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Un PSOE que finge dar poca importancia a los mensajes: ética cero, arrogancia máxima

La portavoz del PSOE, Esther Peña, durante una comparecencia en la sede del partido, mientras evita responder sobre los mensajes filtrados entre Sánchez y Ábalos. | Foto: “PSOE”

Ni los mensajes filtrados de Pedro Sánchez, ni la red de corrupción que rodea a Ábalos, ni la indignación social logran que alguien en el PSOE asuma responsabilidades. Un partido sin vergüenza ni ética que actúa como si el poder fuera suyo por derecho hereditario. Mientras tanto, la corrupción en el PSOE sigue creciendo… y nadie dimite. 

El PSOE ha reaccionado a la filtración de los mensajes entre Pedro Sánchez y Ábalos con una mezcla de burla y victimismo. La portavoz Esther Peña dijo en rueda de prensa que los mensajes son «menos interesantes que su grupo de primos».

La frase resume la arrogancia institucional de un partido que ya no responde ante nadie. Que considera el poder como una propiedad privada. Que cree que los cargos no son un mandato temporal, sino un derecho adquirido.

Mensajes privados que confirman una complicidad política

«He echado de menos muchas veces trabajar contigo. También tu amistad», escribió Sánchez a Ábalos, ya caído en desgracia y cercado por el caso Koldo.

No se trata de mensajes personales. Se trata de una relación política intacta entre el presidente del Gobierno y uno de los nombres más vinculados a la corrupción en el PSOE. Ábalos fue repescado para las listas electorales, usado como asesor, y protegido mientras los contratos irregulares se acumulaban.

Silencio, cinismo y criminalización del periodismo

Lejos de ofrecer explicaciones, el PSOE ha iniciado una campaña de victimismo. María Jesús Montero y otros ministros han acusado a los medios de comunicación de “filtraciones ilegales” y han exigido investigar el origen de las publicaciones.

Pero la pregunta clave sigue sin respuesta: ¿por qué Sánchez seguía confiando en Ábalos? ¿Por qué le consultaba estrategia electoral? ¿Por qué lo protegía en vez de cesarlo?

Corrupción sin castigo, poder sin vergüenza

Lo que estamos viendo no es una crisis puntual. Es un síntoma de un modelo de poder. El PSOE no acepta límites. No respeta a los votantes. No siente la obligación de rendir cuentas. Se blinda con retórica y se aferra a los escaños como si fueran suyos.

Mientras tanto, España asiste a un desfile de escándalos: el clientelismo en ENUSA, el silencio ante las redes de contratos COVID, la manipulación de instituciones clave, y ahora los WhatsApps que sellan una amistad de poder y silencio.

¿Cuánto más aguantará el PSOE sin rendir cuentas?

Ni la presión social, ni la evidencia documental, ni el desprestigio exterior han sido suficientes. El PSOE se comporta como una maquinaria cerrada, sin capacidad de autocrítica ni sentido de la decencia.

Los ciudadanos exigen respuestas. No frases vacías. No eslóganes de campaña. Quieren dimisiones, explicaciones, responsabilidades. Pero parece que en el PSOE solo sueltan el sillón cuando los mete en la cárcel un juez.