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Una temporada brillante que acaba en sombras: las cinco claves del batacazo racinguista

Los jugadores del Racing tras caer en Anduva. / RRC
De liderar LaLiga Hypermotion con autoridad a caer eliminado en semifinales de playoff, el equipo cántabro se quedó sin premio tras meses de desgaste acumulado y errores estructurales

La temporada 2024/25 del Racing de Santander ha terminado dejando más preguntas que certezas. El equipo que durante buena parte del curso lideró con autoridad LaLiga Hypermotion, que soñó con el ascenso directo y que acarició la gloria, acabó derrumbado en Anduva ante un Mirandés pragmático, sólido y con un plan claro. La eliminación en semifinales de playoff pone fin a una campaña que ilusionó mucho y que, por eso mismo, duele más.

Estas son las cinco claves estructurales que explican por qué el Racing, a pesar de su potencia inicial, se desdibujó hasta quedarse fuera del camino hacia Primera División.

1. El hundimiento progresivo tras un liderato brillante

El Racing fue líder durante 17 jornadas. Su arranque de temporada fue contundente, equilibrado y efectivo. Era un equipo que ganaba con autoridad y daba sensación de tener fondo de armario, fútbol vertical y presión eficaz. Sin embargo, desde el empate en La Rosaleda, comenzó un declive sostenido que le hizo perder frescura, confianza y resultados. Si se analizan solo los últimos 12 partidos de liga, el Racing habría acabado en mitad de tabla.

Ese bajón físico, emocional y competitivo le empujó a entrar en el playoff por los pelos. El equipo llegó a la promoción con un desgaste acumulado evidente, sin impulso anímico y con dudas defensivas. Su rendimiento desde marzo hasta junio fue el de un conjunto en retroceso, y eso pesó cuando llegaron los momentos clave.

2. La fragilidad defensiva como enfermedad crónica

Durante toda la temporada regular, el Racing recibió demasiados goles. Con 51 tantos encajados en 42 jornadas, se situó entre los equipos más vulnerables de la zona alta. Las causas son múltiples, pero ninguna ajena a la planificación. La plantilla carecía de defensas puros en los laterales y la propuesta táctica, muy abierta, dejaba mucho espacio a la espalda de los centrales.

En el playoff, esta debilidad se convirtió en un lastre fatal: siete goles recibidos en solo dos partidos ante el Mirandés. El Racing no fue capaz de sostener el ritmo de los encuentros, sufrió en las transiciones y concedió mucho espacio por dentro y por fuera. Su presión, cuando no funcionaba, dejaba al equipo desnudo ante rivales veloces y con claridad táctica.

3. Una plantilla profunda pero mal balanceada

El Racing contaba con una de las plantillas más numerosas de la categoría. Sin embargo, la abundancia no se tradujo en variedad táctica o alternativas estratégicas. Se repitieron perfiles —especialmente en laterales ofensivos y extremos de trazo fino—, pero faltaron otros fundamentales: un mediocentro organizador, un lateral defensivo puro, un delantero de área clásico.

Además, la gestión de los minutos fue desigual. Muchos jugadores participaron poco, otros alternaron titularidad y suplencia sin continuidad, y en general, el Racing pareció depender siempre de los mismos cuatro o cinco futbolistas clave. Cuando estos bajaron su nivel o llegaron fundidos al final, no hubo verdaderos sustitutos que sostuvieran al equipo.

4. El mercado de invierno no cambió el rumbo

Los fichajes invernales de Meseguer y Rober González generaron cierta expectación, pero su impacto fue limitado. No se convirtieron en titulares fijos ni aportaron la diferencia que se esperaba de ellos. Aunque venían avalados por buenos antecedentes en otros equipos, en Santander no encontraron espacio o confianza suficientes.

En momentos clave, cuando se necesitaba frescura y calidad, el Racing volvió a recurrir a los mismos jugadores de siempre. Y eso se notó. Las apuestas invernales no elevaron el techo competitivo del equipo, ni ofrecieron soluciones nuevas a problemas antiguos. A la hora de la verdad, el grupo era el mismo... pero más cansado y más previsible.

5. Carencia de flexibilidad táctica: sin respuestas cuando el plan fallaba

El Racing tuvo una idea clara de juego: posesión, presión alta, amplitud ofensiva, juego entre líneas. Un modelo atractivo pero exigente, que necesita precisión y ritmo alto. En la primera vuelta, el plan funcionó. En la segunda, cuando los rivales lo descifraron, faltó un ‘plan B’.

Ante el Mirandés, el Racing cambió sistema y estructuras, pero no modificó su enfoque. La defensa de cinco no dio la solidez esperada. El trivote no controló el medio. Los extremos jugaron por dentro y no hubo amplitud real. Y lo más importante: cuando el partido pedía un giro de guion, el equipo no supo reaccionar colectivamente. Se apeló al empuje, a la inspiración individual, pero no hubo soluciones desde el banquillo ni desde la pizarra.

¿Fracaso o aprendizaje?

Clasificarse para el playoff es, en términos objetivos, una mejora respecto a la temporada anterior. La eliminación en semifinales, sin embargo, deja sabor amargo por el contexto en que se produjo. El Racing fue el mejor equipo durante muchas semanas, pero no supo sostenerse cuando la exigencia subió. Su caída no fue brusca, pero sí constante. Cuando llegó el momento clave, ya no tenía reservas físicas ni psicológicas.

Mirando hacia adelante: luces y sombras

Hay margen para el optimismo: el club está saneado económicamente, cuenta con el respaldo de una afición fiel y tiene bases sólidas sobre las que construir. Pero también hay tareas pendientes: ajustar la plantilla con perfiles equilibrados, reforzar el eje defensivo, incorporar un organizador y dotar al equipo de una segunda lectura táctica más flexible.

El Racing ha crecido, sin duda. Pero si quiere ascender, necesita ser más que un equipo atractivo. Tiene que ser también sólido, versátil y constante. La temporada 2025/26 será una nueva oportunidad. Aprender de este final decepcionante será clave para que el próximo cuento termine, por fin, con final feliz.