racing de santander

Errores puntuales y golaverage: la mochila invisible que frena al Racing

Los jugadores del Racing celebran un gol en El Sardinero. / RRC
El Racing necesita convertir su estadio en punto de inflexión, reencontrarse con la victoria y empezar a soltar el lastre acumulado de oportunidades perdidas

La derrota en Valencia dejó más que un mal sabor de boca. El Racing cayó por 3-1 ante el Levante en un duelo clave por el ascenso directo, y más allá de los tres puntos, se fue del Ciutat de Valencia con una pérdida intangible pero importante: el golaveraje particular. Esa diferencia invisible que a final de temporada puede resultar decisiva en caso de empate a puntos.

Y lo más preocupante: no es el único enfrentamiento directo perdido. A estas alturas de la competición, el Racing ya no tiene margen de error en sus duelos con Elche, Mirandés ni Levante, tres rivales que compiten por lo mismo: volver o llegar a Primera División. Los de José Alberto ganaron 1-0 al Levante en El Sardinero, pero el 3-1 de este domingo le da ventaja a los granotas. Contra el Elche, el equipo cántabro perdió 3-0 en el Martínez Valero y solo pudo ganar 2-0 en casa. Y con el Mirandés, el balance es aún peor: dos derrotas, una en casa (0-1) y otra en Anduva (2-1).

En un campeonato como LaLiga Hypermotion, tan ajustado y repleto de alternativas, estos pequeños márgenes pueden decidir todo. Y eso es lo que más duele de jornadas como la del domingo: el Racing no fue inferior en juego, pero sí en áreas. Le faltó acierto y le sobró desconexión. En el minuto 94, Javi Castro marcaba el 2-1 que acercaba la esperanza. Apenas tres minutos después, Álex Forés liquidaba el duelo y con él el balance particular. En apenas un pestañeo, se esfumó una oportunidad de oro.

Pero incluso en la decepción, la jornada no fue completamente negativa. El Mirandés cayó ante el Zaragoza, el Huesca perdió en Burgos y el Oviedo empató en Ipurua. Solo el Levante ganó —a la espera del Elche-Racing de Ferrol—, lo que mantiene todo abierto y al Racing todavía en puestos de ascenso directo con 59 puntos, igualado con los propios granotas. Por detrás, el Granada marca el corte del playoff con 53. Seis puntos de colchón, que pueden parecer muchos... o muy pocos, según el próximo resultado.

Porque si algo ha dejado claro esta liga es que nada está resuelto hasta el final. A ocho jornadas del desenlace, el Racing se mantiene en la pomada, pero arrastra una mochila que se ha ido llenando de puntos perdidos en partidos que parecían ganados, o al menos controlados. Como aquel 1-2 ante el Cartagena en casa, cuando una victoria lo habría puesto líder en solitario. O el 2-2 contra el Eldense, tras ir ganando por dos goles hasta el minuto 85. O el 2-1 en Burgos, con expulsión de Íñigo Vicente incluida. O el día del Cádiz, cuando a la hora de partido ya perdía 0-3 y luego intentó reaccionar tarde (2-3). Y el empate de Ipurua (2-2), donde se remontó dos veces pero se regaló demasiado atrás.

Esos puntos, ese patrón de errores defensivos puntuales pero recurrentes, y esa pérdida del ‘otro fútbol’ que sí manejan otros rivales, pueden ser el mayor obstáculo para un equipo que, por talento, debería estar más arriba. La sensación es clara: el Racing compite bien... pero no siempre gana. Y eso, en una liga sin margen, cuesta carísimo.

Ahora, con el calendario ya entrando en la zona roja, toca levantarse rápido. El próximo domingo llega el Castellón a El Sardinero, y no vale otra cosa que no sea ganar. Porque además de recuperar confianza, se trata de no seguir perdiendo ventaja numérica ni moral. El Sardinero ha sido un fortín esta temporada, con seis llenos, récords de asistencia y una afición que empuja como el jugador número 12. Es hora de que esa unión vuelva a traducirse en puntos.

El Racing aún depende de sí mismo. Pero también depende de no seguir regalando lo que ya no puede recuperar. Si quiere ascender, tiene que vaciar la mochila. Porque la carrera por Primera no se corre solo con fútbol: se corre con madurez, con eficacia, con sangre fría... y con memoria. Y el Racing sabe bien que, cuando la temporada eche el telón, más de uno mirará hacia atrás. Y hará cuentas. Las cuentas de los puntos que se fueron. De los goles que se encajaron por errores evitables. De los partidos que se escaparon cuando se rozaban con los dedos.

Y eso es lo que ahora mismo debe evitar a toda costa. Ganar al Castellón no es solo sumar tres puntos. Es empezar a soltar lastre. Y volver a mirar hacia arriba, pero esta vez, con la seguridad de que se han aprendido las lecciones del camino.