no responde al periodo prehistórico, sino a iniciativas espontáneas o incluso didácticas.

Uno de estos casos se encuentra en la cueva de El Becerral, en el Valle de Soba, donde se descubrieron en el siglo pasado unas figuras que, durante años, se tomaron por auténticas. Más tarde, se comprobó que habían sido dibujadas por un espeleólogo francés, sin intención de engaño, mientras esperaba el regreso de sus compañeros. Los análisis de carbono 14 confirmaron su origen contemporáneo.

Otro ejemplo destacado se encuentra en Sámano, en el término municipal de Castro Urdiales, donde un grabado moderno de una cierva fue realizado con pigmentos recientes por un autor desconocido. Y en la zona de Ruiloba, cerca de Comillas, un grupo de seminaristas recreó bisontes al estilo de Altamira en la cueva de Casasola, alentados por un profesor con inquietudes arqueológicas, Valeriano Andérez.

Ahora, la atención se centra en Coventosa, tras el descubrimiento de varias figuras que representarían uros, una especie extinta de bovino salvaje. El hallazgo fue realizado por una pareja de excursionistas de Jaén durante la Semana Santa de 2024. Poco después, la Consejería de Cultura colocó una verja metálica para proteger la zona, situada en el vestíbulo de la cavidad.

Un primer estudio elaborado por la Universidad de Cantabria en septiembre de 2024 concluyó que las figuras “no corresponden al fenómeno de arte rupestre paleolítico”. El informe apunta a la utilización de pigmentos sintéticos, la ubicación en una zona expuesta a la luz solar y la existencia de errores anatómicos repetidos como evidencias que descartan su autenticidad. Además, las figuras se encuentran sobre superficies activas biológicamente, como nidos o briofitas vivas, algo incompatible con un arte milenario.

No obstante, los análisis no son aún concluyentes. El arqueólogo Ramón Montes ha confirmado que quedan pendientes estudios más detallados sobre los pigmentos. “Son unas pinturas muy raras, pero no significa que sean falsas”, señala Montes. “De serlo, sería la falsificación más lograda que conocemos hasta la fecha”.

La cueva de Coventosa, muy frecuentada por espeleólogos y excursionistas, sigue siendo visitable, aunque el acceso al área protegida permanece restringido hasta que concluyan las investigaciones. En paralelo, Arredondo organizará este otoño un congreso para debatir sobre el hallazgo y su posible impacto en el conocimiento del patrimonio prehistórico regional.

Aunque Cantabria no ha registrado hasta ahora falsificaciones intencionadas como ocurrió en la cueva de Zubialde (Álava) en los años 90 —un caso que terminó en juicio—, estos ejemplos recuerdan la importancia de la verificación científica rigurosa en un ámbito donde la frontera entre la historia y la ficción puede ser, a veces, muy delgada.

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