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El Diario de Cantabria

EL CAPITÁN

Íñigo, ya en casa tras el susto

El capitán sufrió una fuerte reacción alérgica en el descanso del lunes tras pasarse una toalla por el rostro que le envió directamente a Valdecilla, de donde salió ayer a mediodía

Íñigo sólo pudo disputar 45 minutos ante el Leganés porque en el descanso le llevaron a Valdecilla.
Íñigo sólo pudo disputar 45 minutos ante el Leganés porque en el descanso le llevaron a Valdecilla.
Íñigo, ya en casa tras el susto

 

El segundo tiempo del partido del pasado lunes por la noche comenzó unos minutos más tarde de lo previsto. Primero aparecieron en el terreno de juego los futbolistas del Leganés y, poco a poco, fueron haciendo lo propio los del Racing. Como siempre, fueron saliendo de uno en uno o de dos en dos, en silencio, intercambiando impresiones o haciéndose alguna última corrección entre ellos antes de que se reanudara la contienda. No lo hicieron todos. Faltaba alguien. El árbitro realizó el habitual conteo y sólo habían salido del túnel de vestuarios diez jugadores locales. Estaban todos menos Íñigo. Algo había sucedido. Era obvio porque en el banquillo del conjunto cántabro había movimiento, ya que se iba a producir una sustitución inesperada. El capitán no iba a completar el encuentro, no iba a seguir jugando. En ese momento, le estaban subiendo a una ambulancia camino de Valdecilla. 

Sus compañeros apenas se enteraron de nada. Íñigo había disputado la primera mitad del encuentro con aparente normalidad, mostrando un nivel similar al que acostumbra y llegando incluso más al área de lo que en él es costumbre aprovechando que Aldasoro le cubría bien las espaldas. Un remate suyo fue, de hecho, el que provocó el córner que culminaría con el primer gol del Racing. El encuentro alcanzó el ecuador y todos los jugadores se encaminaron con normalidad al túnel de vestuarios. Los del conjunto cántabro lo hicieron con la sensación de haberse librado por poco, dando las gracias a Miquel Parera por una milagrosa intervención ya en el descuento que, en condiciones normales, podría haber significado el empate. Todo, en definitiva, transcurría con normalidad. Al capitán verdiblanco no le dolía nada, no había hecho ningún mal gesto ni había recibido una dura entrada. Todo estaba en orden. 

El descanso también transcurrió con la rutina habitual. Íñigo se sentó en su sitio, pegó un par de gritos, fue al baño, se hidrató y tomó aire. José Alberto no tenía previsto realizar ningún cambio porque había visto muy bien a su equipo. Le había gustado lo que había visto. Llegó la hora de volver al campo, el capitán verdiblanco se echó agua por la cara, cogió una toalla y se la restregó por la cara para secársela. Ahí fue cuando se precipitó todo. El medio centro verdiblanco, de pronto, comenzó a ponerse rojo y a sentirse fuertemente perjudicado. Sus compañeros intuyeron que algo estaba sucediendo pero volvieron al terreno de juego co 

Íñigo, ya en casa tras el susto
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