El Racing despierta a la bestia defensiva: ¿comienza el sprint hacia Primera?
El Racing de Santander continúa consolidando su candidatura al ascenso con paso firme. A día de hoy, comparte el liderato de la Liga Hypermotion con Deportivo de La Coruña y UD Las Palmas, sustentado en un rendimiento ofensivo notable y una plantilla que ha sabido reinventarse con éxito. Sin embargo, detrás de esa imagen de equipo puntero se escondía un punto débil que ha lastrado al equipo durante más de doce meses: la incapacidad de dejar su portería a cero como visitante.
Ese lastre defensivo ha sido una constante tanto en la presente campaña como en la recta final del pasado curso. Fuera de casa, el equipo dirigido por José Alberto López se había convertido en un conjunto fiable en ataque, pero vulnerable atrás. En cada uno de sus desplazamientos durante el último año, sin excepción, había recibido al menos un gol. Una situación que, aunque maquillada en ocasiones por los resultados —con victorias o empates—, impedía consolidar un perfil de equipo sólido y competitivo en todos los contextos.
La maldición defensiva fuera de casa: un año encajando
Durante meses, la afición racinguista se acostumbró a celebrar goles y puntos lejos de casa, pero siempre con el regusto amargo de ver cómo su equipo concedía oportunidades, muchas veces innecesarias, que los rivales no desperdiciaban. En partidos igualados, esa fragilidad terminaba por pasar factura. Encajar siempre es un lastre que, a largo plazo, complica mucho más la lucha por los objetivos ambiciosos.
Este fin de semana, sin embargo, se produjo un cambio de tendencia histórico. En un campo complicado como El Plantío, y ante un rival que peleaba por escalar en la clasificación, el Racing logró por fin cerrar su portería fuera de casa. Un año justo después de haber encajado su último “gol inevitable” como visitante, el equipo cántabro firmó un 0-2 impecable ante el Burgos CF, con tantos de Maguette y Asier Villalibre. Fue mucho más que una victoria: fue una liberación simbólica y un mensaje directo a sus competidores.
Un paso adelante en el camino hacia Primera
El partido ante el Burgos fue intenso, trabado y con cierto protagonismo arbitral que generó polémica en la grada. Pero, más allá del colegiado, la realidad fue que el Racing supo competir mejor, leyó con acierto los momentos del partido y aprovechó sus oportunidades con eficacia. Defensivamente, se mostró más sólido que nunca, ganando duelos clave, cerrando líneas de pase y evitando errores que tantas veces habían sido letales en otros desplazamientos.
Este encuentro puede suponer un punto de inflexión. Porque si el Racing logra mantener el nivel ofensivo que lo ha llevado a lo más alto de la tabla, y ahora también comienza a ajustar sus prestaciones defensivas, el salto de calidad será inmediato. Ya no será solo un equipo que marca mucho y genera peligro, sino también un bloque que sabe defender su ventaja, resistir en campo contrario y madurar partidos sin conceder.
Una mejora necesaria para alcanzar el objetivo
No es casualidad que este avance haya llegado en un momento en el que el equipo empieza a recuperar piezas clave, como Íñigo Vicente, y a consolidar alternativas como Sergio Martínez o Yeray. La plantilla es profunda, tiene variantes tácticas y empieza a mostrar signos de madurez competitiva.
La asignatura pendiente de la solidez defensiva —especialmente fuera de casa— parecía eternizarse, pero el triunfo en Burgos puede marcar el inicio de una nueva dinámica. Una en la que el Racing no solo juegue bien, no solo gane, sino también defienda con solvencia, algo indispensable si el objetivo real es el ascenso directo a Primera División.
Porque si algo ha dejado claro esta temporada es que los detalles defensivos deciden campeonatos. Y el Racing, por fin, empieza a corregir su talón de Aquiles.