Quedan cinco finales
El Racing de Santander logró este domingo en Los Campos de Sport de El Sardinero una de esas victorias que no lucen tanto en el escaparate, pero que son las que construyen ascensos. El conjunto verdiblanco se impuso al Deportivo de La Coruña por 2-1, en un partido que requería más cabeza que corazón y donde, sin grandes alardes ofensivos, supieron explotar sus virtudes competitivas y mostrar un plan pragmático que se convirtió en oro puro.
El plan: solidez y eficacia
La tarde arrancó pronto de cara para los cántabros: en un balón parado, Javi Castro, en estado de gracia en el área rival, anotaba el primer tanto del partido, no sin cierto suspense debido a una revisión del VAR. El gol tempranero marcó el guion del choque: el Racing, con el marcador a favor, apostó por la contención, la solidez y la minimización de riesgos.
Sabedores de que el Deportivo, pese a su posición en la tabla, es el segundo mejor visitante de LaLiga Hypermotion, el Racing no se complicó en la salida de balón, buscó los duelos en campo rival, y cerró muy bien espacios interiores para impedir que Mario Soriano, Yeremay o Barbero pudieran recibir con comodidad entre líneas.
Especialmente destacada fue la actuación de Clément Michelin, muy firme ante el desequilibrante Yeremay, quien apenas encontró espacios para brillar.
Control defensivo y salida rápida
El Racing mantuvo líneas muy juntas, defendiendo en bloque medio-bajo y renunciando a posesiones largas. Cada recuperación era una invitación a la verticalidad: Karrikaburu y Andrés Martín eran las primeras lanzas en busca de la contra, mientras que Maguette y Vencedor protegían las zonas sensibles.
La superioridad aérea también fue clave: Javi Castro y Álvaro Mantilla se mostraron imperiales en los duelos, controlando cada balón largo que lanzaba el Deportivo en busca de su referencia física.
La segunda parte trajo el premio al trabajo táctico: en una contra de manual, Unai Vencedor filtró un pase perfecto a Jon Karrikaburu, que definió con serenidad para poner el 2-0.
Un tramo final de sufrimiento
Cuando parecía que el partido estaba encarrilado, el Dépor recortó distancias. En ese momento llegaron los minutos de mayor sufrimiento: el Deportivo apretó con juego directo, forzó varios córners y centros laterales, pero el Racing supo resistir.
Marco Sangalli, Ekain Zenitagoia, Rober González y un combativo Saúl García entraron para apuntalar el equipo. Cada balón dividido fue una guerra, cada rechace, un suspiro. Y el Racing, aunque cedió terreno y posesión, no se rompió.
Un robo providencial de Andrés Martín, que provocó la expulsión de un jugador del Deportivo, alivió la presión en los instantes finales y permitió sellar tres puntos vitales en la carrera por el ascenso.
Cinco finales, una oportunidad única
El primer reto será este próximo domingo en Cartagena, ante un equipo ya descendido que dirige un viejo conocido de la afición verdiblanca, Guillermo Fernández Romo. Un partido trampa: por la teórica inferioridad del rival y porque el Racing no puede caer en el error de relajarse, pensando que será un trámite.
No hay partidos fáciles en este tramo final. Cada punto pesa como una losa, y cada pequeño error puede pagarse muy caro. Ganar en Cartagena es obligatorio, no solo para seguir sumando, sino para alimentar la confianza de cara a los duelos verdaderamente decisivos que vienen después:
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Racing vs Oviedo (otro equipo en plena lucha por el playoff)
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Almería vs Racing (en el Juegos Mediterráneos, siempre exigente)
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Eldense vs Racing (rival incómodo a domicilio)
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Racing vs Granada (posible duelo directo por el ascenso en la última jornada).
Cuatro de esos cinco partidos serán ante rivales que también se están jugando sus objetivos. No se puede regalar ni un segundo de concentración.
El mensaje es claro: ganar, con fútbol o sin fútbol
Lo dejó claro José Alberto después del triunfo ante el Deportivo: hay que ganar sea como sea. El equipo ha demostrado que puede jugar bien, que puede dominar partidos desde el balón y el talento, pero también que sabe sufrir, que sabe defenderse cuando toca, que puede cerrar filas y pelear cada metro si el partido lo exige.
Ese es el camino en estas últimas cinco jornadas. No importa el cómo, importa el qué. Tres puntos más cada fin de semana, aunque sean en partidos feos, trabados o sin brillo. Porque a estas alturas, lo único que cuenta es sumar y mantener la presión sobre Levante y Elche.
Intensidad máxima, cabeza fría
Uno de los grandes enemigos del Racing en el último año ha sido su fragilidad mental en los momentos críticos. La eliminación de la temporada pasada en Villarreal B todavía está fresca en la memoria. Ahora no puede volver a pasar. El equipo debe seguir jugando con esa rabia controlada que mostró ante el Deportivo:
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Defendiendo como un bloque compacto.
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Atacando con decisión cuando hay oportunidad.
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Sin precipitarse si el gol tarda en llegar.
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Sin venirse abajo si el rival aprieta o se adelanta.
El Racing debe creer en sí mismo. Está preparado. Tiene a Andrés Martín en estado de gracia, a Karrikaburu recuperando su instinto goleador, a Javi Castro creciendo partido a partido, a Maguette como sostén en el centro del campo y a un Sardinero que es una caldera cada jornada.
Ahora se trata de mantener ese hambre que les ha llevado hasta aquí. No conformarse, no pensar en el playoff, sino seguir soñando con el ascenso directo. Porque depende, en gran parte, de sí mismos: ganarlo todo podría meterles entre los dos primeros.
El ambiente es de ilusión... pero también de exigencia
El Sardinero ya ha colgado el cartel de 'No hay billetes' en 12 ocasiones esta temporada. La afición está entregada. La conexión entre grada y césped es total. Pero eso también aumenta la exigencia.
Se necesita un Racing sin fisuras, que no piense en los nervios, que no mire el calendario ni las cuentas. Un Racing que gane como sea, como ante el Deportivo, con un plan pragmático y maduro.
José Alberto y su plantilla lo tienen claro: el ascenso se construye desde la solidez, desde el trabajo diario y desde la ambición insaciable. No hay lugar para la autocomplacencia.
Cartagena es el primer paso. Luego vendrán finales más duras, pero no hay final más importante que la siguiente jornada. Porque cada victoria acerca el sueño. Porque cada error puede ser fatal.