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La cabeza falla, las piernas dudan: el vértigo del ascenso asfixia al Racing

Javi Castro, agachado, lamenta el empate ante el Castellón, al igual que Mario y Sangalli. / RRC

A estas alturas de la temporada, solo sirven los puntos. Y al Racing, tras el empate con el Castellón, se le acaban las jornadas, el margen y —lo más peligroso— la confianza

Empates como el del domingo frente al Castellón pueden parecer inofensivos a simple vista, pero en este momento de la temporada, cada punto perdido es una losa. No fue un mal Racing, ni mucho menos. Se adelantó pronto, tuvo oportunidades claras para sentenciar y resistió el empuje de un rival valiente. Pero también dejó dudas. De nuevo. Y con solo siete jornadas por delante, los números empiezan a decir lo que nadie quiere oír: así, no llega.

La clasificación ya no se mira con ilusión, sino con preocupación. El Racing suma 60 puntos tras 35 jornadas. Por delante, el Elche marca el ritmo con 66, que serán 67 en caso de empate final, ya que el equipo ilicitano tiene el golaveraje particular ganado: 3-0 en el Martínez Valero y 2-0 para los cántabros en casa, insuficiente para equilibrar la balanza.

Segundo está el Levante con 63 puntos, 64 reales, también con el golaveraje a favor tras imponerse 3-1 hace una semana. El 1-0 en El Sardinero no compensa. Y ahí está el gran problema: ni la distancia es corta, ni los empates valdrán. Para ascender directamente hay que superarles en puntos. No empatar. Superar. Y eso exige, como poco, ganar cinco o seis de los siete partidos que restan. Un reto titánico viendo la irregularidad del equipo en las últimas semanas.

La única buena noticia del fin de semana llegó desde Miranda de Ebro, donde el Mirandés empató y se quedó en 59 puntos. Uno menos que el Racing. Pero el margen ya es mínimo, porque por detrás el Oviedo (58), el Almería (56) y el Granada (55) no bajan el ritmo y amenazan con arrebatar incluso el puesto de playoff si el Racing no reacciona pronto.

Y lo más preocupante no está en la tabla. Está en la mente.

José Alberto ha sido claro esta semana: "No es un tema físico. El problema lo tenemos en la cabeza. Las piernas van, pero las decisiones no llegan, o llegan tarde. Y ahí es donde se nos está escapando todo." Una reflexión honesta que pone el foco donde verdaderamente está la grieta: en la fragilidad emocional de un equipo al que le está pesando el vértigo del objetivo.

Porque en el campo, se nota. Jugadores que antes pedían la pelota con naturalidad ahora dudan. Temen fallar. Se esconden por miedo a lo que pueda pasar, y a lo que pueda escucharse después desde la grada. El runrún de El Sardinero, que en días de inspiración es gasolina, se convierte en plomo cuando las cosas no salen. Una grada que también siente el miedo, porque ve a su equipo titubeando justo en el tramo más decisivo.

Esa conexión emocional entre campo y afición se ha llenado de ansiedad. El jugador que no arriesga porque teme el error. El aficionado que contiene el aliento, más por temor a una pérdida que por esperanza en una genialidad. Esa tensión se contagia. Y mientras no se rompa, el Racing seguirá jugándose los puntos sin la alegría de quien cree en sí mismo, y sin la confianza de quien se sabe capaz.

Y sí, aún quedan siete partidos. Veintiún puntos. Siete domingos para cambiar la historia. Pero el tiempo se agota. Y lo que hace unas semanas parecía un ascenso más que probable, hoy se vislumbra como un objetivo que se escapa entre los dedos si no se recupera ya esa versión sólida, valiente y eficaz que llevó al Racing a ser líder.

Los rivales no esperan. Elche y Levante no parecen dispuestos a fallar más. El Mirandés tiene hambre y menos presión. Y por detrás vienen equipos con plantillas profundas, buenos momentos de forma y sin nada que perder. No hay margen para más tropiezos. No basta con jugar bien por tramos. Ni con empatar partidos que se merecieron ganar. La única solución es volver a ganar. Y hacerlo ya.

El Racing necesita resetear. Recuperar la mentalidad ganadora. El bloque que defendía con el cuchillo entre los dientes y golpeaba con precisión quirúrgica. Porque si no cambian las dinámicas, lo que hoy es un tercer puesto esperanzador puede convertirse en un sexto agónico. O incluso en una séptima plaza cruel.

Lo dijo José Alberto: "Hay que disfrutar del camino, sin presiones añadidas, sin pensar en lo que hay que ganar o lo que se puede perder." El problema es que, cuando los resultados no acompañan, el camino se hace muy largo. Y muy cuesta arriba.