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El Diario de Cantabria

MBOULA

Mboula y los peligros del narcisista

Por segundo partido consecutivo, Mboula hizo en Ponferrada gestos de desaprobación cuando fue sustituido | El compañero que entró por el marcó un gol similar a uno que había fallado él

Mboula ha sido titular en todos los partidos.
Mboula ha sido titular en todos los partidos.
Mboula y los peligros del narcisista

Jack Burton, el protagonista de ‘Golpe en la Pequeña China’, se creía el mejor, el héroe de la aventura. Sin embargo, era un inútil. Cuando uno ve la película de John Carpenter a una edad temprana cae en la trampa y queda prendado del personaje al que da vida un estupendo KurtRussell, pero si la ve pasados los años, cuando uno ya ha caído en la trampa de la madurez, se da cuenta de que, fundamentalmente, es un estorbo, un tremendo generador de problemas que sobrevive gracias a que sus aliados resuelven los problemas. Él se cree el mejor, el más valiente, el tipo duro, una pieza fundamental del grupo. Pocas dudas hay de que, si a mitad de la historia alguien hubiera levantado el cartelón con su número y se hubiera tenido que retirar para que otro personaje entrara en su lugar, se habría marchado como Mboula en los dos últimos encuentros: negando con la cabeza para mostrar su desacuerdo con la decisión de su entrenador.

El extremo catalán lo hizo en el partido contra el Tenerife y también el domingo en Ponferrada. José Alberto afirmó la semana pasada que ya lo había hablado con él y descartó que el jugador lo hiciera para que todo el mundo supiera que no estaba de acuerdo con el cambio, lo que supondría una tremenda falta de respeto al compañero que entra en su lugar o a los que ni tan siquiera tienen la oportunidad de jugar ni un solo minuto. El técnico asturiano, como suelen hacer todos los que trabajan en lo mismo que él, le excusó asegurando que el gesto respondía a la frustración del futbolista por no haber estado bien o por no haber ayudado al equipo como él quisiera. Cada uno es libre de creérselo. Incluso ha habido entrenadores que han afirmado que les parece una buena y natural reacción de todo futbolista dar, por ejemplo, un fuerte golpe a la tejavana del banquillo tras ser enviado al mismo. Todo sea por mantener la salud del vestuario.

Lo curioso es que Mboula, que con el Racing apenas ha destacado de verdad en un par de partidos a pesar de haber sido titular en todos, se crea con un estatus dentro del colectivo que le permite mostrar su disconformidad cuando el entrenador le saca del terreno de juego para que entre por él otro miembro del equipo. En el fondo, está ejerciendo de Jack Burton al creerse la estrella de la aventura cuando apenas ha sido protagonista. Hay escenas en las que recibe un fuerte golpe nada más comenzar la acción y despierta cuando la pelea ha terminado. No ha hecho nada pero da igual, él sigue actuando como si fuera Bruce Willis en ‘Jungla de Cristal’.

Cuando John Carpenter se decidió a rodar ‘Golpe en la Pequeña China’, se hizo evidente su intención de reírse de todos esos héroes de acción de los ochenta a los que daban vida Stallone, Van Damme o el propio Kurt Russell. Fabricó una caricatura, algo similar a lo que hizo Yeraycon el futbolista al que sustituyó el pasado domingo. Le dio la mano a pesar de que éste se marchó del campo haciendo gestos de negación con la cabeza, mostrándole a la cara y a la vista de todos que no entendía que el entrenador prefiriera darle una oportunidad a ese chaval con ficha del filial que apostar por mantenerle a él en el terreno de jugo. Qué mal envejecen algunas cosas.

Ese joven valor del Rayo Cantabria terminó siendo decisivo porque marcó el gol del empate, un gol que dio vida a su equipo porque estaba metido en un problema muy serio. Y lo curioso es que, para colmo, lo marcó en una acción similar a otra anterior que habí el propio Mboula y que éste había fallado. Ambos recibieron sendos caramelos de Mario García a los que sólo había que poner la cabeza de manera correcta, pero el catalán tiró el balón alto sin ni siquiera hacer trabajar al portero y el cántabro lo metió para dentro. Caprichos del destino. Un mal día para los héroes.

Son muchas las historias que nos han contado sobre personajes narcisistas que se creen mejores que los demás y que, al final, acaban cayendo en una frustración que resultará más o menos dolorosa conforme más o menos distancia haya entre el ‘yo ideal’ que ha fabricado y la posibilidad de convertir a éste en un personaje real de tu propia película. No es fácil venir cedido de un equipo de Primera División con el fin de, en teoría, dejar patente el cambio de categoría marcando diferencias a no conseguirlo y ser sustituido por un futbolista que hasta hace un puñado de semanas jugaban el filial. Y, para colmo, entra, marca gol y se convierte en el rey de la fiesta. No es sencillo digerirlo y ante una situación así puede haber diferentes tipos de reacciones.

BIEN O MAL. Una narcisista de manual fue la bruja de ‘Blancanieves’, que se creía la más guapa del reino hasta que el espejo le dice que no, que hay una joven mucho más bella. Y la envenena. También el protagonista de ‘American Psyco’ lo es. Se considera un ser superior, más inteligente, elegante y guapo que los demás. Huele mejor que nadie y la vida está hecha para él, pero la razón por la que busca la perfección física y personal es la de llenar su vacío interior, lo que le lleva a cometer tremendos crímenes sin remordimientos. El personaje al que da vida Cristian Bale es un hombre de negocios sin escrúpulos como lo es Michael Douglas en la primera de ‘Wall Street’, de Oliver Stone, o Leonardo Di Caprio en ‘El lobo de Wall Street’. Esta última nos cuenta la vida de un tipo que comienza desde abajo con el claro objetivo de ascender y acabar siendo el rey de la baraja. Y sabe que la mejor manera de conseguir semejante ascenso es siendo un bróker y funcionando en un mundo donde no caben los escrúpulos. Consigue lo que en otros contextos se conseguía entrando en alguna familia mafiosa. «Desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gángster», dice el personaje de Rai Liotta en ‘Uno de los nuestros’. Era la única manera de que te respetaran y de ser alguien en un barrio obrero norteamericano.

La reacción que se puede producir en un narcisista que descubre que lo es puede ser diferente. Porque uno de los síntomas de este tipo de personas es su dificultad para conciliar sus intereses y expectativas personales con los de los demás y con los del propio grupo al que pertenece. Y los hay que ven la luz y que cambian. No son pocas las películas bienintencionadas que lo cuentan yque hablan de la importancia de lo colectivo incluso para conseguir beneficios personales. De animación hay muchas: ‘Bichos’, ‘Toy Story’, ‘Chicken run’, ‘Hormiga Z’, ‘Los Increíbles’ o ‘Batman, la Legopelícula’ son sólo algunos ejemplos. ‘Apolo 13’ o ‘Pride’, en la que se cuenta cómo la, en teoría, improbable unión entre el colectivo minero y un grupo de gays y lesbianas puede hacerse imparable, son dos ejemplos de películas que incluso están basadas en hechos reales.

Mboula puede reaccionar como los primeros o como los segundos. Lo que le conviene saber es cómo terminó Narciso, un tipo tan enamorado de su propia imagen que cuando la vio reflejada en un estanque se queda absorto, tan incapaz de separarse de sí mismo, de ver nada más que a él, que se arroja a las aguas, donde muere ahogado. Estaría bien que cuando los futbolistas se enganchan al tópico para decir que están para ayudar, que lo importante es el equipo, que están a total disposición de lo que el entrenador dispense y que si toca jugar intentarán aportar en el terreno de juego y que si toca esperar lo harán desde el banquillo, fuera verdad. Aunque sea para no quedar en evidencia, para no convertirte en una caricatura como el personaje de KurtRussell en ‘Golpe en la Pequeña China’ o para no acabar como el de Ray Liotta en ‘Uno de los nuestros’, que termina en protección de testigos, o como el de Di Caprio en ‘El lobo de Wall Street’, que acaba en la cárcel.

 

Mboula y los peligros del narcisista
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