21.01.2022 |
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RACING 0-0 SAN SEBASTIAN

Un empate triste

El Racing comenzó el año con una igualada sin goles ante el San Sebastián de los Reyes | El equipo madrileño fue muy superior en el primer tiempo | El conjunto cántabro sólo fue capaz de generar peligro a balón parado

Pablo Torre, que se retiró en la recta final tras subírsele los gemelos, rodeado de rivales. / Hardy
Pablo Torre, que se retiró en la recta final tras subírsele los gemelos, rodeado de rivales. / Hardy
Un empate triste

El Racing terminó el 2021 convirtiendo sus partidos en una ruleta rusa y ha empezado el 2022 con un empate a cero. Adiós a la locura vivida ante Rayo Majadahonda y Extremadura, cuando hubo once goles en total. Ayer no hubo ninguno pero lo normal es que los hubiera habido porque el Sanse estampó dos balones a la madera y el Racing uno. Por eso se puede analizar el encuentro de mil maneras, pero lo cierto es que el resultado final fue una lotería, una cuestión de pocos centímetros que lo condicionaron todo.

Ese 0-0 final es siempre el resultado más apropiado para los partidos tristes, incapaces de transmitir nada. Con la sensación de haber perdido la tarde se fue ayer el respetable a su casa tras haberse presentado con viento en contra en el coliseo verdiblanco. Había que ser muy fiel para estar allí pero a cambio sólo recibió apatía y tristeza. El aficionado vio a su equipo jugando a cinco kilómetros por hora durante 85 minutos para apretar el acelerador en los cinco últimos. Y claro, la pregunta que más se oía en los vomitorios fue por qué leches no lo habían hecho antes.

Quizá por la necesidad e incluso la prioridad de recuperar la solvencia defensiva por encima de todo lo demás. Haber encajado siete goles en los tres últimos partidos del 2021 es capaz de sembrar la duda en cualquiera pero, por mucho que no encajara, el Racing de ayer tampoco fue fiable y solvente. Sobre todo, en un primer tiempo en el que mereció ser castigado. No es esa la fiabilidad que buscaba un equipo que, a falta de una jornada para terminar la primera vuelta, ya está a seis puntos del liderato. Es cierto que la plaza de playoff parece difícil que vaya a peligrar, pero el premio gordo se escapa.

Lo peor es que el equipo pilotado por Fernández Romo no mereció más de lo que consiguió. Ofreció su versión más fría y anodina, como si se hubiera contagiado del pobre ambiente vivido ayer en Los Campos de Sport. Porque fue un partido acorde a la tarde de domingo más triste de todas, la posterior a la excepcionalidad que supone el periodo navideño. Los pocos que fueron al campo lo hicieron sabiendo que hoy es el peor lunes, que llovía, que hacía frío y que la maldita pandemia no termina de condicionar la vida de cada uno. A muchos les dio pereza acudir a la cita y con pereza dio la sensación de presentarse el conjunto cántabro al partido ante uno de los peores visitantes de la categoría.

Satrústegui rondó el gol en los mejores minutos del Racing. / Hardy

Satrústegui rondó el gol en los mejores minutos del Racing. / Hardy

No apareció bien el Racing. Lo hizo como con resaca, como si no le hubiera venido bien el parón y menos aún la fiesta navideña. Se encontró delante a un buen equipo, una buena versión colectiva de un Sanse que ya se mereció ir por delante a descansar. Se salvó el equipo verdiblanco de milagro e incluso con fortuna, ya que la mejor ocasión del conjunto madrileño para haberse puesto por delante terminó estampando el balón contra la madera. Otras dos acciones tuvo que despejar la zaga racinguista en el área pequeña mientras que, en la contraria, el portero a penas tuvo razones para inquietarse. Llegó poco el conjunto cántabro y lo más normal es que hubiera recibido algún mal golpe en el primer tiempo. No reaccionó hasta el segundo y no mostró más ambición que su rival hasta la recta final, cuando el Sanse ya miraba el reloj dando por bueno el botín de un punto.

No hubo grandes sorpresas en el once inicial que diseñó Fernández Romo para un encuentro siempre peligroso. Cedric recuperó la punta de ataque en detrimento de Manu Justo, que tuvo su oportunidad para jugar de inicio en Almendralejo, mientras que Mantilla fue el lateral derecho por la baja de última hora de Unai Medina, que dio positivo en Covid. Esto hizo que se acabaran las dudas sobre si el estado físico de Pol Moreno, tras un confinamiento, era el mejor para jugar de inicio. No había más y debía hacerlo. Y era una decisión importante porque en la mente de todos estaba la obligación de recuperar la mejor versión defensiva para acabar con la sangría goleadora con la que había acabado el año (siete goles en tres partidos). Ayer se cortó el grifo, pero lo más normal es que se hubiera escapado alguna gota.

El Racing sufrió con balón durante prácticamente todo el encuentro. No es nuevo. Lo cierto es que no lo tuvo demasiado, sobre todo en un primer tiempo especialmente pastoso. Delante se encontró con un Sanse que ni mucho menos se plantó en Los Campos de Sport con un planteamiento reservón y cobarde. Vino a por el partido con un esquema líquido y variable con el que sometió a su rival, ya que en cualquier lugar, sobre todo por dentro, daba la sensación de contar con un jugador más. Los jugadores del equipo madrileño parecían mejor situados sobre el verde y, sobre todo, evidenciaron una mayor movilidad que les permitió llegar con más frecuencia al área racinguista. Parecían más frescos y con más ritmo, como si a ellos no les hubieran dado garrafón y a los otros sí. En definitiva, parecía un mejor equipo que, además, sabía qué hacer con la posesión, algo que su rival no tenía demasiado claro.

Yeray debutó ayer transmitiendo buenas sensaciones. / Hardy

Yeray debutó ayer transmitiendo buenas sensaciones. / Hardy

A estas alturas, el conjunto cántabro ya sabe que necesita a Pablo Torre para crear fútbol. Si la perla de Soto de la Marina no aparece, la luz se apaga. Y ayer estuvo mucho tiempo apagada. Dio la impresión de que el cántabro se posicionó ayer más pegado a la banda izquierda que en otros partidos y sin la libertad habitual para aparecer por aquí y por allá. Y entró poco en juego. Y él necesita entrar mucho en juego y su equipo todavía más. Pero apareció a cuentagotas. No le encontraron o él no supo encontrar a sus compañeros. Se abre el melón.

El Sanse dejaba tocar en zonas intrascendentes pero impedía que la defensa conectara con un centro del campo que parecía estar bajo un bombardeo, ya que por todas partes había piernas. Así que la vía de escape más habitual fue el balón en largo. Cuando conseguía conectar con Borja Domínguez, éste no encontraba aliados, no encontraba a Pablo Torre y todo se hacía lento, previsible y erróneo. El punto de fuga estaba en las bandas pero apenas aparecieron por mucho de tener a dos puñales en ellas. De hecho, la única acción con potencial para generar un mínimo suspense en la retaguardia madrileña fue un lanzamiento de Marco Camus al filo del descanso buscando el segundo palo que se fue alto por poco.

Tras un primer tiempo del equipo de casa tan pobre, uno siempre espera una reacción en el segundo, pero de nuevo volvió a aparecer mejor sobre el terreno de juego el Sanse. De hecho, Íñigo vio en seguida una cartulina amarilla y Llorente estampó el segundo balón a la madera de su equipo gracias a un potente lanzamiento que dio en la escuadra. No fue el primero que se topó con la madera porque a los 24 minutos había sido Borja Martínez quien había encontrado el mismo final a otro duro disparo de falta.

Lo normal habría sido llegar perdiendo al descanso y más aún al minuto cincuenta, pero ahí llegaron los mejores momentos del Racing. Reaccionó tan bien al golpe que uno se pregunta si no le hubiera venido bien haber encajado algún gol durante el primer tramo de la contienda. Y el verdadero peligro lo generó el conjunto cántabro a balón parado, con enormes saques de esquina de Pablo Torre rematados por Satrústegui o Soko y sacados por la zaga sobre la misma línea de gol. Al central navarro le pudieron incluso hacer penalti, pero el trencilla no lo vio.

La única acción en juego de verdadero peligro que tuvo el Racing llegó en el 53, cuando Cedric hizo evidente que no está en su mejor momento de confianza. Recibió un pase de Pablo Torre y se quedó solo ante el portero aprovechando un resbalón o una caída de Juanra, el central con el que estaba peleando la posición. Se vio tan libre y cómodo el delantero que se tomó todo el tiempo del mundo para acomodarse la pelota. Quiso ponérsela a su pierna buena y, para cuando quiso rematar, llegó otro defensor a despejar con la puntera.

Tras esos cinco minutos en los que de verdad se mascó el gol racinguista, llegó casi media hora de otonía. Dio la impresión de que el Racing llegó a la conclusión de que dispondría de una contra con la que matar el encuentro pero no la encontró. Cambió de delantero y, curiosamente, entró Harper antes que Manu Justo, pero apenas entró en acción ninguno de los dos. El Sanse poco a poco fue retrasando sus líneas mientras apenas sucedía nada en el partido hasta que se produjo el arreón final a falta de un suspiro para el noventa. Y fue en el 85 cuando llegó la mejor oportunidad para haber ganado el encuentro al rematar de cabeza Borja Domínguez un córner que se iba directamente para dentro hasta que Miguel Bañuz sacó una mano salvadora para los suyos. Seguidamente, a Harper le anularon un gol al llevarse por delante a su defensor y Manu Justo hizo intervenir al portero visitante con un lanzamiento lejano. Yeray debutó y lo hizo con desparpajo y generando una jugada que terminó en el larguero al intentar despejar el peligro la zaga madrileña. Fue una traca final que, lejos de permitir al personal marcharse con un buen sabor de boca, lo hizo preguntándose por qué su equipo había perdido tanto el tiempo.

Un empate triste
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